ANTONIO RODRÍGUEZ CARMONA
Meditación para el Jueves Santo
Primera lectura: Éxodo 12,1-8.11-14
Salmo responsorial: Salmo 115
Segunda lectura: 1 Corintios 11,23-26
Evangelio: Juan 13,1-5
La celebración vespertina del Jueves Santo recuerda la institución de la Eucaristía e invita a valorar y a vivir las implicaciones de su celebración, que ordenó Jesús como su memorial.
El memorial es una creación del AT que sólo es posible por el poder de Dios: se trata de recordar un acontecimiento del pasado y, a la vez, hacerlo presente para aprovecharse de sus virtualidades. De esta forma todas las generaciones pueden participar de las grandes intervenciones de Dios en la historia en favor de su pueblo. En concreto, en la celebración de la Pascua, se actualiza a favor de cada generación la acción liberadora de Dios, que liberó al pueblo de la esclavitud y le concedió la libertad. Es una de las fiestas principales del pueblo judío, que celebra cada año en contexto de liberación y solidaridad. La recuerda la primera lectura, que en este contexto tiene carácter de anuncio de otra liberación mayor que concederá Dios a su pueblo.
La segunda lectura presenta la Eucaristía como cumplimiento de lo que aquella Pascua recordaba y como auténtico memorial, es el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, verdadera Pascua, en que la humanidad, unida a Jesús, pasa de este mundo al Padre, de la esclavitud a la libertad, consiguiendo en plenitud la solidaridad y liberación que significaba.
El evangelio completa esta presentación. La Eucaristía es signo sacramental eficaz de todo el ministerio de Jesús, especialmente de su muerte y resurrección: Víspera de la Pascua.
Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta la plenitud. Todo el ministerio de Jesús es expresión de su amor, pero su muerte es expresión de que amó todo lo que pudo amar. Es importante notar que, a continuación, Juan no narra la institución de la Eucaristía, como cabría esperar, solo el lavatorio de los pies, seguido del mandato de que lo hagamos también nosotros. Es que para Juan lavatorio es símbolo de la Eucaristía y el mandato de lavarnos equivale a haced esto como mi memorial.
Esto ofrece la clave para comprender lo que es celebrar el memorial: no sólo celebrar un rito como el que realizó Jesús, sino además hacerlo con las mismas disposiciones de Jesús: amor, solidaridad, compromiso por la libertad del hombre. Esto es una invitación a valorar lo que significa la Eucaristía y a examinar cómo la celebramos y compartimos: Si Jesús se consagró a hacer la voluntad del Padre por amor, celebrar el memorial es consagrarse a hacer la voluntad del Padre por amor; si Jesús ama a sus hermanos, se siente solidario con ellos y da su vida por su liberación, celebrar el memorial es un serio compromiso de trabajar por la liberación de las esclavitudes que padece la humanidad; si Jesús da su vida para reunir todos los hombres en un solo cuerpo, celebrar el memorial es trabajar por la unidad de la Iglesia y la humanidad... La Eucaristía emplea como materia pan y vino, dos alimentos sustanciales del hombre, significando así que está llamada ser alimento. Pero sólo alimenta si se digiere personalmente lo que significa el memorial de Jesús. Se puede comer mucho sin que alimente.
En esta misma línea está la adoración a la Eucaristía, que es prolongación de la celebración del memorial. En ella se nos invita a unirnos con calma a Jesús y compartir sus sentimientos de adoración y acción de gracias al Padre y su intercesión y compromiso a favor de la humanidad. La Iglesia invita de manera especial a adorar la Eucaristía hoy como una ocasión para agradecer el memorial y profundizar en lo que significa.
Hoy también recuerda la Iglesia el sacerdocio ministerial, instituido por Jesús al servicio de la Eucaristía, que es su tarea fundamental, pues toda su actividad se reduce a anunciar la palabra de Dios al pueblo para que se una al sacrificio existencial de Cristo, celebrar el memorial del sacrificio, uniéndose a él junto con el pueblo, y ayudar a éste en la vivencia diaria de este sacrificio.