Enrique González Lorca
Desde hace seis años la Fraternidad de Jesús viene compartiendo los días del triduo pascual con la comunidad parroquial de Ntra. Sra. de la Piedad de Perín de Cartagena acompañados por la presencia de hermanos y hermanas de la Comunitat de Jesús.
A continuación expresamos algunas de las notas distintivas que dan sentido profundo a la vivencia de la Pascua en esta experiencia y que pensamos que coinciden con la llamada a una celebración viva y auténtica que nos hace el Concilio Vaticano II.
La constitución conciliar «Sacrosanctum concilium»
Misterio pascual es una expresión y una categoría teológico-litúrgica que no se había usado en un documento magisterial de la Iglesia oficial hasta la llegada del Vaticano II. He aquí una de las paradojas sorprendentes con que nos encontramos en la historia y evolución de la teología, la liturgia y la espiritualidad. Lo que desde el Vaticano II se ha convertido en piedra angular de la reflexión litúrgica y del lenguaje celebrativo, se hallaba ausente de los grandes documentos papales, de los textos o manuales de teología y de los libros de piedad anteriores al Concilio. El término en cuanto tal tampoco aparece en el Nuevo Testamento (ni en el Antiguo).
En la constitución sobre la sagrada liturgia del Vaticano II, la expresión misterio pascual aparece ocho veces. Y no sólo eso. Se halla situada en los pasajes centrales de este documento capital del último concilio. Es una categoría que vertebra toda la doctrina conciliar sobre lo que es la liturgia. En torno a ella gira la enseñanza de la Sacrosanctum concilium sobre la celebración de la Iglesia.
La Sacrosanctum concilium comienza su capítulo I partiendo de la cristología y afirmando que Cristo realizó la obra de redención «principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión» (SC 5). Por este misterio, «con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró la vida» (prefacio de Pascua). Seguidamente se hace la aplicación de esta cristología a la sacramentalidad y a la liturgia: «Por el bautismo los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con él, son sepultados con él y resucitan con él; reciben el espíritu de adopción de hijos, por el que clamamos: Abba, Padre, y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre (Rom 6,4; Ef 2.6; Col 3,1; 2Tim 2,11). Asimismo cuantas veces comen la cena del Señor proclaman su muerte hasta que vuelva» (SC 6).
Misterio pascual y eucaristía. La Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual celebrando la eucaristía. «La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los actos de la vida sean santificados por la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, del cual todos los sacramentos y sacramentales reciben su fuerza» (SC 61).
La Pascua de Jesús, centro y fuente de vida cristiana. El Tiempo Pascual comprende cincuenta días, vividos y celebrados como un solo día:
"Los cincuenta días que median entre el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo" (Normas sobre el calendario, n. 22).
Enlace al artículo completo publicado en el Boletín Iesus Caritas 179:
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-179.pdf#page=57
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-179.pdf#page=57