Entre las varias iniciativas de grupos formados por Padres Conciliares que se reunieron durante el Concilio, con el fin de ayudarse mutuamente y trabajar en más estrecha cercanía que la posible en las grandes Congregaciones Generales hubo una cuya finalidad no fue el estudio sino la oración común y el
cultivo de la amistad fraterna entre los componentes del grupo que adoptó como suyas las grandes líneas de la espiritualidad del P. Foucauld. El grupo no sólo fue consolidándose durante las Cuatro Sesiones Conciliares, sino que cuajó en una estable y singular Fraternidad Episcopal.
Formado por un reducido número de obispos, desde el mismo principio del Concilio, comenzó a congregarse una tarde a la semana para dedicar una hora a la adoración del Santísimo Sacramento en la Capilla de Santa Ana del Vaticano; seguía luego un encuentro fraterno y amistoso que alguna vez tuvo que cambiar de lugar, pero que fue creciendo en número hasta llegar a los veinte Padres cuyo objetivo era intercambiar experiencias personales de su vida y su ministerio episcopal, sin otra finalidad que conocerse y edificarse mutuamente, a fin de poder ser más útiles a la misión recibida de la Iglesia con el episcopado, como fruto de su participación en el acontecimiento conciliar.
Entre prelados “fundadores” del pequeño núcleo inicial - existían ya- desde antes del Concilio, algunos lazos de amistad. Algunos de ellos habían tomado contacto con la asociación sacerdotal “Jesus Charitas”, cuyo responsable por aquellas fechas era uno de los componentes del grupo, el obispo francés, Coadjutor de Orleans, Mons. Guy Riobé. Hubo otros tres, también franceses de origen, consagrados a la misión: uno en el África Sahariana, otro en el altiplano del Vietnan y el tercero en Camboya. El primero pertenecía a la Congregación de los Padres Blancos, y los otros dos al Instituto de Misiones Extranjeras de París. Dos más nos habíamos conocido en Tournai, participando
en los encuentros sobre la “descristianización del mundo obrero en Europa” y varios de ellos tenían en común el haber sido Capellanes Nacionales de la Juventud Obrera Católica (J.O.C.) en sus respectivos países. Otros, por razones de afinidad apostólica atrajeron hacia el grupo a algún antiguo colega. De este modo, el grupo se fue ampliando y se procuró que hubiera la mayor variedad en los países y continentes de origen, que hiciera posible el intercambio de experiencias y culturas diversas. De este modo, se incorporaron tres africanos nativos, uno de Ruanda, otro de Burundi y el tercero del Camerún francés. De hecho, la lengua gala fue nuestro principal vehículo de conversación, ya para los encuentros comunes durante el Concilio, ya posteriormente, cuando tuvimos ocasión de visitarnos o -como sucedió varias veces, años después del Concilio- congregarnos en la residencia de uno del grupo, durante algunos días, de amistosa convivencia y fraterna revisión de vida.
en los encuentros sobre la “descristianización del mundo obrero en Europa” y varios de ellos tenían en común el haber sido Capellanes Nacionales de la Juventud Obrera Católica (J.O.C.) en sus respectivos países. Otros, por razones de afinidad apostólica atrajeron hacia el grupo a algún antiguo colega. De este modo, el grupo se fue ampliando y se procuró que hubiera la mayor variedad en los países y continentes de origen, que hiciera posible el intercambio de experiencias y culturas diversas. De este modo, se incorporaron tres africanos nativos, uno de Ruanda, otro de Burundi y el tercero del Camerún francés. De hecho, la lengua gala fue nuestro principal vehículo de conversación, ya para los encuentros comunes durante el Concilio, ya posteriormente, cuando tuvimos ocasión de visitarnos o -como sucedió varias veces, años después del Concilio- congregarnos en la residencia de uno del grupo, durante algunos días, de amistosa convivencia y fraterna revisión de vida.
Enlace al artículo completo publicado en el Boletín Iesus Caritas 179: