La alegría de creer

AUTOR: Madeleine Delbrel

TÍTULO: La alegría de creer

EDITORIAL: Sal Terrae

FECHA DE EDICIÓN: 1977

LUGAR: Santander (España)

FORMATO: 239,9 x 176,6 mm 248 pp.


Madeleine Delbrêl, mística cristiana francesa, asistente social, ensayista y poetisa, nació el 24 de octubre de 1904 en Mussidan en Dordogne en el seno de una familia indiferente a la religión. Se convierte al cristianismo a la edad de 20 años.

Trabajó como asistente social en la barriada obrera del extrarradio parisino Ivry-sur-Seine, que tenía autoridades municipales comunistas. Se enfrentó tanto con el ateísmo marxista, como con las precarias condiciones de vida de la clase trabajadora francesa. A lo largo de su vida, nunca dejó de anunciar, y vivir, el Evangelio, la mayoría de las veces a contracorriente.

Sus escritos manifiestan una intensa vida de fe y oración. Es considerada por muchos como una de las santas cristianas más emblemáticas del siglo XX. Murió el 13 de octubre de 1964. Está introducida en Roma su causa de beatificación.

La alegría de creer reúne sobre todo meditaciones sobre los caminos del amor a través de la soledad, el sufrimiento, la sencillez, la oración y la fidelidad al Evangelio y a la Iglesia. La originalidad de Madeleine Delbrel consiste en haber repetido, con dulce insistencia, que los hijos de Dios están, hoy como siempre, llamados a salvar al mundo con su compromiso eficaz en nombre de Jesucristo. Estas páginas, escritas entre 1935 y 1964, reflejan una vida que supo conjugar fidelidad y creatividad, realismo sobre la vida y sobre la historia y adhesión al Evangelio.

Dedica la autora un magnífico segundo capítulo a Carlos de Foucauld presentando su vida en acertada síntesis precedida por las palabras que citamos: “Quien no toma en sus manos el librito del Evangelio con la resolución de un hombre con una sola esperanza no puede ni descifrarlo ni recibir su mensaje” (Nous autres, gens des rues, p. 79).

MARÍA DEL CARMEN PICÓN.

Publicado en el Boletín Iesus Caritas 181

Cruz gloriosa


ANTONIO RODRÍGUEZ CARMONA

Meditación para el Viernes Santo
 

Primera lectura: Isaías 52,13-53.12
Salmo responsorial: Salmo 30
Segunda lectura: Hebreos 4,14-16; 5,7-9
Evangelio: Jn 18,-1-19,42
 


Las lecturas de esta celebración están centradas en la pasión de Jesús: la primera es el cuarto poema del Siervo de Yahvé, el más desarrollado, donde se le presenta como cordero inocente, representante de la humanidad, en cuyo favor sufre y muere. La carta a los Hebreos ofrece un comentario profundo de la muerte de Jesús y de sus consecuencias: muere anhelando la plenitud de la vida y la consigue para él y para nosotros. Ahora el Señor resucitado nos comprende, pues, aunque no puede sufrir, tiene la experiencia de lo que es una existencia humana amando y sirviendo a los demás.
 

Finalmente la pasión según san Juan es el relato más sublimado de la pasión de Jesús, en el que la presenta como el camino regio de un rey hacia su trono. Jesús aparece consciente, libre y dueño de su destino y de los acontecimientos: cuando lo van a detener se revela como Yo soy (nombre divino), da permiso para que lo detengan y ordena que dejen en libertad a sus discípulos. En la escena ante Anás se comporta con plena dignidad y libertad.
 

En el diálogo con Pilatos no se sabe quién es el juez y quién el reo, pues Jesús está en el centro de la escena junto a Pilato. Estos diálogos culminan en dos grandes revelaciones: he aquí el hombre, es decir, hasta donde es capaz de llegar el Hijo de Dios encarnado por amor a los hombres, y he aquí vuestro rey, es decir, Jesús es verdaderamente rey pero en su total entrega y humillación. En la cruz Jesús aparece con su título de rey de los judíos en todas las lenguas conocidas, presentándose así a todo el mundo; hasta el último momento vive cuidadoso de cumplir la voluntad del Padre hasta en los últimos detalles. Y finalmente, a la hora de morir, lo hace libremente: San Juan lo subraya escribiendo e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

La Eucaristía, memorial de Jesús


ANTONIO RODRÍGUEZ CARMONA

Meditación para el Jueves Santo
Primera lectura: Éxodo 12,1-8.11-14
Salmo responsorial: Salmo 115
Segunda lectura: 1 Corintios 11,23-26
Evangelio: Juan 13,1-5

La celebración vespertina del Jueves Santo recuerda la institución de la Eucaristía e invita a valorar y a vivir las implicaciones de su celebración, que ordenó Jesús como su memorial.
 
El memorial es una creación del AT que sólo es posible por el poder de Dios: se trata de recordar un acontecimiento del pasado y, a la vez, hacerlo presente para aprovecharse de sus virtualidades. De esta forma todas las generaciones pueden participar de las grandes intervenciones de Dios en la historia en favor de su pueblo. En concreto, en la celebración de la Pascua, se actualiza a favor de cada generación la acción liberadora de Dios, que liberó al pueblo de la esclavitud y le concedió la libertad. Es una de las fiestas principales del pueblo judío, que celebra cada año en contexto de liberación y solidaridad. La recuerda la primera lectura, que en este contexto tiene carácter de anuncio de otra liberación mayor que concederá Dios a su pueblo.

La segunda lectura presenta la Eucaristía como cumplimiento de lo que aquella Pascua recordaba y como auténtico memorial, es el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, verdadera Pascua, en que la humanidad, unida a Jesús, pasa de este mundo al Padre, de la esclavitud a la libertad, consiguiendo en plenitud la solidaridad y liberación que significaba.

El evangelio completa esta presentación. La Eucaristía es signo sacramental eficaz de todo el ministerio de Jesús, especialmente de su muerte y resurrección: Víspera de la Pascua. 

Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta la plenitud. Todo el ministerio de Jesús es expresión de su amor, pero su muerte es expresión de que amó todo lo que pudo amar. Es importante notar que, a continuación, Juan no narra la institución de la Eucaristía, como cabría esperar, solo el lavatorio de los pies, seguido del mandato de que lo hagamos también nosotros. Es que para Juan lavatorio es símbolo de la Eucaristía y el mandato de lavarnos equivale a haced esto como mi memorial.

Esto ofrece la clave para comprender lo que es celebrar el memorial: no sólo celebrar un rito como el que realizó Jesús, sino además hacerlo con las mismas disposiciones de Jesús: amor, solidaridad, compromiso por la libertad del hombre. Esto es una invitación a valorar lo que significa la Eucaristía y a examinar cómo la celebramos y compartimos: Si Jesús se consagró a hacer la voluntad del Padre por amor, celebrar el memorial es consagrarse a hacer la voluntad del Padre por amor; si Jesús ama a sus hermanos, se siente solidario con ellos y da su vida por su liberación, celebrar el memorial es un serio compromiso de trabajar por la liberación de las esclavitudes que padece la humanidad; si Jesús da su vida para reunir todos los hombres en un solo cuerpo, celebrar el memorial es trabajar por la unidad de la Iglesia y la humanidad... La Eucaristía emplea como materia pan y vino, dos alimentos sustanciales del hombre, significando así que está llamada ser alimento. Pero sólo alimenta si se digiere personalmente lo que significa el memorial de Jesús. Se puede comer mucho sin que alimente.

En esta misma línea está la adoración a la Eucaristía, que es prolongación de la celebración del memorial. En ella se nos invita a unirnos con calma a Jesús y compartir sus sentimientos de adoración y acción de gracias al Padre y su intercesión y compromiso a favor de la humanidad. La Iglesia invita de manera especial a adorar la Eucaristía hoy como una ocasión para agradecer el memorial y profundizar en lo que significa.

Hoy también recuerda la Iglesia el sacerdocio ministerial, instituido por Jesús al servicio de la Eucaristía, que es su tarea fundamental, pues toda su actividad se reduce a anunciar la palabra de Dios al pueblo para que se una al sacrificio existencial de Cristo, celebrar el memorial del sacrificio, uniéndose a él junto con el pueblo, y ayudar a éste en la vivencia diaria de este sacrificio.

Alegría que resucita



Texto citado en el Boletín Iesus Caritas 181




PAUL CLAUDEL,
El Padre Humillado, Ed. Gallimard,1920.






«¡Hacedles comprender que no tienen
otro deber en el mundo fuera de la alegría!

La alegría que nosotros conocemos,
la alegría que hemos sido encargados de darles,
hacedles comprender que no se trata de una palabra vaga,
un insípido lugar común de sacristía.

¡Sino una horrible, una soberbia,
una absurda, una punzante realidad!,
y que a su lado todo lo demás es nada.

¡Algo de humilde y de material y de punzante,
como el pan que se desea,
como el vino que ellos encuentran tan bueno,
como el agua que hace morir si no os dan de ella,
como el fuego que quema,
como la voz que resucita los muertos!»

La Alegría


JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Así comienza la exhortación “Evangelii gaudium”, es decir, “La alegría del Evangelio”.

Este documento ha sido firmado por el Papa Francisco el día 24 de noviembre, en el que se clausuraba el Año de la Fe. Bien sabemos que, aun conociendo la tristeza que embargaba a sus discípulos en la hora de la despedida, les prometía Jesús una alegría que nadie les podría arrebatar (Jn 16, 22). Y san Pablo entiende la alegría como fruto del Espíritu, justo después del amor (Gál 5, 22). 

Sin embargo, a Nietzsche los cristianos le parecíamos sepultureros. Seguramente no siempre hemos visto la alegría como un don de Dios y como una virtud que hay que cultivar. Sería una ingratitud hacia Dios despreciar las sanas alegrías que Él ha puesto en los corazones humanos. Nada humano nos es ajeno, como decía el poeta romano Terencio.

Como evocando el verso de aquel esclavo, el Concilio Vaticano II afirma que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS 1).

En una hermosa exhortación a la esperanza, a los diez años de la clausura del Concilio, escribía el Papa Pablo VI: “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil generar alegría. Porque la alegría tiene otro origen. Es espiritual. A veces no faltan el dinero, la comodidad, la higiene y la seguridad material; pero el tedio, la aflicción y la tristeza forman parte, por desgracia, de la vida de muchos”.

De forma semejante, el Papa Francisco escribe ahora que “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.

En vísperas de la Navidad del año 2008, Benedicto XVI nos decía que “ante el belén, podremos gustar la alegría cristiana, contemplando en Jesús recién nacido el rostro de Dios que por amor se acercó a nosotros”.

Así pues, no podemos confundir la alegría con las satisfacciones inmediatas. Tampoco podemos encerrarnos en el regusto de una pretendida alegría individualista que ignore el sufrimiento de nuestros hermanos. Hemos de vivir con la alegría que el ángel anunciaba a los pastores que pasaban la noche al raso en los campos de Belén.

El anuncio es la clave. Porque “la alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera”. Ese es el camino que nos señala el Papa Francisco: transmitir con alegría la Buena noticia que hemos recibido.

La Alegría que canta

Diario de un convertido, Alba (CN), Ed. Paoline, 1957.


«Estoy sentado en mi pieza al lado de la lámpara, con la ventana abierta, mientras cae la tarde.

La tierra se sumerge en el silencio. Un viento suave hace sonar las ramas de los árboles. Un pájaro canta tímidamente, el cual no enturbia el silencio que crece más y más.

Pero en mí hay mucho ruido... Es la alegría que canta. Antes mi ser estaba despedazado por la inquietud y la desesperación. Me lanzaba en todas direcciones; en la noche buscaba la vida, quería liberarme de mis angustias, pero era impotente. De repente, ¡oh milagro!, la brillante luz apareció. 

Entonces caí en tierra. ¡Oh belleza, oh Omnipotencia! Oh Jesús, te pertenezco para siempre, para siempre, para siempre. “Deus meus et omnia”».

La perfecta alegría

Las Florecillas de san Francisco, escrito de un autor desconocido en dialecto toscano, fueron escritas en la segunda mitad del siglo XVI. El maravilloso relato de Las Florecillas nos hace vislumbrar el secreto para vivir en perfecta alegría.

El Boletín Iesus Caritas 181 publica un extracto de "San Francisco de Asís. Escritos. Biografías":

El gozo de poseer a Dios

San Agustín
Confesiones, BAC Minor, 2013, cap. 26-27.

“En todas partes estáis, Verdad eterna, presidiendo a todos los que os consultan y se aconsejan de Vos, y a todos les respondéis aunque os pregunten cosas muy diferentes. Bien claramente les respondéis a todos, pero no todos oyen vuestras respuestas claramente. El mejor siervo es aquel que no atiende tanto a oír de Vos lo que él desea y quiere, como a querer y ejecutar lo que de Vos oyere.

Tarde os amé; Dios mío, hermosura tan antigua y tan nueva; tarde os amé. Vos estabais dentro de mi alma, y yo distraído fuera, y allí mismo os buscaba; y perdiendo la hermosura de mi alma, me  dejaba llevar de estas hermosas creaturas exteriores que Vos habéis creado. De lo que infiero que Vos estabais conmigo y yo no estaba con Vos… Pero Vos me llamasteis y disteis tales voces a mi alma, que cedió a vuestras voces mi sordera. Brilló tanto vuestra luz, fue tan grande vuestro resplandor, que ahuyentó mi ceguedad. Me disteis a gustar vuestra dulzura, y ha excitado en mi alma un hambre y sed muy viva. En fin, Señor, me tocasteis y me encendí en deseos de abrazaros”.

Citación publicada en el Boletín Iesus Caritas 181

No podemos vivir sin alegría




René Voillaume

Las alegrías humanas más puras nos vendrán de la amistad, y nosotros no podemos vivir sin alegría. De igual manera que la amistad sobrenatural no podría concebirse sin la forma de una amistad humana muy sencilla, de igual modo creo que debemos aprender de nuevo a percibir las alegrías más sencillas. Hay placeres y hay alegría. Se puede renunciar a los placeres, pero no se tiene derecho a renunciar a la salud moral que da la alegría. Renunciar a
ciertas satisfacciones humanas no debe entrañar la renunciación a la alegría.
Jesús es para nosotros la fuente única de las alegrías supremas: alegría de poseer la verdad, alegría de ser «admitido» a entrar en los secretos de Dios, alegría de la fecundidad inmediata de la cruz, alegría de la eficacia de la oración, alegría de la esperanza y de la expectación, alegría de saber con certeza que Aquel al que nosotros amamos por encima de todo es definitivamente dichoso. Todas las alegrías están enraizadas en la fe y en la esperanza, pero ellas se encuentran también, como nuestra fe, esperando su plena realización.

Pero hay otras alegrías, más inmediatas, alegrías sencillas, humanas, que son como el brillo de la salud del corazón y del alma. Estas alegrías humanas vuelven a encontrar, en efecto, como un brillo nuevo muy puro, cuando nuestro corazón, por el desasimiento, se encuentra sólidamente anclado por la esperanza en la única gran alegría de poseer a Dios. Nosotros no podemos vivir nuestra vida de hombres sin alegrías humanas. La tristeza aceptada, acogida, es siempre, al menos, una imperfección, es un relajamiento de las fuerzas de la generosidad y del amor y mata la esperanza.

Leer el texto completo:

La alegría como testimonio

ÁNGEL MATTEI
Revista Iesus Cáritas, Año VI. nn. 17-18.
Enero-Julio 1964, 109-117

 
“Venid, gritemos de alegría por el Señor, aclamemos a la roca que nos salva…” (Sal. 95)
“Marchad a sus pórticos dando gracias. Entrad en sus atrios con himnos, dadle gracias y bendecid su nombre” (Sal. 100).

Esta alegría que fluye en el corazón del convertido, esta alegría que irradiaba de la primitiva comunidad cristiana, ¿cómo es que no estalla en el cristiano, en la Iglesia? «Nadie es tan dichoso como un verdadero cristiano», escribía Pascal. ¿Cómo es que a los ojos del mundo, particularmente de nuestro mundo, esta alegría recibida no es irradiada? ¿Por qué el testimonio cristiano no es, en primer lugar, testimonio de alegría? ¿Será acaso porque el exceso de obstáculos en nosotros, el exceso de escorias, contienen o turban la ola de la alegría? ¿Será porque el exceso de nieblas velan los ojos de aquellos que, desde las orillas solamente, intentan contemplarla?

Leer más:

Evangelizadores con espíritu: escuela de alegría

Extractó: LEONARDO TERRAZAS RONCAL,
Responsable Fraternidad Sacerdotal española

El Papa Francisco nos ha regalado recientemente la exhortación apostólica “la alegría del Evangelio”. Ofrezco para nuestra reflexión y oración una síntesis del cap. V que lleva por título “Evangelizadores con Espíritu”.

“Cuando se dice que algo tiene espíritu, esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria. Una evangelización con espíritu es muy diferente de un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos. ¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu” (n.261).

“Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos o praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón. Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga” (n. 262).

“En todos los momentos de la historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Pero aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades de su época” (263).

“El Papa Francisco propone algunas motivaciones que nos ayuden a imitar hoy a los santos” (Cf. n. 263).

Leer más:

La Conciliariedad en la Iglesia: gozos y esperanzas, tristezas y angustias

Montse Escribano

Las celebraciones nos permiten recordar al menos dos cosas. Por un lado, la importancia que tuvo un determinado acontecimiento y por otra, valorar también aquello que acaeció viendo los efectos que provocó hasta nuestros días. Éstas son algunas de las posibilidades que nos ofrece hoy el aniversario del Concilio Ecuménico Vaticano II.
 
Todo comenzó porque hubo un papa, que tras ser elegido, no esperó mucho tiempo y en tan solo tres meses anunció, en un sencillo discursetto frente a los cardenales de la iglesia, que iba a inaugurar un Concilio. La sorpresa fue mayúscula. Su nombre era Angelo Guiseppe Roncalli y desde su nombramiento decidió soñar otra realidad para la Iglesia. Era un hombre confiado y que miraba con respeto la vida. Desde sus ventanas pontificias podía observar la ciudad de Roma. Un día, según dicen, le llamaron la atención las personas que iban de arriba abajo, pensó en sus alegrías y esperanzas, y en la necesidad que aquellos hombres y mujeres tenían de escuchar palabras luminosas. Entonces sintió una profunda compasión por todos ellos. Esto le hizo entender la urgencia por los cambios y decidió, aquella tarde, dejar las ventanas abiertas no sólo para que entrara el ponentino, que de vez en cuando acariciaba la ciudad, si no para que lo hiciera el viento arrasador del Espíritu Santo que renueva todo cuanto existe.

Aquel papa Juan XXIII habló de luz, de reformas, de misericordia, de diálogo y recordó que la Iglesia entera había de volver su mirada hacia Jesús de Nazaret para renovar sus energías, orientar su existencia y así ser buena noticia para el mundo entero. Su intención era clara: quería un concilio pastoral y ecuménico. Para poder hacerlo realidad fueron invitados todos los cardenales,
patriarcas, arzobispos, alrededor de 2.450 obispos, superiores mayores de las congregaciones religiosas masculinas más numerosas, algunos teólogos que actuaron de peritos y por primera vez en la historia, representantes de otras confesiones religiosas e iglesias cristianas, a los que ahora ya no se miraba como condenados, sino como hermanos. Poco a poco, este acontecimiento eclesial fue madurando, desplegándose y haciéndose realidad. El teólogo dominico Yves Congar señaló que: “En unas cuantas semanas, Juan XXIII y después el Concilio crearon un nuevo clima eclesial. La principal apertura había venido de arriba. De pronto, las fuerzas renovadoras, que apenas podían manifestarse abiertamente, podían desarrollarse libremente”. Durante esos años, la iglesia católica se convirtió, por vez primera, en foco de noticias que hablaban de cambios, novedades, incertidumbres y posibilidades, no solo para los y las católicas sino para el mundo entero.

Leer el artículo completo:

La Alegria Cristiana

Publicado en el Boletin Iesus Caritas 181

“La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tienen otro origen. Es espiritual. El dinero, el confort, la higiene, la seguridad material no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza forman parte, por desgracia, de la vida de muchos. Esto llega a veces hasta la angustia y la desesperación que ni la aparente despreocupación ni el frenesí del gozo presente o los paraísos artificiales logran evitar. ¿Será que nos sentimos impotentes para dominar el progreso industrial y planificar la sociedad de una manera humana? ¿Será que el porvenir aparece demasiado incierto y la vida humana demasiado amenazada? ¿O no se trata más bien de soledad, de sed de amor y de compañía no satisfecha, de un vacío mal definido? Por el contrario, en muchas regiones, y a veces bien cerca de nosotros, el cúmulo de sufrimientos físicos y morales se hace oprimente: ¡tantos hambrientos, tantas víctimas de combates estériles, tantos desplazados! Estas miserias no son quizá más graves que las del pasado, pero toman una dimensión planetaria; son mejor conocidas, al ser difundidas por los medios de comunicación social, al menos tanto cuanto las experiencias de felicidad; ellas abruman las conciencias, sin que con frecuencia pueda verse una solución humana adecuada”(1).

“Sería también necesario un esfuerzo paciente para aprender a gustar simplemente las múltiples alegrías humanas que el Creador pone en nuestro camino: la alegría exultante de la existencia y de la vida; la alegría del amor honesto y santificado; la alegría tranquilizadora de la naturaleza y del silencio; la alegría a veces austera del trabajo esmerado; la alegría y satisfacción del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio. El cristiano podrá purificarlas, completarlas, sublimarlas: no puede despreciarlas. La alegría cristiana supone un hombre capaz de alegrías naturales. Frecuentemente, ha sido a partir de éstas como Cristo ha anunciado el Reino de los cielos”(2)

______________________________ 
1 EXHORTACIÓN APOSTÓLICA DE PABLO VI, Gaudete in Domino sobre la alegría cristiana, 1975, 
8.
2 Ibid., 12

Enviado para anunciar el Evangelio de la Alegria a los Pobres

Juan Alfonso Vila Blasco

“ENVIADO PARA ANUNCIAR 
EL EVANGELIO DE LA ALEGRÍA A LOS POBRES” 
(Cf. Lc 4, 18-19)

HIJO DE LA IGLESIA DEL VATICANO II

Yo tenía 19 años cuando se clausuró el Concilio Vaticano II. Estaba acabando los estudios de filosofía e iba a comenzar los de teología en el Seminario de Valencia. 

Las Constituciones, Decretos y Mensajes del Concilio y el clima de renovación que se respiraba en la Iglesia, los recibí no solo como un sólido cuerpo doctrinal, sino como una manifestación viva de la acción del Espíritu Santo en ese momento de su historia a través del encuentro, deliberaciones y vida de los Padres Conciliares y de lo que éstas suponían en la vida de la Iglesia y del mundo dadas a conocer por los medios de comunicación.

Humildemente creo que, como muchísimos cristianos, yo también viví la experiencia de un nuevo Pentecostés. Y es verdad que cuando el Espíritu Santo actúa, la marca que produce es indeleble.

Es como si te grabaran a fuego unas convicciones que te embriagan, que liberan, dan fuerza, seguridad, alegría, sentido, plenitud... son verdades que orientan la vida y que te llevan a tomar decisiones no previstas pero que en conciencia las consideras como el camino por el que Dios te quiere llevar.

Así, como otros muchos también, hice la opción de compartir la casa con otros, en comunidad, como familia, con características diferentes según las circunstancias y el momento.

Leer el testimonio completo:

El Payaso Sbirulín

Mario Sabato

Hace poco escribí un diario, pero desde hace muchísimo tiempo, mi deseo era escribir uno “sui-generis”, muy distinto, el que llevo muy adentro desde años, en mi corazón. Necesitaba expresar mis sentimientos. 

No se trata de escribir sobre la vida religiosa, de la fraternidad de Ciudad Hidalgo, de los hermanos… Pretendía que fuera un diario distinto.

Es frecuente escuchar esta expresión: “no seas payaso”, cuando una persona está ridiculizando una situación. No es de este tipo de payaso el que quiero hablarles. Quiero escribirles y hablarles del payaso, este personaje misterioso y real, alegre y triste, intrépido y tímido, ingenuo y tierno, que hace reír y hace llorar. En fin, conmueve verlo. Entra donde pocos llegan para hacer reír a pequeños y grandes, a todos, niños de cero a cien años, sorprendiéndolos con trucos, música y travesuras. Hace que todos se vuelven compañeros de risas. 

No hay “tiempos” antiguos o modernos para los payasos. Nunca pasarán de moda, siempre existirán, a pesar de la constante evolución. El payaso sabe expresarse sin pronunciar ninguna palabra, es suficiente un gesto, una sonrisa, una monería: cambia lo drástico en risas, tiene la capacidad de cambiar las situaciones, alegra a la gente sanamente, trasmite esta alegría profunda que llena los corazones. Por eso me da tristeza cuando oigo y veo algunos payasos callejeros, que hacen reír a la gente con groserías, groserías sobre el sexo. Qué pena ver cómo se rebaja el arte a vulgaridad.

Leer el testimonio completo:

Alegrarnos de la felicidad de Dios

Michel Lafon

“Dios mío, tú nos presentas un ancla a la que podemos atar nuestra alegría, y atarla de tal modo que nada nos la pueda arrebatar: esta ancla es la alegría de tu felicidad. Por malo, miserable, ingrato, frío y sin amor que yo sea [...], tú eres eternamente feliz; eres feliz, y eso es todo lo que me hace falta. Eres feliz, así que soy bienaventurado. Eres feliz, así que no me falta nada. Eres feliz, Dios mío, y me siento contento”.
 
“Pensemos en nuestras faltas para lamentarlas amargamente y humillarnos por ellas... [...] El amor a Dios sufre de ver a la divinidad ofendida, pero luego recuerda que Dios es Dios, que es infinitamente feliz [...] Podrá recordar más tarde esta ofensa para seguir arrepintiéndose, pero recordarla en la oración...sin turbación, con plena posesión de uno mismo… Ya no será un dolor que agita el alma todo el día. Este dolor inquieto y desordenado proviene del amor por uno mismo y del orgullo, que no se resigna a haber faltado. La pesadumbre serena, tranquila, que sufre pero se reafirma en la idea de la perfección y de la felicidad de Dios y que pone en ello toda su alegría... esa pesadumbre procede del amor a Dios”.

“Cuando nos sentimos tristes, defraudados por nosotros mismos, por los demás y por las cosas, pensemos que Jesús es glorioso, que está sentado a la derecha del Padre, bienaventurado por siempre, y que si lo amamos como debemos, la suma felicidad del ser infinito debe arrasar infinitamente en nuestras almas sobre la tristeza que procede de los males de los seres finitos y que, en consecuencia, ante la visión de la felicidad de nuestro Dios, nuestra alma debe entrar en el júbilo y las penas que la angustian deben desaparecer como las nubes ante el sol”.

Leer el artículo completo:

Alegría Pascual


Alfonso Milián Torribas

Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva etapa histórica, que está coincidiendo con el inicio del tercer milenio. Todo nacimiento conlleva dolor, superado después por una inmensa alegría. “Cuando una mujer va a dar a luz, siente tristeza porque le ha llegado la hora; pero cuando el niño ha nacido, su alegría le hace olvidar el sufrimiento pasado y está contenta por haber traído un niño al mundo (...) pues lo mismo vosotros: de momento estaréis tristes; pero volveré a veros y de nuevo os alegraréis con una alegría que nadie os podrá quitar” (Jn 16, 21-22).
 
Ante este momento tan importante: “¿verlas venir?” o ¿“arrimar el hombro”?, ¿ser “comadronas”? ¿Qué podemos aportar? La Buena Noticia: a Jesucristo y su evangelio. Su nacimiento produce alegría: “Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11). El corazón que se siente habitado por la Trinidad rebosa de gozo, alegría y paz. Una alegría que forma parte connatural de su existir y que le sale por los poros de su cuerpo porque se siente querido y al mismo tiempo enviado a comunicar esa experiencia a todos.
 
Las comadronas (evangelizadores) del mundo en esta etapa histórica que nace no pueden ser personas tristes, pesimistas, desalentadas, impacientes o ansiosas, sino personas que rebosan alegría, la alegría de un enamorado, enamorados de Dios, dispuestas a consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo.

La alegría es una manifestación de la paz interior: sentirse amado por Dios y amar al prójimo con la fuerza del Espíritu Santo. No podemos llevar la buena nueva sin alegría. Cuando la revisión de vida o el análisis de la situación o la reflexión sobre las propuestas de acción, están marcadas por el mal humor, por la amargura, por la propuesta agria, por la ira o la tristeza, por el pensamiento absoluto, de tal modo que no queda espacio para la esperanza y confianza en Dios, no está el Espíritu de Dios actuando en este tipo de reflexiones.

Leer el artículo completo:

Boletín Iesus Caritas 181: La Alegría del Evangelio

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/181/Iesus-Caritas-181.htm
Abril - Junio 2014

 "Os anuncio una buena noticia, una gran alegría para todo el Pueblo" (Lc 2,10)

Editorial 
Después del primer documento del papa Francisco sobre La luz de la fe, proveniente de un texto de Benedicto XVI, se esperaba esta Exhortación Apostólica, La alegría del Evangelio, que recoge brevemente -solo 28 de las 58 proposiciones sinodales- el Sínodo sobre La nueva evangelización (octubre de 2012) y que se convierte en su primer documento programático. Su contenido y el tono lo hacen excepcional, ya que en la larga historia de la Iglesia representan una total novedad sobre los documentos papales habituales, más aún cuando observa que sobre su temática «no es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales», y por esto afirma que «percibe la necesidad de avanzar en una saludable “descentralización”» (núm. 16). 
Uno de los puntos más nuevos es «una conversión pastoral y misionera» de la Iglesia que lleva a una «pastoral en conversión»: aquí radica la «impostergable renovación eclesial», que se describe con un realismo no habitual en estos documentos (núms. 25-33); y, como segundo punto, se afronta con precisión teológica la cuestión de la jerarquía de verdades (núms. 34-39), que no se respeta cuando, según el papa, «se habla más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios». Por esto, se afirma que la Iglesia es «una madre de corazón abierto» (núms. 46-49).
Extremadamente cercanos son los capítulos siguientes: la sugerencia sobre «la crisis del compromiso comunitario» (c. II); el nuclear sobre el «anuncio del evangelio» (c. III), donde incluye una parte muy realista sobre la homilía (núms. 135-144); el brillante sobre «la dimensión social» (c. IV), y la conclusión, «Evangelizadores con Espíritu (c. V). Estamos, pues, ante un documento excepcional, que pone en estado de misión a toda la Iglesia. 
Por esto, a nivel institucional, propone de forma nueva: una descentralización de las competencias de Roma a las Iglesias locales, que haga posible un nuevo ejercicio del primado promoviendo, a su vez, la colegialidad; la inserción de los laicos y las mujeres en lugares de decisión; una pobreza visible y una perceptible «opción» por los pobres. Es, sin duda, un programa de largo alcance del papa Francisco que huele a Evangelio.
Nuestro Boletín no puede quedar al margen de este “huracán del Espíritu” que ha supuesto “el estilo del papa Francisco” y se ha concretado como programa en la exhortación apostólica “Evangelii gaudium” y por eso dedicamos este número que hemos querido subtitular con la frase evangélica que recuerda el anuncio del nacimiento de nuestro Señor a los pastores que cuidaban al raso, ¡hermoso símbolo de la situación en la que se halla el hombre de hoy en total intemperie!, y que eran pobres por su condición y oficio: “Os anuncio una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc 2,10). Mons. Alfonso Milián nos recuerda que la fuente de nuestra alegría es la alegría pascual y nos dice que “no podemos llevar la buena nueva sin alegría” al tiempo que nos descubre la insondable alegría de Jesús y su fundamento en la paternidad/maternidad divina. De Michel Lafon, aprovechándonos de la generosidad de la editorial Ciudad Nueva, hemos tomado el capítulo II de su libro 15 días con Carlos de Foucauld que se presenta bajo el epígrafe Alegrarse con la alegría de Dios.
En la sección de Testimonios y Experiencias presentamos el testimonio hermoso de Mario Sabato, hermano del Evangelio, que trabaja con los nómadas del circo y se presenta a sus espectadores como el payaso Sbirulín. A esta sección se añade el testimonio gozoso de una Iglesia en cambio promovido por el II Concilio del Vaticano de Juan Alfonso Vila Blasco a la que se acompaña dos trozos, recuerdo y homenaje de la exhortación apostólica de Pablo VI Gaudete in Domino sobre la alegría cristiana publicada en el año1975. 
Artículo hermoso, sugerente y profético el de la teóloga Montse Escribano sobre la conciliariedad en la Iglesia: gozos y esperanzas, tristezas y angustias. Acompañan en la sección Ideas y Orientaciones artículos de Leonardo Terrazas Roncal y el artículo recuperado del Boletín del 1964 de Ángel Mattei, artículo de gran actualidad a pesar de la distancia en el tiempo. 
El número se cierra con la sección Páginas para la Oración con un ramillete de textos selectos de las Florecillas de san Francisco de Asís, P. Van der Meer, J. R. Flecha Andrés, Paul Claudel para terminar con dos meditaciones de Antonio Rodríguez Carmona para preparar y vivir el Jueves y Viernes Santo.
MANUEL POZO OLLER,
Director


Enlace al boletín:

Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 182


NUNCA AMAREMOS SUFICIENTEMENTE


"Jesús le miró y le amó" (Mc 10,21)


Julio-Septiembre 2014


El Boletín que presentamos aparece uniéndose al nuevo aire de renovación espiritual y eclesial propiciado por el papa Francisco. Se ofrece como una lectura complementaria al número anterior que dedicábamos a la alegría del Evangelio. El título de este Boletín parte de la constatación de nuestra limitación para amar al tiempo que muestra la hermosura de la grandeza inagotable del amor que tiene su fuente y origen en Dios-Amor. Todos hemos experimentado el agridulce sabor de poner amor en personas y proyectos al tiempo que verificamos con el paso del tiempo que no era lo Suficiente, que todavía se podía amar más y mejor. Imposible amar sin mirar al otro. Mirar a los ojos pero mirar también a su vida, a su entorno, a sus ilusiones y esperanzas. ¡Cuántas veces no vemos la realidad del otro porque no le miramos! Tampoco es posible amar en abstracto. Jesús cuando mira al joven rico ve su situación concreta y le ama aunque no sea él valiente para todo lo que le ata a una vida cómoda asentada en el cumplimiento de lo que está mandado pero sin dar cabida al amor.


Es propio de la espiritualidad foucaldiana intentar mirar nuestra vida tal y como Dios la contempla. La Revisión de Vida ha ayudado a muchos a mantenerse fieles al Evangelio con la ayuda e implicación de los hermanos de tal suerte que se podría considerar “el Evangelio entero como una gran Revisión de Vida". Al fin y al cabo la vida cristiana es búsqueda apasionada de la voluntad de Dios Padre, siguiendo los pasos de Jesús, y animados por los dones del Espíritu Santo. El conocido texto de los discípulos de Emaús es referencia para esta práctica espiritual.


La hermanita Josefa Falgueras inicia su colaboración recordando la conocida frase del P. Huvelin refiriéndose a Carlos de Fmicauld: “Este hombre ha hecho de la religión un amor". En el desarrollo del artículo se habla del P. Huvelin y la prima del hermano Carlos como sus iniciadores en la escuela del amor que momentos luminosos en la Encarnación y en el Calvario para concluir recordando las palabras del hermano Carlos: “El único amor verdadero, el único digno de ese nombre, es el que se olvida y lo olvida todo para: no desear más que una cosa y no vivr más que por una cosa el bien del Amado.”


La hermanita Annie nos presenta la opción nazaretana como camino ideal de identificación con el amor cercano de Jesús. De los escritos de la hermanita Magdeleine recuperamos un extracto de la meditación sobre las dulces horas de amistad de Jesús en Betania para escribir que “no puedo sufrir más que de una cosa: de las faltas de amor, y tengo más que nunca nostalgia del cielo, donde no habrá más sombras en el amor". Muy rico el testimonio de Giorgio Gonella donde se constata que el amor cambia la mirada que tenemos sobre el otro capacitándonos para ver valores donde pareciera que todo humanamente está perdido. La situación vivida por Alfonso Sola, sacerdote de la fraternidad Sacerdotal, “fidei donum" en Argentina, es reflejo de una vida coherentemente entregada a los más necesitados acogiendo y compartiendo con los pobres su vida sin privilegios.


En tres partes presenta su honda y amplia reflexión el hermano Marc Hayet: (I) Hacerse pequeño es el camino de Jesús (II) ¿”Hacerse pequeño” para hacerse hermano? (III) ¿Cómo hacernos pequeños y hermanos como discípulos de Jesús y también “discípulos” de Carlos de Foucuald? Son las sabrosísimas notas de un retiro predicado a la fraternidad secular a finales del 2013. En especial sobresale la tercera parte donde el autor con citas bien traídas del Evangelio y el hermano Carlos desarrolla qué significa hacerse pequeño y hermano. El hermano Carlos en carta a Joseph Hours, meditando en Nazaret sobre la resurrección de la hija de Jairo, le dirá: “Debemos tener una delicadeza sin fin en nuestra caridad. Tengamos esta tierra delicadeza que entra en detalles y sabe con cosas muy pequeñas surgir del bálsamo de los corazones: “Dadle de comer”, dice Jesús. Entremos nosotros también, con aquellos que estén con nosotros, en los pequeños detalles.; aliviemos con atenciones minuciosas; tengamos para aquellos que Dios pone a nuestro lado, estas tiernas, delicadas, pequeñas atenciones que tendrían unos con otros hermanos muy tiernos, y madres muy tiernas þara con sus hijos”.


En el apartado de Páginas para la Oración incluimos algunos apuntes sobre la espiritualidad del camino de la mano de Marco Levisohn junto a dos ricas reflexiones, una a cargo de un monje de la Iglesia en Oriente y otra del recordado J. L. Martín Descalzo.