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Miramos al mundo con los ojos de Dios

Para animar a la lectura de la Carta-Encíclica "Laudato si'" del Papa Francisco.                                                       




Después de algunas filtraciones que rompieron con el tradicional embargo vaticano, se presentó en la Sala Stampa la carta-encíclica del papa Francisco que lleva por título «Laudato si’». El documento toma su nombre de la invocación de san Francisco, «Laudato si’, mi’ Signore», que en el Cántico de lascreaturas recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. El papa encargó la presentación del texto al Pontificio Consejo Justicia y Paz, organismode la Curia Romana al servicio de la promoción de la justicia y la paz internacionales, que preside el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson. 
 
En una primera aproximación al documento pareciera que el centro de la Encíclica girará en torno a dar respuesta a la pregunta que aparece muy avanzada en la lectura de la Encíclica: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? La pregunta “no afecta sólo al ambiente de manera aislada”, sino que nos lleva a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra?” Estas cuestiones insoslayables y la búsqueda de respuestas son una invitación a una “conversión ecológica” y al “cuidado de la casa común”. El papa reconoce que “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta” al tiempo que anima a seguir trabajando ya que todavía «la humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”; “el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente”; “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse”.

La Encíclica se estructura en seis capítulos. En una primera parte, a partir de la escucha de la realidad (cap.1) busca inspiración en la tradición bíblica (cap. 2), para detectar las raíces del problema (cap. 3). En un segundo bloque la Encíclica es propositiva y ofrece a la humanidad el proyecto de una «ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales» (cap. 4), constatando la necesidad de búsquedas de soluciones desde el diálogo integrador (cap. 5) para terminar sugiriendo algunos principios para crecer en esta dirección ecológica a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico (cap. 6). El texto concluye con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en «un Dios creador omnipotente», y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo «Laudato si’», que abre y cierra la Encíclica.

Sugerencias para su lectura:

Desafíos y propuestas de la vida religiosa para el mundo actual

Pastoral no es lo meramente eficaz, sino lo gratuito, lo testimonial, lo que favorece aquello que somos: amados por Dios.  


IDEAS Y ORIENTACIONES


LOURDES GROSSO GARCÍA,
Vida religiosa y desafíos pastorales del tercer milenio en Vida Nueva, febrero 1998.






Cuando hablamos de “pastoral” tenemos como referencia al Pastor por excelencia: que no es un asalariado; que ama con ternura a los suyos (“no temas rebañito mío”); que da la vida pos sus ovejas; que sigue la ilógica evangélica de dejar a noventa y nueve por una.

Pastoral no es lo meramente eficaz, sino lo gratuito, lo testimonial, lo que favorece aquello que somos: amados por Dios e hijos suyos. Creo que toca ahora a cada uno de nosotros descubrir los desafíos que se le presentan en su acción pastoral concreta. De todas formas, voy a apuntar algunas ideas que puedan servir de referencia para la reflexión personal.

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http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-187.pdf#page=56

Sal de tu tierra... Una llamada a la vida religiosa

Qué poder tienen las antiguas costumbres, los viejos hábitos mil veces repetidos, que nos hacen tan resistentes a cambiar.


IDEAS Y ORIENTACIONES


Dolores Aleixandre RSCJ



Qué tendrá la propia tierra que nos cuesta tanto abandonarla. Qué poder tienen las antiguas costumbres, los viejos hábitos mil veces repetidos, que nos hacen tan resistentes a cambiar, a desinstalarnos, a arriesgarnos por caminos nuevos. A los religiosos/as nos llega lo mismo que a Abraham, una llamada a aventurarnos por caminos a los que no estamos habituados, a desplazarnos a tierras de las que desconocemos casi todo. Empezamos a intuir que este año dedicado eclesialmente a la Vida Consagrada, no va a dejarnos tal como estábamos. Que este nuevo Papa, religioso también, nos está sacudiendo ya, nos está urgiendo a levantarnos, enderezarnos y ponernos caminar.

Estamos en una encrucijada difícil y, en palabras del papa Francisco, el momento de la Vida Consagrada es “delicado y fatigoso”; otros hablan de “anemia evangélica” y de una determinada “figura histórica” que parece estar llegando a su fin. El futuro que tenemos por delante es muy diferente del que imaginábamos y ya el presente nos lo está anunciando: a las generaciones tan numerosas que llenaron conventos y monasterios durante buena parte del siglo XX han seguido el descenso del post-concilio y los números mucho más escasos de las últimas décadas, mientras que se hace evidente que los laicos van a tener en la Iglesia un papel creciente y el de los religiosos pasa a ser menguante. Podríamos detenernos en el análisis de sus causas o en la descripción de tantos valientes y creativos esfuerzos de reestructuración que se están llevando a cabo en la mayoría de las Congregaciones. Pero mientras algunas se fusionan, las provincias se unen, las regiones se agrupan y las comunidades se reajustan ¿qué pasa con los sujetos reestructurados, reconfigurados, unidos, agrupados, fusionados o reajustados? Porque lo que de verdad importa es si estamos reconociendo la situación presente como una ocasión espléndida para centrarnos en lo esencial de nuestra vida. Se ha acabado en tiempo de lamentarnos porque somos mayores, hemos disminuido en número y en fuerzas, hemos tenido que cerrar comunidades y abandonar instituciones y tenemos menos presencia eclesial que hace dos décadas. En estos años hemos acertado en muchas cosas y nos hemos equivocado en otras, hemos
vivido cierto desencuentro con la jerarquía, hemos fracasado en ocasiones a la hora de dialogar con los representantes de la Congregación vaticana para los religiosos, les hemos resultado “sospechosos” a algunos grupos y corrientes eclesiales, nos hemos sentido ignorados (“ninguneados” se dice ahora) en los planes de pastoral de algunas diócesis. Son situaciones que nos han afectado y en ocasiones nos han dado un talante de cierto desánimo: un joven profesor de Sociología dijo en una reunión de religiosas de diferentes congregaciones: “Ya que me habéis invitado a daros mi opinión desde el punto de vista de un laico, tengo que confesaros que os veo a las religiosas como un grupo un poco amuermado...” 

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Invitación especial al seguimiento de Jesús

El relato del hombre rico enseña que todos estamos llamados al seguimiento de Jesús, pero algunos reciben una llamada especial.

DESDE LA PALABRA

Antonio Rodríguez Carmona


El relato del hombre rico (Mc 10,17-31) enseña que todos estamos llamados al seguimiento de Jesús, pero que algunos reciben una llamada especial, fruto del amor de Jesús, a la que deben responder libremente. El hombre rico se quiere salvar y pregunta a Jesús cómo heredar la vida eterna. Jesús le responde indicando el camino universal para todos, el amor al prójimo: Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre» (10,19). La respuesta es lógica, pues, si Dios es amor, el único camino para llegar a él es el amor. Esto responde a la misma enseñanza de Jesús cuando nos dice que en el juicio final todos seremos examinados de amor (Mt 25,31-45). El rico replica que todo esto lo ha cumplido desde su juventud. Entonces Jesús se lo quedó mirando con amor y le dijo. 
 “Con amor”, aquí está la clave. La mirada amorosa de Jesús explica su invitación especial: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme (Mc 10,21). No se trata de un camino totalmente nuevo sino de una manera concreta de recorrer el camino del amor, necesario a todos, el seguimiento físico de Jesús, “que nos amó y se entregó por nosotros” (Ef 5,2), lo que implica vivir como él, austeros y libres para dedicarse totalmente a las exigencias del reino de Dios. Por otra parte, dar todo a los pobres está en la línea de heredar la vida eterna, que deseaba el rico, pues “tendrá un tesoro en el cielo”. No se pierde nada. En el relato paralelo de Mateo, el evangelista explicita la frase Una cosa te falta de Marcos con otra: si quieres ser perfecto (Mt 19,21).  
Perfecto es ser lo que cada uno debe ser, tener lo que cada uno debe tener. Implica que Dios padre, antes de la creación del mundo ha pensado en cada uno de nosotros con amor y nos ha destinado a conformarnos de una forma concreta con la imagen de su Hijo, siendo hijos con él y en su seguimiento (Rom 8,29-30; Ef 1,3ss). Esto nos obliga a discernir lo que Dios espera en concreto de cada uno, discernimiento, por otra parte, que está al alcance de todos examinando en contexto de amor y oración, y con la ayuda de personas expertas, los signos que Dios ha ido sembrando en nuestra vida.

Leer el artículo completo:
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-187.pdf#page=9

El estilo misionero y evangelizador del beato Carlos de Foucauld

Podemos hablar con toda razón de una nueva forma misionera en Carlos de Foucauld.                                                                 

Nueva en el sentido de que la organización de la misión y la aplicación de sus recursos no son en absoluto esenciales. Él hablará de medios pobres y hará incluso una renuncia efectiva a todo resultado visible y calculable.

Carlos de Foucauld actuando así se vincula a la experiencia de los apóstoles. “Para convertir el mundo como los apóstoles, siendo la piedra angular y el Jefe de la Iglesia, como san Pedro, no hay que prepararse en adelante, ni durante años ni meses, ni días, ni un solo minuto; es preciso obedecer en cualquier momento a las órdenes de Dios”. (Comentario de la lectura en el Santo Evangelio, Mateo 4, 18-20, Nazaret 1897).

Con otras palabras, el abandono radical a Dios inspira una forma de vida y de acción misionera, que está directamente en sintonía con el proceder y las huellas de los apóstoles. Las primeras generaciones de cristianos nunca han programado sus empresas misioneras en el imperio romano. Evangelizaron simplemente e invitaron a vivir la novedad cristiana en medio de la sociedad pagana. En el último período de su vida, el Hermano Carlos de Jesús, de forma espontánea, hace referencia al ejemplo de Priscila y Aquila para encontrar nuevos caminos de evangelización aptos para todo el mundo a través del amor mutuo. “Hagamos como Priscila y Aquila. Dirijámonos a los que nos rodean, los que conocemos, los que están cerca de nosotros, y empleemos nuestros mejores recursos. Con unos, el discurso, con otros, el silencio, con todos el ejemplo, la bondad, el cariño fraternal, haciéndonos cercanos a todos para ganarlos todos para Jesús. (Carta a José Horas, 28 de abril 1916). 

Ciertamente, esta evangelización llena de sencillez, sin cálculo, sin una planificación previa, no es una evangelización fácil. Es una evangelización abierta a la novedad que aporta las personas y los acontecimientos. Es radical porque nos orienta y dirige a la fuente de la vida cristiana y a la vivencia del Evangelio sin glosa. Si Carlos de Foucauld es un modelo y una referencia para la misión cristiana es, precisamente, por su unión a la fuente de donde brota la vida cristiana que no es otra que el mismo Dios.

EMÉRITO DE BARIA

Mensaje de la Asamblea Europea de la Fraternidad Sacerdotal

Queremos compartir en este mensaje algunos de los frutos importantes de nuestro encuentro....                                                                   

 
FRATERNIDAD SACERDOTAL IESUS CARITAS
MENSAJE DE LA ASAMBLEA EUROPEA

Verona, 20 al 27 agosto 2014

En el esplendido paisaje de Sezano, cercano a Verona, en medio de las viñas y los olivos, nuestra Asamblea ha reunido, del 20 al 27 de agosto, 19 delegados de 10 países representando a los 600 miembros de nuestras fraternidades de Europa, a los que dirigimos nuestro cordial saludo. Queremos compartir en este mensaje algunos de los frutos importantes de nuestro encuentro.

1. Estamos en camino con el pueblo de Dios, en tiempos nuevos: 
- Nuestras Iglesias de Europa deben afrontar la indiferencia religiosa de sus habitantes, sea porque poco a poco han abandonado la fe, o porque ignoran totalmente la gramática elemental del cristianismo. La Iglesia ha sido puesta de alguna manera en la periferia de la sociedad.

- Las sociedades mismas son desestabilizadas bajo los golpes del capitalismo financiero que ignora los valores humanos y la preocupación de preservar el medio ambiente.

- La realidad de las migraciones, para buscar trabajo o asilo político, la presencia cada vez más visible del islam en nuestras sociedades nos interpela y a veces nos inquieta.

- El ministerio del Papa Francisco está suscitando esperanza y confianza en todos, creyentes y no creyentes, y está estimulando nuevos caminos a las comunidades eclesiales.
2. Sacerdotes en camino con el pueblo de Dios, en esta nueva situación, reconocemos la actualidad del carisma del Hermano Carlos de Foucauld.
- El hermano Carlos, durante toda su vida, la pasión por Dios lo ha conducido a poner a Jesús, el Cristo, en el centro. Ha descubierto en la Eucaristía y en la Palabra de Dios el alimento esencial de su vida.

- El descubrimiento de la importancia salvífica de la vida escondida de Jesús de Nazaret lo ha conducido a una vida de gran simplicidad y de proximidad a los pobres.

- Su pasión por el Evangelio “que quiere gritar con toda su vida” lo ha conducido a privilegiar los encuentros, las conversaciones, la amistad y el deber de conocer la cultura del otro como camino para la misión. 

- Anticipadamente ha hecho propias las grandes intuiciones del Concilio Vaticano II que son la brújula de nuestra Iglesia: La palabra de Dios (DV); La Eucaristía como fuente y culmen (SC); La misión y el misterio de la Iglesia (LG); La humanidad concreta que hay que amar (GS).
3. Sobre las huellas del Hermano Carlos nos sentimos llamados a emprender decisivamente el camino que el Papa Francisco propone al pueblo de Dios:
- Llamados a enraizarnos en Cristo para que nuestras vidas tengan el sabor del Evangelio, redescubriendo el valor del “desierto”.

- Llamados a contribuir para que la Iglesia se ponga en “salida” y se haga más misionera.

- Llamados a privilegiar los encuentros, la escucha, el diálogo
- con el islam, las otras religiones y los no creyentes
- para así alcanzar “las periferias”.
- Llamados a tener un estilo de vida sencillo, que nos haga accesibles a los más pobres, cercanos al pueblo, impregnados del “olor a ovejas”.
- Llamados a conservar nuestro corazón abierto a las alegrías y angustias de nuestro mundo, atentos al trabajo del Espíritu Santo.
- Llamados a ser, como fraternidad, protagonistas de comunión en nuestros presbiterios, en el que hay diversas sensibilidades pastorales, marcados por la presencia de sacerdotes “venidos de lejos”.
Durante nuestra asamblea :
a) Nos hemos alegrado, en la acción de gracias, por la presencia entre nosotros de nuestro hermano Gíanantonio Allegri, recientemente liberado, después de 57 días de cautiverio en  manos de Boko Haram. Ha compartido “el tesoro escondido en el campo” de esta dura experiencia.
b) Hemos acogido la experiencia de las fraternidades del África francófona que acaban de vivir el mes de Nazaret, - son una esperanza - y recibido la llamada a reforzar nuestros vínculos e intercambios entre fraternidades de diversos continentes, que pueden enriquecernos compartiendo las preocupaciones comunes, como el diálogo con los musulmanes, (que será el tema de un próximo encuentro en Viviers del 13 al 17 de Julio de 2015) y a vivir la fraternidad en un contexto de violencia. Nos hemos puesto a la escucha de diversos testimonios (laicos, religiosos y religiosa) de la gran familia foucaldiana: esta experiencia nos ha convencido que debemos reforzar nuestros lazos con ellas, en fidelidad a las intuiciones del Hermano Carlos, que para la evangelización contaba
plenamente con la colaboración de los laicos.
c) En el contexto del centenario de la primera guerra mundial (1914
-18) hemos realizado una visita-peregrinación al monte Grappa, donde 25.000 soldados de todas las partes de Europa murieron en las batallas, y nos ha hecho sentir la llamada a profundizar en nuestra fraternidad la cultura comprometida con la paz, en la hora en que “los inútiles estragos de la guerra” (Benedicto XV en 1917), están repitiéndose a las puertas de Europa (Ucrania, Medio Oriente: de manera particular hemos oído la experiencia de un hermano iraquí, que nos ha involucrado en el relato del sufrimiento de su pueblo, pidiéndonos orar por él.
d) Ante los múltiples desafíos y la resistencia de nuestro tiempo, la palabra del Hermano Carlos nos impulsa: “las dificultades son el signo de que una cosa agrada a Dios. La debilidad de los medios humanos se convierte en fuente de fortaleza. Dios se sirve de los vientos contrarios para conducirnos a puerto”.

Ay de mí si no anuncio el Evangelio (1Cor 9,16)

 André Dupleix

"Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado" (Mt 28, 19). [...] La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación delmisterio de Cristo» (AG 5).

"El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!" (1 Co9,16). Esta exclamación del apóstol Pablo expresa bien, con realismo, lo que caracteriza a la evangelización desde los orígenes del cristianismo: transmitir las palabras y la enseñanza de Jesucristo y ser testigos de su presencia. Nadie puede llamarse discípulo de Jesús si no habla de Él, si no proclama su fe.

Lo mismo sucede con la Iglesia cuya vocación no consiste en anunciarse a sí misma o en dar testimonio de sí misma, sino en revelar a Dios al mundo, en llevar hasta Cristo y en transmitir el soplo del Espíritu, que la recorre, y el mensaje fundamental del Evangelio, que la estructura. La Iglesia tiene como fin no precisamente ni en primer lugar su equilibrio institucional interno, por mucho que tenga su importancia, sino su misión, que recibe permanentemente de Cristo: anunciar la Buena Nueva al mundo, con sus consecuencias espirituales, culturales y morales.
 

Leer el artículo completo en:

La doctrina del Vaticano II sobre el trabajo humano


Antonio Murcia Santos

Leemos en la Constitución Española (de 1978): “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia” (art. 35.1), y más adelante: “los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa… De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo” (art. 40.1).

Leemos también, en la prensa de hoy (17 de abril de 2013), que el Fondo Monetario Internacional empeora su previsión para España drásticamente: un 27 por ciento de paro en 2013. Esta horquilla de discursos y lecturas puede ilustrar bien la diferencia que media entre el papel mojado de las grandes palabras y el bofetón que la realidad social propina a quien quiera mirarla con un mínimo de objetividad. La violencia del bofetón adquiere sus reales proporciones cuando se calcula en las dimensiones universales del hambre y la miseria a que nuestro mundo condena a tantos millones de seres humanos.

¿Qué dice del trabajo la Iglesia? El n. 67 de la constitución pastoral Gaudium et spes recoge la respuesta estandarizada que el catolicismo oficial da a esta pregunta en la época contemporánea. Se nos dice: 1) que el trabajo, el factor humano, tiene prioridad sobre el resto de factores presentes en la actividad laboral y económica; 2) que ha de ser fuente de sustento del trabajador y de los suyos; 3) que ha de permitir el ejercicio de la caridad; que une al cristiano con el Creador y con el Redentor, de quien se dice que fue un trabajador; 4) que es un deber; 5) que es un derecho, que incluye la oportunidad de trabajar y la remuneración justa correspondiente; 6) que se realiza asociadamente; 7) que las leyes (económicas, del mercado) han de supeditarse al bien del trabajador; 8) que el trabajador tiene derecho al descanso y al tiempo libre… 

¿Quién habla y quién es su destinatario? Si preguntamos por la procedencia de estas tesis católicas sobre el trabajo humano nos encontraremos remitidos a diversas fuentes de una misma tradición. Es de origen bíblico la concepción del trabajo como un deber, mejor dicho, como un castigo, consecuencia de la
transgresión primordial adámica. De origen bíblico, igualmente, la idea del trabajo como un derecho, mejor dicho como una capacidad por la que el hombre se asemeja y colabora con su Creador. La referencia a la condición de trabajador manual aplicada a Cristo Redentor tiene su ubicación propia más en la teología medieval de los misterios de la vida de Cristo (su “vida oculta” en Nazaret) que en la tradición del Nuevo Testamento.

Los aspectos filosóficos y antropológicos del trabajo como fuente de realización humana son deudores del humanismo cristiano y del personalismo del siglo XX. Y la conexión ética entre el trabajo y el desideratum del “salario justo” es igualmente un tópico de la doctrina social eclesiástica, adecuación, a su vez, de la doctrina tomista sobre esta materia como respuesta a la cuestión social desde finales del siglo XIX. Un análisis más detallado, y que repasase el curso seguido para la redacción de este número de Gaudium et spes, confirmaría éstas y otras tesis de procedencia diversa que confluyen en la doctrina católica actual sobre el trabajo humano.

El mero hecho de que el Concilio se pronunciase sobre esta materia, en continuidad con la llamada “doctrina social” de los papas anteriores, se valoró como logro y mérito indiscutible, y el párrafo en cuestión fue saludado diciendo que “la simpatía del Concilio está de parte de los trabajadores y de su dignidad humana” (Rahner y Vorgrimler). Haciendo suyas algunas reivindicaciones tradicionales del movimiento obrero occidental, los padres conciliares entendían ser fieles a la intención programática que les guiaba: resonaban en su corazón “el gozo y la esperanza, las lágrimas y angustias del hombre de nuestros días, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos” (GS, 1).

Enlace al artículo completo publicado en el Boletín Iesus Caritas 179:
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-179.pdf#page=51

Medios invisibles de apostolado

Michel Lafón


Lo que me ha impresionado siempre y ante todo del Padre de Foucauld, es su apasionada voluntad por la salvación de los hombres, con todo lo que dice sobre: “El homónimo JesúsSalvador”.
 
Pero, de hecho, este hombre que tenía tanta pasión por la salvación de los hombres, choca, frente al Islam, con la imposibilidad de un apostolado directo.
 
Por esta circunstancia, para mí, su mensaje fue la respuesta a una situación, digamos de “pre-misión”, aunque la palabra no me satisface, y que actualmente se ha generalizado. En este concepto he encontrado respuesta a preguntas que uno se hace a partir de la situación en donde vivo: ¿Qué son estos hombres en relación con Cristo y qué podemos hacer por su salvación si no podemos predicar? 

1. Esto trae consigo primero una mirada respetuosa a losotros, con todo lo que conlleva de dulzura, de humildad, sin espíritu militante, etc.
 
2.- Una visión más mística que social de la gente que nos rodea, con su lazo invisible con Cristo y con la Iglesia.
 
“Ver a todo hombre revestido como de un manto por la sangre de Cristo".
 
“Ver en todo ser humano a Jesús”. Las expresiones del Padre de Foucauld tienen una profunda resonancia doctrinal. El Padre Peyriguére decía que el Padre de Foucauld era doctrina mezclada con ternura.
 
He descubierto que detrás del lenguaje del Padre de Foucauld y de lo que podría tomarse como algo sentimental había doctrina. 

3. Poner el acento sobre los medios invisibles del apostolado (sobre todo cuando no se puede poner en los medios visibles), es decir, poner toda la misión bajo el signo de Nazaret.
 
Con el testimonio silencioso que es también consecuencia del respeto.

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La ciudad como nuevo lugar de evangelización

ALESSANDRO CAPOFERRI (Traducido del italiano por Josefa Cordovilla)

Existen lugares que tienen aspecto de modernidad pero representan en su pequeñez un mosaico de los contrastes de la vida actual tan llena de tensiones y desgastes que minan el tejido de la sociedad. Son las ciudades que cada día se transforman en las llamadas “junglas” modernas, en las que los árboles son sustituidos por casas y los senderos por calles. Son lugares de
contradicción y tensión, de crecimiento y degradación, de desarrollo y de exclusión.
 
África no está libre de esta tensión. Al contrario, se puede afirmar que precisamente en África algunas de estas tensiones globales son más evidentes y descaradas. Bastaría visitar alguna de las grandes ciudades y su periferia, como Nairobi. Johannesburgo, Lagos u otras. 

La ciudad en África es hoy para la Iglesia un nuevo lugar de evangelización, sobre todo en algunas áreas donde la población está creciendo de manera exponencial. Se trata de las periferias formadas por los asentamientos ilegales (Slurns, baracopoli, squatter camps…). Ya hoy se calcula que el 72% de los habitantes urbanos en África vive en estos asentamientos, conforme la relación Suite of the World's Cities 2008-2009, publicado recientemente por UN Habitat, agencia de la ONU con sede en Nairobi, que estudia los fenómenos relacionados con los asentamientos urbanos y rurales mundiales. 

En este campo la Iglesia puede recuperar y orientar a la situación actual la rica tradición pastoral que desde siempre ha tenido una mirada atenta a la ciudad. Pensemos solamente en el camino de construcción de la Iglesia en los tiempos apostólicos, pensemos en los viajes de san Pablo y en cómo él mismo identificó la ciudad como centro de su ministerio, por lo que viajó hasta Roma, que era la ciudad símbolo y metáfora del poder, y que ha llegado a ser la ciudad centro y símbolo de la Iglesia.

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Sed sal y luz

Antonio Rodríguez Carmona

En las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12) Jesús nos enseña cuáles son las diversas características del que ha recibido de Dios Padre un corazón nuevo, filial y fraternal. Y a continuación nos dice que el que vive estas características es misionero por naturaleza, igual que la sal sala y la luz ilumina por naturaleza (Mt 5,13-16). “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres” (5,13). La sal sirve para dar sabor a los alimentos y para preservarlos de la corrupción. El cristiano, que ha recibido un corazón nuevo, vive una vida con sentido, con sabor, que libra de la corrupción, un tipo de vida atrayente que atrae a los demás. Y para ello no hay que hacer ningún cursillo, basta con ser sal, vivir la vida filial y fraternal con sus implicaciones. Pero si el corazón nuevo se desvirtúa, es tirado fuera y pisoteado por los hombres. Por lo mal que lo hacéis, el Nombre de Dios es despreciado entre las
naciones (Is 52,5; Ez 36,20), reprocha Dios a los judíos de la diáspora y a todos los que pisotean el corazón nuevo. “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa”. Lo propio de la luz es iluminar y calentar, y por su estrecha relación con la vida en el mundo semita también se la considera símbolo de vida. Realmente es Jesús la luz del mundo, que ilumina y da vida (Jn 8,12; 9,5.39). El cristiano, por el bautismo, ha quedado configurado con Cristo luz; por ello en el rito bautismal se le da una vela para significar la nueva situación. Pues si está configurado con Cristo luz, debe iluminar y dar vida, si no, es que no está configurado.

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http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-178.pdf#page=13