SANTA ES LA CRIATURA Y LA CREACIÓN PORQUE SANTO ES EL CREADOR
Toni Catalá, s.j.
Releer la LG después de 50 años es percibir una brisa fresca y reconfortante. El Vaticano II es una referencia ineludible para no desnortarnos en este mundo tan querido por el Dios de la Vida, Padre y Creador, y que nosotros tanto maltratamos.
Quiero empezar la reflexión teniendo presente que la mayoría de la criaturas en este mundo nuestro son victimas inocentes, son hombres y mujeres que por venir a este mundo nuestro se encuentran con que este mundo no es su casa y se siente privados de lo más elemental para subsistir y con su dignidad negada. Desde lo acontecido en Jesús de Nazaret que se vivió desde un Dios de Vivos y no de muertos, las victimas emergen en su radical dignidad. Jesús ama las criaturas más pequeñas y vulnerables, Jesús tiene una relación con los pequeños entrañable, sabe que sus ángeles de la guarda están contemplando todos los días el rostro del Padre del Cielo, son los preferidos, los protegidos, los amigos de Dios, por eso Jesús avisa muy seriamente que de ningún modo hay que despreciar a los pequeños. Despreciar a las criaturas pequeñas del Padre es despreciarlo también a Él.
Cuando se empieza a percibir la inocencia de las criaturas que sufren el sarcasmo y el desprecio de los satisfechos y orgullosos, cuando se empieza a percibir que la mayoría de las criaturas son masacradas para mantener el estatus, el dominio de los menos, entonces se empieza a percibir la santidad de los mártires inocentes. Se empieza a percibir que la profanación de la creación, la destrucción de la “obra de sus manos”, las víctimas masacradas son dolorosamente el permanente “testimonio” de un desajuste, de una ruptura, de un desenfoque no querido por el Amor Fundante de todo lo que existe.
Si las víctimas son inocentes es porque se percibe que de ningún modo el Dios Fuente de la Vida y Creador puede querer el sufrimiento de sus criaturas. La criatura es Santa porque Santo es el Creador. Lo primero es una creación buena y santa, el dialogo con la Fuente de la vida y de la felicidad es creativo, es manantial que no se agota, es alegría profunda, es el sentimiento de una Presencia que fundamenta, que acoge y guarda, que consuela. Lo primero, el fundamento de la creación, no es la caída, la pérdida, el dolor, lo primero es el diálogo amoroso, compañero del Criador con la criatura.
Este mundo no es un valle de lágrimas desde el inicio, en el que el Creador nos colocó para purgar un pecado de inicio, lo hemos convertido nosotros no ya en un valle de lágrimas sino en un valle de injusticias y dolor evitables si no perdiéramos de vista la bondad inicial de la creación. No es este mundo un lugar de caída desde cielos más altos por culpa de nuestro orgullo o engreimiento, no es el mundo ni la carne una cárcel cruel para sufrir y penar, no es el mundo algo para despreciar. Cuántos resentimientos, amarguras, frustraciones acumuladas que impiden el percibir limpiamente que nuestro Dios no es un sádico, no es un dios cruel, no es el justiciero inmisericorde.
Santidad es testimoniar que la Creación es obra del Dios de la Vida, cuidarla ante tanta amenaza, defenderla ante tanta depredación, sanarla ante tanta agresión es una obra Santa, una tarea digna de la criatura. Cuando la gente sin-tierra, sin derechos a que este mundo sea su casa y así poder disfrutarla y
cuidarla, cuando esta gente se siente extraña en la casa en la que el Creador colocó a sus criaturas, es de profetas y de santos reivindicar la obra del creador como la casa en la que todos tengan sitio. Profecía y testimonio se dan de la mano.
Enlace al artículo completo publicado en el Boletín Iesus Caritas 179: