Para animar a la lectura de la Carta-Encíclica "Laudato si'" del Papa Francisco.
Después de algunas filtraciones que rompieron con el tradicional embargo vaticano, se presentó en la Sala Stampa la carta-encíclica del papa Francisco que lleva por título «Laudato si’». El documento toma su nombre de la invocación de san Francisco, «Laudato si’, mi’ Signore», que en el Cántico de lascreaturas recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. El papa encargó la presentación del texto al Pontificio Consejo Justicia y Paz, organismode la Curia Romana al servicio de la promoción de la justicia y la paz internacionales, que preside el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson.
En una primera aproximación al documento pareciera que el centro de la Encíclica girará en torno a dar respuesta a la pregunta que aparece muy avanzada en la lectura de la Encíclica: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? La pregunta “no afecta sólo al ambiente de manera aislada”, sino que nos lleva a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra?” Estas cuestiones insoslayables y la búsqueda de respuestas son una invitación a una “conversión ecológica” y al “cuidado de la casa común”. El papa reconoce que “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta” al tiempo que anima a seguir trabajando ya que todavía «la humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”; “el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente”; “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse”.
La Encíclica se estructura en seis capítulos. En una primera parte, a partir de la escucha de la realidad (cap.1) busca inspiración en la tradición bíblica (cap. 2), para detectar las raíces del problema (cap. 3). En un segundo bloque la Encíclica es propositiva y ofrece a la humanidad el proyecto de una «ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales» (cap. 4), constatando la necesidad de búsquedas de soluciones desde el diálogo integrador (cap. 5) para terminar sugiriendo algunos principios para crecer en esta dirección ecológica a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico (cap. 6). El texto concluye con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en «un Dios creador omnipotente», y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo «Laudato si’», que abre y cierra la Encíclica.
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