Foucauld continúa inspirando la espiritualidad de varios movimientos que pretenden imitar a Jesús.
El 1 de diciembre de 1916, de forma violenta, moría en Tamanrasset Carlos de Foucauld (...) Nacido en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858 de familia noble, pronto quedó huérfano e ingresó en la carrera militar, llevando una vida licenciosa, abandonando la fe de su infancia. No se sentía feliz. Escuchó un día al abate Huvelin: “Jesús ocupó el último lugar, que nadie le ha arrebatado”. Y en
su inquietud inició una búsqueda, viajando por Tierra Santa, sintiéndose impresionado por los 30 años de Jesús en Nazareth, vividos en el silencio, en el trabajo humilde de carpintero. Después de una experiencia en la Trapa, buscando asemejarse más a Cristo, quiere internarse entre los pobres y parte hacia África entre los tuaregs. Había escrito: “Yo no puedo concebir el amor sin una necesidad imperiosa de conformación, de semejanza y sobre todo de compartir todas las penas, todas las dificultades, todas las asperezas de la vida...cuando Vos habéis sido pobre, machacado, habéis vivido en un trabajo duro...me resulta imposible entender el amor sin la búsqueda de la semejanza” (Retiro en Nazareth 1891)
Foucauld continúa inspirando la espiritualidad de varios movimientos que pretenden imitar a Jesús y de ser sus testigos a través de medios pobres: la escucha, la oración, la pobreza y su vida entre los más pobres, la fraternidad, el silencio. Es un estilo de vida y de evangelización, que sin descalificar otras formas, quiere resaltar actitudes de Jesús fundamentales y que no podemos olvidar en la Ig1esia.
Pablo d'Ors (sacerdote, filósofo, fundador de Amigos del Desierto en su artículo “A la renovación por la oración” n° 3000 de Vida Nueva) escribe: “La necesidad primordial de la comunidad cristiana es hoy la renovación en el Espíritu que propicia la oración...la contemplación es una necesidad de todos, un regalo sin el cual la vida activa es un frenesí o, en el mejor de los casos, humanismo ético y buena voluntad...Mi principal reproche a la Iglesia de hoy, que formulo no sin tristeza, es que son muchos, muchísimos, los que están en las cosas de Dios, pero pocos, poquísimos, los que están en Dios, lo que no es en absoluto lo mismo” (...)
Figuras como Francisco de Asís, Carlos de Foucauld, la Madre Teresa de Calcuta y el estilo con el que el Papa Francisco está impregnando su ministerio nos recuerdan actitudes fundamentales de Jesús, que aún los no creyentes, no dejan de admirar.
JUAN SANCHIS