Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 176 (pág. 23)
Lo que, en mi opinión, todos necesitamos en mayor o menor medida es volver más concretamente al Señor Jesús, volver a él en las estrechas relaciones que él mantiene con la Iglesia.
Necesitamos replantearnos nuestra vida como la vida de unas mujeres que se han entregado a él. Es decir: aprender o reaprender la intimidad personal y activa del amor de Jesucristo: la caridad que llamamos «oración»; aprender o reaprender las responsabilidades del trabajo de Jesucristo, la caridad que ha de estar activa en un mundo al que Jesús ha dado derecho a ella: la caridad que llamamos «bondad»; aprender o reaprender la fecundidad de los que Jesucristo posee, la caridad que debe ser anunciada, ofrecida, obtenida: la caridad que llamamos «sufrimiento»
En el fondo, se trata de aprender a estar en y con la Iglesia, la esposa del Señor. No es más que la traducción al femenino de «hombre de Dios»...Estoy obsesionada por el doble misterio en medio del cual ha de transcurrir nuestra vida como una línea recta: El misterio de la caridad - el misterio de la Iglesia.
En la Iglesia, Esposa de Cristo, toda la humanidad está llamada a su amor...