Carta publicada en el Boletín Iesus Caritas 176 (pág. 61)
Roma, Tre Fontane, 8 de diciembre 1962
A las Hermanitas.
Pensando en la Santísima Virgen, siento algunas veces cierto temor de no haberos hablado lo suficiente de ella y tengo miedo de que no hayáis entendido hasta qué punto debería estar presente en la Fraternidad...
Hoy, estoy segura de que el niño Jesús de Navidad será muy feliz si os hablo de ella antes de hablaros de él... de hecho, hablaros de ella ya es hablaros de él...
Quién podría, en efecto, estar más presente que ella en el establo de Belén hacia donde nuestros ojos deben estar fijos constantemente, no únicamente en este tiempo de Navidad sino siempre, desde el primero hasta el último día del año, y en todas partes, de un extremo al otro del mundo...
Este pequeño Recién Nacido convertido en “una de las fuentes principales de nuestra espiritualidad”, nos fue dado por María... Ella fue creada para dárnoslo y para darlo al mundo. El Todopoderoso quiso, desde toda la eternidad, que ella fueraindispensable al don que Él nos hizo del Salvador. Es por ello, que la creó como una obra de arte de gracia y de belleza, pero también como una obra de arte de humildad, de dulzura, de olvido de sí misma. La magnificó haciéndola “Madre del Salvador” pero, lejos de glorificarse de ello, se define a sí misma “sierva del Señor”...
