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Meditación sobre el salmo 81




Meditación de Carlos de Foucauld publicado en el Boletín Iesus Caritas 193                                                     




En todas las páginas de sus libros, Dios nos recomienda a sus hijos pobres, a sus hijos desheredados, que escuchemos su voz, seamos los padres, los hermanos, los hijos de esos desgraciados; seamos su consuelo, su refugio, su asilo, su hogar, su casa paterna. De esa manera seremos los padres, los hermanos, los hijos de Jesús: su consuelo, su refugio, su ayuda, su hogar, su casa. No nos preocupemos de aquellos a quienes no les falta de nada, ocupémonos de aquellos a los que les falta todo, en quienes nadie piensa.
Seamos los amigos de los que no tienen amigos. Pensemos en las llagas de Lázaro, en lugar de hacer regalos al rico, por bueno que sea. Seamos los padres, los hermanos, los hijos de los abandonados, de los desheredados, de los
miserables, y seremos los padres los hermanos, los hijos de Jesús.

Amemos a los ricos porque también son hijos de Dios; pero no nos ocupemos de ellos porque no lo necesitan; ocupémonos de los pobres porque ellos necesitan de todo, y porque Jesús nos los ha legado no como hermanos, sino como Él mismo, a quien hay que cuidar, alimentar, vestir, consolar, santificar, salvar, en definitiva, amar. Ellos son “sus hermanos” nos dice, la familia que Él ha adoptado; la que nos ha legado. 

Es cosa nuestra ver si queremos aceptarla de su mano o rechazarla. Somos todos hijos del Altísimo! Todos... El más pobre, el más repulsivo, un recién nacido, un viejo decrépito, el ser humano menos inteligente, el más abyecto, un idiota, un loco, un pecador, el mayor pecador, el más ignorante, el último de los últimos, el que más repugna tanto física como moralmente es un hijo de Dios, un hijo del Altísimo, acompañado de un ángel de la guarda resplandeciente de belleza y poder. ¡Cómo debemos valorar a todo ser humano, cómo debernos amarle! Es hijo de Dios. Dios quiere que sus hijos se amen entre ellos como un tierno padre quiere que sus hijos se amen entre sí. Amemos a todo hombre, porque es nuestro hermano y porque Dios quiere que le miremos y le amemos muy tiernamente como tal, ¡pues es hijo del Dios bienamado y adorado! Porque es el precio de la sangre de Nuestro Señor, cubierto con su sangre como de un manto, amado por Dios y por Jesús hasta consumar por él el sacrificio del Calvario, amado de Dios hasta entregar a su Hijo, amado por Jesús, en asociación, en imitación, en unión, en conformidad perfecta con Dios, hasta inmolarse por él. 
Amemos a este hombre a quien Dios ama todos los instantes de su vida, a quien Él da, hasta el último minuto de su existencia, con paciencia y bondad infinitas, los medios para vivir eternamente en el cielo participando maravillosamente de la herencia divina. Estimemos, amemos desde el fondo del
corazón a todo hombre por Dios, nuestro Padre común.
Meditaciones sobre los salmos - Roma 1896”,
en Id y Evangelizar 100 (2016) 13

Carlos de Foucauld escribe de la Bienaventuranza de la pobreza

¡Cuán presto se hará pobre aquel que amándoos con todo su corazón, no podrá soportar ser más rico que su Bienamado!                

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¡Oh, mi Señor Jesús, he aquí esta divina pobreza! ¡Cuán necesario es que me instruyáis! ¡Vos la habéis amado tanto! Desde el Antiguo Testamento habéis mostrado por ella todas vuestras complacencias... En vuestra vida mortal habéis hecho de ella vuestra fiel compañera ... La habéis dejado en herencia a vuestros santos, a todos aquellos que quieren seguros, a todos aquellos que quieren ser vuestros discípulos ... La habéis enseñado por los ejemplos de toda vuestra vida, la habéis glorificado, beatificado, proclamada necesaria, por vuestras palabras... Vos habéis escogido a vuestros padres entre pobres obreros... Habéis nacido en una gruta sirviendo de establo; habéis sido pobre en los trabajos de vuestra infancia; los primeros que os adoraron fueron pastores ... En vuestra presentación en el templo se ofreció el don de los pobres... Habéis vivido treinta años como un pobre obrero, en este Nazaret que yo tengo la dicha de pisar, donde yo tengo la alegría indecible, profunda, inexpresable, la bienaventuranza de recoger estiércol... Después, durante vuestra vida pública, habéis vivido de limosna en medio de pobres pescadores, que escogisteis como compañeros... «Sin una piedra donde descansar la cabeza...» En aquel tiempo, habéis dicho a Santa Teresa, que frecuentemente habíais dormido al sereno, por falta de un techo bajo el cual cobíjaros... Sobre el Calvario habéis estado despojados de vuestros vestidos, y lo único que poseíais, los soldados se lo han jugado entre ellos... Habéis muerto desnudo y habéis sido enterrado de limosna por extraños... «¡Bienaventurados los pobres!» 

Mi Señor Jesús, ¡cuán presto se hará pobre aquel que amándoos con todo su corazón, no podrá soportar ser más rico que su Bienamado!... Mi Señor Jesús, ¡cuán presto se hará pobre aquel que, pensando que todo lo que se hace a uno de
estos pequeños, os lo hace a Vos y que todo lo que no se hace a ellos, se deja de hacer a Vos; aliviará todas las miserias que halle en su camino!... ¡Cuán presto se hará pobre aquel que recibirá con fe vuestras palabras: «Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y dáselo a los pobres... ¡Bienaventurados los pobres, pues cualquiera que haya dejado sus bienes por Mí recibirá aquí abajo el ciento por uno y en el cielo la vida eterna! ... », y tantas otras

Dios mío, yo no si es posible a ciertas almas veros pobres y permanecer voluntariamente ricas; verse más grandes que su Maestro, que su Bienamado, y no querer parecerse a Vos en todo, aun en lo que depende de ellas, y sobre todo en vuestras humillaciones; yo bien deseo que ellas os amen, Dios mío, pero, sin embargo, yo creo que falta alguna cosa a su amor y, en todo caso, yo no puedo concebir el amor sin una necesidad, una necesidad imperiosa, de conformidad, de parecido y sobre todo de participación, en todas las penas, en las dificultades y en todas las durezas de la vida... Ser rico a mis anchas, vivir cómodamente de mis bienes, cuando Vos habéis sido pobre. sin dinero, viviendo penosamente de un duro trabajo: Por mi parte, yo no puedo. Dios mío... yo no puedo amar así..; «No conviene que el servidor sea mayor que su Dueño, ni que la esposa sea rica cuando el Esposo es pobre, cuando Él es voluntariamente pobre, sobre todo porque Él es perfecto... Santa Teresa, cansada de las instancias que la hacían para que aceptase rentas para su monasterio de Ávila, estaba a veces a punto de consentir, pero cuando volvía a su oratorio y veía la Cruz, caía a sus pies y suplicaba a Jesús, desnudo sobre esta Cruz, de hacerle la gracia de no tener nunca rentas y ser tan pobre como Él... Yo no juzgo a nadie, Dios mío; los demás son vuestros servidores y mis hermanos, y yo debo amarlos, hacerles el bien y orar por ellos; pero para mí me es imposible comprender el amor, sin la busca de la semejanza y sin la necesidad de participar todas las cruces...  

Y, por otra parte, sus bienes son inmensos; el pobre que no tiene nada, que no ama nada sobre la tierra, ¡tiene el alma bien libre'!... Todo le es igual: que se le envíe aquí o allá poco le importa; no tiene ni quiere nada en ninguna parte... Encuentra por todas partes a Aquel de quien solo espera todo. Dios, que le da siempre, si es fiel, lo que es mejor para su alma... ¡Qué libertad la suya! ¡Cuán ligero está su espíritu para subir al Cielo! ¡De qué manera nada entorpece a su alma! ¡Cómo sus pensamientos, desligados de todos los lazos terrenos, vuelan puros hacia el Cielo! ¡Cómo los pensamientos de las cosas materiales, pequeñas o grandes (pues las pequeñas, aun las más pequeñas, turban tanto como las grandes), le molestan poco en su oración!... ¡Todo esto no existe para él!...

«A esto es a lo que habéis llegado en la Santa Baume, bendita Santa Magdalena: Esa voz que Jesús me ha entregado para enseñarme la pobreza, yo la siento... La pobreza completa, perfecta, que no es solamente «no tener nada de más como posesión, ni en uso, que lo que tenga un pobre obrero», como yo he hecho el voto y lo pido a imitación de Jesús... Es más que esto la completa pobreza, es la pobreza de espíritu que habéis proclamado bienaventurada, mi señor Jesús, que hace que todo lo material sea totalmente indiferente, que se rompa con todo, lo mismo que Santa Magdalena en la Santa Baume; que no deje ninguna, ninguna atadura y lo deje todo por Dios sólo. Dios lo llena entonces y reina sólo; lo ocupa enteramente y le pone por encima de Él, por Él, para Él, el amor de todos los hombres, sus hijos. El corazón no conoce ni contiene más que estos dos amores; el resto no existe para Él y vive sobre la tierra como sino existiera, en continua contemplación de lo único necesario, del solo Ser y en intercesión por aquellos que el corazón de Dios quiere tanto amar...  

Mi Señor Jesús, dignaos hacerme Vos mismo esta meditación. Sois Vos el que habéis dicho: «No conviene que el discípulo sea mayor que el Maestro... » Vos me ordenáis por esto no estar por encima de Vos a los ojos de los hombres, en la vida de este mundo... ¿Cómo será necesario que yo practique la abyección?...

-Observa primeramente que después de haber dicho «el discípulo no será mayor que el Maestro», Yo he añadido: «Pero es perfecto si es semejante a su Maestro». Así, pues, no quiero que estés por debajo de lo que yo he estado, no quiero tampoco que seas inferior...Si existen excepciones, no es precisamente para ti, a quien tantas veces te he dado por vocación mi perfecta imitación, imítame, e imítame a Mí sólo... Procura, pues, ser a los ojos del mundo lo que Yo era En mi vida de Nazaret, ni más ni menos. Yo he sido pobre obrero, viviendo del trabajo de mis manos; he pasado por ignorante e iletrado; tenía por padres, prójimos, primos, amigos, a pobres obreros como Yo, artesanos y pescadores; les hablaba de igual a igual; estaba vestido y alojado como ellos, comía como ellos cuando estaba entre los mismos ... Como todos los pobres, estaba expuesto al desprecio, y es por lo que Yo, que no era a los ojos del mundo más que el pobre «Nazareno», por lo que fui tan perseguido y maltratado en mi vida pública, que cuando hablé la primera vez en la sinagoga de Nazaret quisieron despeñarme; que en Galilea se me llamaba Belcebú y en Judea demonio y poseído; que se me trataba como impostor y seductor y que se me hizo morir sobre el patíbulo entre dos ladrones. Se me miraba como un vulgar ambicioso... Pasa por esto que Yo he pasado, hijo mío;por ignorante, pobre, de nacimiento vulgar; para que lo seas realmente, sin inteligencia ni talento, ni virtud; busca en todo las ocupaciones más bajas; cultiva, sin embargo, tu inteligencia en la medida en que tu director espiritual te lo ordene; pero que esto sea a escondidas e ignorado del mundo. Yo era infinitamente sabio, pero se ignoraba; no temas instruirte, es beneficioso para tu alma; instrúyete con celo para ser mejor, para conocerme y amarme más, para conocer mejor mi voluntad y hacerla, y también para parecerte a Mí, la Ciencia perfecta; sé muy ignorante a los ojos de los hombres y muy sabio en la cienciadivina al pie de mi Sagrario... Yo era humilde y desdeñado sin medida; busca, pide las ocupaciones que te humillen más: recoger estiércol, cavar la tierra, todo lo que exista de más bajo y vulgar; cuanto más pequeño seas en este sentido más te parecerás a Mí... ¿Que se te mira como loco? ¡Mejor! Agradécelo infinito: a Mí se me trataba lo mismo; es un parecido que Yo te doy... ¿Que te tiran piedras, que se burlan de ti, que te dicen injurias en las calles? ¡Tanto mejor! Agradécemelo; es una gracia infinita que te hago, pues a Mí ¿no me hicieron otro tanto? ¡Cómo debes considerar te dichoso si Yo te doy este parecido! Pero no hagas nada para merecer este trato de excéntrico y extraño; [...]Haz todo lo que Yo habría hecho, todo lo que hice; no hagas más que el bien, pero dedícate
a los trabajos más viles, los más humillantes; muéstrate en todo por tus vestidos,
tu alojamiento, tus cortesías obsequiosas y fraternas para con los pequeños, al igual de los más humildes... Oculta con cuidado todo lo que pueda elevarte a los ojos del prójimo...  

[Escritos Espirituales de Carlos de Foucauld. 
Ermitaño del Sahara - Apóstol de los Tuareg
(Madrid 1958) 82-87]