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Enviado para anunciar el Evangelio de la Alegria a los Pobres

Juan Alfonso Vila Blasco

“ENVIADO PARA ANUNCIAR 
EL EVANGELIO DE LA ALEGRÍA A LOS POBRES” 
(Cf. Lc 4, 18-19)

HIJO DE LA IGLESIA DEL VATICANO II

Yo tenía 19 años cuando se clausuró el Concilio Vaticano II. Estaba acabando los estudios de filosofía e iba a comenzar los de teología en el Seminario de Valencia. 

Las Constituciones, Decretos y Mensajes del Concilio y el clima de renovación que se respiraba en la Iglesia, los recibí no solo como un sólido cuerpo doctrinal, sino como una manifestación viva de la acción del Espíritu Santo en ese momento de su historia a través del encuentro, deliberaciones y vida de los Padres Conciliares y de lo que éstas suponían en la vida de la Iglesia y del mundo dadas a conocer por los medios de comunicación.

Humildemente creo que, como muchísimos cristianos, yo también viví la experiencia de un nuevo Pentecostés. Y es verdad que cuando el Espíritu Santo actúa, la marca que produce es indeleble.

Es como si te grabaran a fuego unas convicciones que te embriagan, que liberan, dan fuerza, seguridad, alegría, sentido, plenitud... son verdades que orientan la vida y que te llevan a tomar decisiones no previstas pero que en conciencia las consideras como el camino por el que Dios te quiere llevar.

Así, como otros muchos también, hice la opción de compartir la casa con otros, en comunidad, como familia, con características diferentes según las circunstancias y el momento.

Leer el testimonio completo: