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Perlas en el Desierto

Este libro ofrece unas reflexiones que inciden en que no habrá evangelización posible si no hay evangelizadores a la altura de lo que pide hoy la historia.                         

Publicado en:

BOLETÍN IESUS CARITAS 199


Un libro... Un amigo


 

AUTOR: ANTONIO GARCÍA RUBIO

TÍTULO: Perlas en el desierto. Evangelizar hoy con el latido de Carlos de Foucauld.

FECHA DE EDICIÓN: 2018 LUGAR: Madrid.

EDITORIAL: PPC; 288 páginas.






Este libro ofrece unas reflexiones pastorales muy oportunas para este momento de la vida de la Iglesia. Reflexiones que inciden en este aspecto necesario y prioritario: no habrá evangelización posible si no hay evangelizadores a la altura de lo que pide hoy la historia. Estos pensamientos son producto del encuentro con el beato Carlos de Foucauld y meditación de su espiritualidad. Humildemente -dice el autor-, con este hombre del desierto se pueden iniciar caminos nuevos de evangelización y de espiritualidad en este siglo XXI.

Escuchemos, pues, al eremita del desierto y sus preciosas perlas con las que poner en marcha lo que los monjes llaman la «obra de Dios». Tarea compleja, pero no imposible. Escribe el autor en las primeras páginas del libro.: «Demasiado activismo. Quizá me he dedicado a las cosas de Dios y me he olvidado de Dios». Hasta que entró en su vida la pequeña figura del beato Carlos de Foucauld, García Rubio recoge su legado y elabora a partir de él doce perlas en las que reconocer el momento pastoral que está atravesado la Iglesia hoy, para «iniciar caminos nuevos de evangelización y de espiritualidad en este siglo XXI, llamado a ser místico o no ser». Un libro excelente para nuestros grupos y fraternidades.

MARÍA DEL CARMEN PICÓN SALVADOR

Boletín Iesus Caritas 199: Iglesia pobre con los pobres

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/199/Iesus-Caritas-199.htm

La vuelta al Evangelio nos sitúa inevitablemente en mirar la vida desde abajo con los sentimientos y esperanzas de los más pobres..



 Editorial


No tengo ni oro ni plata; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar” (Hch 3,6)
Octubre - Diciembre de 2.018


LÁZARO, EL HOMBRE POBRE Y ENFERMO, PARADIGMA DE BASTANTES SITUACIONES ACTUALES.

Al programar este número de nuestro BOLETÍN pensamos en presentar el misterio de la Iglesia subrayando dos aspectos insoslayables de su propia identidad y misión como son su identidad en total abandono en las manos de Dios («No llevéis para el camino ni bastón ni alforjas, ni pan ni dinero, ni tengáis dos túnicas» Lc 9,3) al tiempo que su presencia pobre en medio de los pobres («No tengo oro ni plata; pero te doy lo que tengo» Act 3,6). La vuelta al Evangelio supone, sin duda, una revolución interior, que cambia nuestra manera de pensar y sentir al tiempo que nos sitúa inevitablemente en mirar la vida desde abajo con los sentimientos y esperanzas de los más pobres. Mucho se ha hablado de que el cristiano “ha de hacerse pobre” y el camino de abajamiento no es otro que hacerse pobre, vivir pobremente y compartir la vida con los que no tienen, no saben y no pueden. Se deduce que aquí no hablamos sin más de “ayudar a los pobres” sino de aceptar nuestra pobreza, en caso de que estemos socialmente en este lugar, o iniciar un camino que nos haga pobres.
 
Jacques Loew definía al pobre en el retiro que predicó en su día a Pablo VI y la Curia vaticana como «el que siempre escucha y su voz no es escuchada jamás». De esa pobreza, que se acerca al enfoque lucano, es la que queremos tener presente aun a sabiendas de las lagunas que impone una publicación impresa. Nos ayuda a comprender nuestra intención el Papa Francisco que el pasado 6 de julio de 2018, una vez más, con motivo del quinto aniversario de su visita a la isla de Lampedusa habló de la cultura del descarte que aplasta a pobres y mi  grantes: «¡Cuántos pobres son hoy aplastados! ¡Cuántos pequeños resultan exterminados! Son todos víctimas de esa cultura del descarte que en cada vez se denuncia más». El Papa prosiguió diciendo: «Hace cinco años, recordando a las víctimas de los naufragios, durante mi visita a Lampedusa, me hice eco de este permanente llamado a la responsabilidad humana: ‘¿Dónde está tu hermano? La voz de su sangre llega hasta mí’, dice el Señor Dios».
    
Francisco explicó que «no se trata de una pregunta que se les plantee a otros: es una pregunta que se me hace a mí, a cada uno de nosotros». En realidad, matizó el Papa, «debería hablar de muchos silencios: el silencio del sentido común, el silencio del “siempre se ha hecho así”, el silencio del “nosotros” siempre contrapuesto al “vosotros”. Sobre todo, el Señor necesita de nuestros corazones para manifestar el amor misericordioso de Dios por los últimos, los rechazados, los abandonados, los marginados».
   
En nuestro sumario echamos en falta muchos grupos humanos que viven en la pobreza: ancianos con ayudas del Estado miserables, gentes sin techo, enfermos mentales, inmigrantes, enfermos crónicos y terminales, parados o empleados sin un salario decente, y un largo etcétera que te invitamos a completar en el momento de la lectura de los artículos que te ofrecemos. Nos puede ayudar mucho la reflexión que ofrecemos sobre el magisterio del Papa Francisco y la recuperación de escritos de tres amigos que gozan ya de la presencia del Señor como son Luigi Rey, Francisco Clemente y la recientemente fallecida Hermanita Annie de Jesús.
    
La publicación de este número coincide con el L aniversario de la fundación de la Comunitat de Jesús y Pablo VI y Óscar Arnulfo Romero acaban de ser canonizados. Recordamos, de modo especial, la amistad y cercanía del Papa Pablo VI con la Fraternidad y su amistad con J. Maritain, sus visitas a Tre Fontane o su trato fraterno con R. Voillaume, Carlo Carretto y tantos otros hermanas y hermanos.
   
Agradecemos a la Hna. Helen David las ilustraciones de las portadillas del Boletín publicadas anteriormente en el libro de HENRI NOUWEN, Caminar con Jesús (Santander 1997).
  
MANUEL POZO OLLER

199: Iglesia pobre con los pobres


“No tengo ni oro ni plata; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar” (Hch 3,6)

Octubre - Diciembre de 2018


Sumario
                                                                                             


 



Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 199

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/199/Iesus-Caritas-199.htm



No hablamos sin más de “ayudar a los pobres” sino de aceptar nuestra pobreza o iniciar un camino que nos haga pobres.                                                                                                                                                                                                                                                                                                   






Año 2.018
(Octubre - Diciembre)


IGLESIA POBRE CON LOS POBRES



"No tengo oro ni plata; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar... " (Hch 3,6)


Al programar este número de nuestro BOLETÍN pensamos en presentar el misterio de la Iglesia subrayando dos aspectos insoslayables de su propia identidad y misión como son su identidad en total abandono en las manos de Dios («No llevéis para el camino ni bastón ni alforjas, ni pan ni dinero, ni tengáis dos túnicas» Lc 9,3) al tiempo que su presencia pobre en medio de los pobres («No tengo oro ni plata; pero te doy lo que tengo» Act 3,6). La vuelta al Evangelio supone, sin duda, una revolución interior, que cambia nuestra manera de pensar y sentir al tiempo que nos sitúa inevitablemente en mirar la vida desde abajo con los sentimientos y esperanzas de los más pobres. Mucho se ha hablado de que el cristiano “ha de hacerse pobre” y el camino de abajamiento no es otro que hacerse pobre, vivir pobremente y compartir la vida con los que no tienen, no saben y no pueden. Se deduce que aquí no hablamos sin más de “ayudar a los pobres” sino de aceptar nuestra pobreza, en caso de que estemos socialmente en este lugar, o iniciar un camino que nos haga pobres.

Jacques Loew definía al pobre en el retiro que predicó en su día a Pablo VI y la Curia vaticana como «el que siempre escucha y su voz no es escuchada jamás». De esa pobreza, que se acerca al enfoque lucano, es la que queremos tener presente aun a sabiendas de las lagunas que impone una publicación impresa. Nos ayuda a comprender nuestra intención el Papa Francisco que el pasado 6 de julio de 2.018, una vez más, con motivo del quinto aniversario de su visita a la isla de Lampedusa habló de la cultura del descarte que aplasta a pobres y migrantes: «¡Cuántos pobres son hoy aplastados! ¡Cuántos pequeños resultan exterminados! Son todos víctimas de esa cultura del descarte que en cada vez se denuncia más». El Papa prosiguió diciendo: «Hace cinco años, recordando a las víctimas de los naufragios, durante mi visita a Lampedusa, me hice eco de este permanente llamado a la responsabilidad humana: ‘¿Dónde está tu hermano? La voz de su sangre llega hasta mí’, dice el Señor Dios».

Francisco explicó que «no se trata de una pregunta que se les plantee a otros: es una pregunta que se me hace a mí, a cada uno de nosotros». En realidad, matizó el Papa, «debería hablar de muchos silencios: el silencio del sentido común, el silencio del “siempre se ha hecho así”, el silencio del “nosotros” siempre contrapuesto al “vosotros”. Sobre todo, el Señor necesita de nuestros corazones para manifestar el amor misericordioso de Dios por los últimos, los rechazados, los abandonados, los marginados».

Boletín Iesus Caritas 198: Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional



http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/198/Iesus-Caritas-198.htm


Si hacemos caso a lo que dice la sociología descriptiva, podríamos destacar tres valores fundamentales en la juventud actual de nuestro entorno.



 Editorial



Jóvenes, os he escrito porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros" (1Jn 2,14)
Julio - Septiembre de 2.018


TRES VALORES DE LA JUVENTUD ACTUAL
 
Si hacemos caso a lo que dice la sociología descriptiva, podríamos destacar tres valores fundamentales en la juventud actual de nuestro entorno. En cada uno de ellos intentaré, por un lado, describir lo que significa; por otro, detectar su ambigüedad; y, finalmente, reconocer su valía y lo que tiene de interpelación. 
 
En primer lugar, está el deseo de ser libres («Be free»). Desde siempre, la juventud ha simbolizado el ímpetu de la libertad, pero también es cierto que los jóvenes de hoy ofrecen unas características peculiares: han nacido y crecido en la democracia, en libertad (los que nacieron en 1.975 tienen ya más de 40 años). No conocen otro horizonte político ni otro entorno cultural. y como, además, viven sin las penurias económicas de décadas pasadas, su libertad implica también la posibilidad de ejercer el consumo con bastante eficiencia.
 
Valoran profundamente la libertad, hasta el punto de no poder imaginar una vida en la que ella esté ausente; pero en realidad no está claro que la ejerzan, en parte quizá porque la dan por supuesta, no han tenido que luchar por ella. Se ha hablado de que nuestro mundo nos ofrece una cierta «sensación de libertad» que, a la vez, atrofia nuestra capacidad de ejercer esa misma libertad.
 
La ambigüedad en el modo juvenil de situarse ante la libertad es clara: una libertad ala carta, centrífuga, sin compromisos estables, desvinculada del bien común... Una libertad -de, pero no una libertad- para. Una libertad sin proyecto propio, víctima fácil de todo tipo de manipulación. De acuerdo. Pero el reto está ahí: nunca la sociedad podrá acercarse a los jóvenes si no mira de frente sus ansias de libertad, aunque necesariamente sea para purificarlas y hacerlas más auténticas, encarnadas y radicales. A este propósito recuerdo un conocido, al tiempo demoledor, chiste de Forges, en el que un joven reflexiona en solitario: «Soy libre... puedo elegir el banco que me exprima; la cadena de televisión que me embrutezca; la petrolera que me esquilme; la comida que me envenene; la red de telefonía que me time; el informador que me desinforme y la opción política que me desilusione. Insisto: soy libre».
 
Tener experiencias («puenting»): otro de los valores esenciales de nuestra juventud. Romper el aburrimiento, hacer algo, vivir lo instintivo, hacer caso a los impulsos inmediatos, disfrutar, no tener que dar razones para hacer lo que me apetece... eso es un valor para los jóvenes (por mucho que a los adultos pueda desconcertarles o molestarles). Ahí están los deportes de riesgo o de aventura, la pluralidad de experiencias, el interés por experiencias religiosas diferentes, los nuevos juegos animados por ordenador...
 
Alguien ha dicho que la juventud actual no se orienta por brújula, sino por radar. Es decir, que no tiene un norte fijo al que seguir, sino que más bien experimenta distintas cosas, prueba, recibe estímulos diversos... y, a partir de ahí, intenta sacar sus propias conclusiones provisionales para seguir avanzando. Podrá gustar más o menos, pero es un dato incontestable que está ahí y que no debemos olvidar. Y es, además, un reto permanente para la sociedad, que deberá ofrecer a los jóvenes algo que experimentar (¡algo que ella misma ha experimentado!), y no meramente ideas, historias pasadas o buenos deseos.
 
Obviamente, este hecho tiene también unas consecuencias dramáticas para los propios jóvenes, pues al verse sometidos a un nivel tal de excitación (sobreexcitación), encuentran cada vez más difícil acceder a alguna experiencia gratificante. La dinámica de buscar experiencias siempre nuevas y cada vez más llamativas corre veloz, de la mano acechante del desencanto. Ahí tenemos otro desafío para hacer personas libres y responsables.
 
Quizá el símbolo juvenil por excelencia de este momento sea el teléfono móvil («Connecting people»). Desde siempre los adolescentes y jóvenes se han mandado mensajes en el colegio a espaldas de los profesores; pero, con la ayuda de la técnica, la cosa ahora es mucho más eficaz: se ofrece al joven la oportunidad de estar conectado con sus amigos, de mandarles un mensaje, de «darles un toque» (aunque el contenido sea en sí insustancial; lo importante es la sensación de saberse conectados).
 
En medio del anonimato (y de la soledad), el teléfono móvil, las macrofiestas, Internet, el correo electrónico, los conciertos de música pop y, especialmente, los macrofestivales veraniegos, el «chateo», el botellón o los programas interactivos de televisión ofrecen otras tantas oportunidades de encontrarse con otros, de sentirse acompañado, de experimentar vínculos (aunque sean virtuales).
 
Conclusión
Si necesaria y útil es la reflexión sobre los jóvenes desde todos los campos del saber, sin duda alguna, se hace necesario dejar de hablar de los jóvenes para que éstos sean en responsabilidad los verdaderos constructores de su historia
personal. 
MANUEL POZO OLLER.

198: Lo jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/198/Iesus-Caritas-198.htm#page=5
"Los jóvenes, la Fe y el Discernimiento vocacional"
“Jóvenes, os he escrito porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros” (1Jn 2,14)
Julio - Septiembre de 2018

Sumario
                                                                                             


 


Boletín Iesus Caritas 197: Búsqueda del silencio interior en la ruidosa ciudad


http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/197/Iesus-Caritas-197.htm


Las circunstancias no siempre favorables para alejarse de todo y adentrase en el desierto hacen a muchos interrogarse sobre cómo buscar y hallar a Dios.



 Editorial



"Búsqueda del Silencio interior en la ruidosa Ciudad"
“El que cree en Mí, de sus entrañas manarán ríos de agua viva” (Jn 7,38)
Abril - Junio de 2.018


EL DESIERTO: ENCUENTRO CON DIOS
Con el título El Desierto en la Ciudad apareció publicado en España el libro del Hno. Carlo Carretto el año 1.979 siendo traducción del original italiano Il deserto nella città. La intención del autor es «ayudar a quienes, comprometidos y sobrepasados por el trabajo, si se les habla de oración, dicen; no la hago... no tengo tiempo... no sé cómo hacer».  
 
Sin duda que el gran amor de Carlo Carretto fue el desierto del Sahara, el verdadero desierto, el de arena y estrellas que, como escribe, «no se habría apartado nunca de él si la obediencia no le hubiera mandado ir más lejos». Su estancia en Hong-Kong le hizo ampliar su experiencia e interrogarse escuchando a los jóvenes sobre la experiencia de desierto como encuentro con Dios. Él mismo cuenta el enriquecimiento de su visión de las cosas en su libro citando una reunión celebrada con jóvenes cuando uno de los presentes le interpela del modo siguiente: «Estás tan entusiasmado con el tiempo que has pasado en el Sahara, que da la impresión de que aquella soledad es algo único. Yo no puedo ir allí. ¿Qué tengo que hacer entonces? Encontrar a mi Dios en el babel de mi ciudad. ¿Cuál es el camino que tengo que recorrer? ¿Hay posibilidad? Si la hay, te pregunto una cosa: ¿Por qué no escribes un libro que nos ayude a hallar nuestro desierto en la ciudad?» (2)
 
En efecto las circunstancias no siempre favorables para alejarse de todo y adentrase en el desierto hacen a muchos interrogarse sobre cómo buscar y hallar a Dios sin escapar de las obligaciones de la ciudad. Este es el planteamiento del joven citado más arriba. El Hno. Giorgio Gonella, en Nueva York, en el año 2.003, nos ayuda a encontrar respuesta a nuestro interrogante con un testimonio de vida cuando narra: «Freddy, un vagabundo que en estos días comía a menudo con nosotros tenía los pies tan hinchados por el alcohol que sólo podía calzar un viejo par de zapatos negros y sin lazos. Los arrastraba casi como si fueran pantuflas. Y, sin embargo, la serenidad de su rostro me hablaba a menudo de Dios, del Dios de Jacob, aquel que es amigo de los humillados, aquel que se sienta a discutir larga, interminablemente con ellos. Ahora que ha muerto, asesinado por una puñalada, imagino un icono de Freddy con sus viejos zapatos gastados en las manos. En este desierto de la miseria humana he caminado a menudo al ritmo arrastrado de los zapatos de Freddy y de tantos como él. Confiaba en ellos. Son guías seguros. Desierto... ciudad. Ciudad... desierto. Las sandalias del peregrino, las pantuflas del vagabundo. Carlo Carretto comprendió que no se trataba de dos viajes diferentes, sino del mismo viaje. De aquí nació el libro El Desierto en la Ciudad».
 
En consecuencia, el desierto lo hallamos en cualquier parte incluida la ciudad, con sus pros y contras. Para adentrarnos en él hay que saber amar y no olvidar nunca que el desierto no es ausencia ni huida del hombre sino presencia de Dios para mirar con sus ojos a la humanidad entera.
 
En el Boletín que presentamos con conciencia de su limitación y con la esperanza de que sea útil para renovar nuestra condición de peregrinos y buscadores de Dios en medio de la ciudad secular recordamos con León Felipe: «Ser en la vida romero, romero ..., sólo romero./ [...] Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo./Pasar por todo una vez, una vez solo y ligero». 
 
Un excelente elenco de colaboradores han hecho posible que nuestras secciones sean de excelencia con artículos extraordinarios de Antonio Rodríguez Carmona, Giorgio Gironella, José Mejías, Jacqueline Rouillard, Dolores Alexaindre, José Luis Vázquez Borau y Juan Martín Velasco. Un regalo de última hora: la publicación de Espiritualidad del Desierto de Gisbert Geshake.
 
MANUEL POZO OLLER,
Director
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(2) CARLO CARRETTO, El desierto en la ciudad (Madrid 1979) 20-21.