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Boletín Iesus Caritas 209: Orar en tiempo de aislamiento e incertidumbre

En la poquedad del ser y en la brisa suave, se hace presente el Dios de la vida                                                                  

"Después del fuego el susurro de una brisa" (1 Re 19,12)

 
Boletín Iesus Caritas de Abril - Junio de 2021

 
Editorial
 
 
«QUE BIEN SÉ YO LA FONTE QUE MANA Y CORRE, 
AUNQUE ES DE NOCHE» 
 
La pandemia que venimos padeciendo de forma declarada desde marzo de 2020 nos ha obligado a cambiar muchos hábitos y a adquirir una disciplina personal que nunca hubiéramos pensado. Vivíamos sumergidos en una sociedad de confort sin aparentes límites de crecimiento y, de repente, todo se desmorona al compás del ritmo que marcan los acontecimientos. 
 
La situación a la que hacemos frente nos arroja sin piedad a una gran crisis de realismo provocada por un virus asesino invisible que nos recuerda y evoca, en lenguaje corriente de estos meses, lo esencial. El confinamiento en casa ha supuesto una gran humillación para quienes vivíamos envueltos en ruidos y en la prisa sin sentido, sumidos en ofertas múltiples de lo transitorio y placentero. Nos han recluido y distanciado con decretos y normas y, en consecuencia, nuestra autosuficiencia ha sido herida haciéndonos saborear el aislamiento y la soledad. En efecto, recluidos en casa, después de miles intentos de evasión, nos hemos encontrado con la realidad de nuestro yo sin posibilidad de escapatoria. Estamos asistiendo a un curso acelerado para aprender a vivir reconciliados con nosotros mismos. 
 
Ante tal estado de cosas, estancados en el hastío pandémico, es consolador recordar al profeta Elías que, vapuleado por la existencia y desorientado por los acontecimientos, no cesa de preguntarse dónde se esconde Dios. Traigo a colación un texto precioso y oportuno que reza así: «Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego el susurro de una brisa suave» (1 Re 19,11-12). En el relato existe un fuerte contraste entre el huracán, el terremoto y el fuego, manifestaciones características de las religiones naturales, y la suave brisa, que evoca el silencio del desierto. Ahí, en la poquedad del ser y en la brisa suave, se hace presente el Dios de la vida. La voz de Dios sigue resonando en palabras suaves perceptibles solo en el silencio: «Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo» (Sab 18,14-15). En verdad, quien no conoce de “largos silencios luminosos”, jamás podrá ser luz para los demás de ahí la importancia de escuchar para que nuestra vida grite coherencia y Evangelio y nuestras palabras quemen a quienes nos atiendan. 
 
El confinamiento obligado por la situación de la Covid-19 provocó la cancelación de muchos encuentros programados de oración donde se aprende a silenciar nuestro ánimo, refrenar nuestras actividades y a escuchar. También, como innumerables grupos, la Fraternidad Sacerdotal tuvo que suspender su retiro anual de forma presencial. El P. NABONS-WENDE HONORE SAVADOGO, sacerdote de la fraternidad de Burkina Faso, y miembro del equipo internacional, era el encargado de animar este encuentro. Los apuntes del fracasado encuentro presencial los ofrecemos ahora en este número del BOLETÍN a los que hemos complementado, a manera de introducción, dos meditaciones del Hermano del Evangelio, JUAN SPANHOVE, sobre el Espíritu Santo. Las charlas, en su día, sirvieron de meditación a la Fraternidad Secular “Carlos de Foucauld” en su encuentro anual de 1998, en la Casa de Espiritualidad de Guadix (Granada). 
 
Finalizado este número nos llegó la triste noticia del fallecimiento del HERMANO ANTOINE CHATELARD. De manera apresurada, pero con mucho afecto, hemos incluido un recuerdo de gratitud al que fuera un colaborador eminente y asiduo de nuestro Boletín. Fue una alegría contar con él de modo incondicional. Su nombre quedará para siempre ligado a nuestra humilde publicación engrandecida, entre otros, por tan afamado colaborador. ¡Descansa en el Nazaret del cielo abandonado en las manos del Padre! 

Manuel Pozo Oller
Director