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Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 196

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/196/Iesus-Caritas-196.htm


El Boletín publica una carta que el P. René Voillaume escribió en Roma a las puertas de la apertura del Concilio, que lleva por título «Al encuentro de Cristo».                                          
                                                                                               





Año 2.018
(Enero – Marzo)


RENÉ VOILLAUME: MAESTRO DE VIDA ESPIRITUAL
“Un Camino de Oración en la Vida

 Orar sin cesar” (1Ts 5,17)

El año pasado de 2017 dedicamos uno de nuestros números a la Hermanita Magdeleine (1898-1989), fundadora de la Congregación de las Hermanitas de Jesús (Cf. BOLETÍN IESUS CARITAS, Octubre-diciembre 2017), como prolongación del Centenario de la muerte del beato Carlos de Foucauld (1 diciembre 1916). Continuando con esta línea editorial dedicamos ahora un número a René Voillaume (1905-2003), fundador de la Congregación de los Hermanitos de Jesús (1933) y Hermanos (1956) y Hermanas del Evangelio (1963) además de ser el impulsor, junto a la Hermanita Magdeleine, de varias asociaciones y movimientos sacerdotales y de laicos.

La obra y el pensamiento de R. Voillaume ha sido muy difundida, sobre todo en los años que precedieron y siguieron a la celebración del II Concilio del Vaticano, y ha influido en generaciones de bautizados que buscaban vivir el Evangelio con radicalidad al tiempo que hermosear el rostro de la Iglesia. Recientemente se ha reeditado su magna obra, «En el corazón de las masas» (2011), traducida a lengua española. Muchos de sus libros están en las estanterías de bibliotecas de sacerdotes de mediana edad hacía arriba. No procedía, por tanto, editar lo que con facilidad se puede hallar en páginas web y archivos. El Consejo de Redacción pensó editar, salvando las distancias que genera el paso del tiempo, una carta que el P. René Voillaume escribió en Roma el 15 de noviembre de 1958, a las puertas de la apertura del Concilio, que tenía como destinatarios a los Hermanitos que lleva por título «Al encuentro de Cristo» y cuyo contenido es la oración y, más en concreto, la adoración ante el Santísimo Sacramento. El P. Voillaume escribió, siendo válida la reflexión para las Congregaciones fundadas por él, del siguiente tenor la vocación de Hermanito o Hermanita: «Podemos por lo tanto definir la vocación de las Hermanitas del Evangelio: que es una vida contemplativa totalmente centrada sobre el misterio de la presencia Eucarística, y a la vez dada, entregada sin reserva ni repliegue sobre sí misma a la evangelización de los más pobres o más alejados de la Iglesia» de tal suerte que «vivir una vida eucarística no es sólo creer en este misterio y adorarlo, sino ser configurado a Cristo».

El texto del que nos hemos servido para nuestra edición fue publicado en agosto de 1960 traducido por R. Navarrete como edición privada del Seminario de Málaga (España). Como es normal en estos casos el lector se encuentra con un texto propio de una época pretérita con pequeñas modificaciones de estilo que nos hemos permitido en el Consejo de Redacción en un intento de mejorar el texto y hacerlo más inteligible.

Para aliviar la lectura del texto y, llegado el caso, compartir la lectura del texto en el equipo de reflexión, ofrecemos unas preguntas bajo el epígrafe «Reflexionar, orar y compartir». Ciertamente que los laicos deberán hacer una lectura actualizada a su situación concreta ya que, como venimos diciendo, el texto se dirige a bautizados que han optado por vivir en común su seguimiento de Cristo en una Congregación Religiosa.

Una teología de la educación



Sabemos que mañana no será jamás como ayer, pero no sabemos de qué será hecho este mañana.                                                      

Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 194
 
 
 
Hoy me encuentro en un giro de mi vida, que no me esperaba... no lo tomo como una fatalidad que debo soportar pero sino como un interrogante y una oportunidad nueva para seguir en adelante, en este camino en donde Dios me acompaña.
 
Percibo que esta crisis personal es un poco como este mundo que se mueve alrededor de nosotros, este mundo en crisis donde nuestra civilización está cambiando. Sabemos que el modelo que conocíamos se derrumba y sabemos que mañana no será jamás como ayer, pero no sabemos de qué será hecho este mañana, entonces dos caminos se abren para nosotros.
 
El primer camino es el de la resignación, del lamento, a lo mejor de la apatía o a lo peor de la depresión, repitiendo: “Antes era mejor” o “¿Qué va a pasar?”. Es evidente, como sucede a menudo, que los dos caminos se entrelazan y se ve claramente que ese primer camino está bien presente en nuestro entorno. Lo vemos en la pérdida de confianza que los jóvenes pueden tener en las instituciones y en los adultos; en la ansiedad frente al futuro, en la perdida de la socialización o en el temor de no conseguir a integrarse profesionalmente.
 
El segundo camino es el de la esperanza, el de la confianza y el de todos los posibles. Es en este, estoy seguro, donde Dios nos quiere; me atrevería a decir en donde Dios nos espera para edificar algo distinto; en donde nos llama: “Ven te necesito para edificar mi Reino”. Este camino puede ser bien oscuro, una tierra desconocida que tendremos que desbrozar con todos los falsos pasos y las dudas que se presentan, pero es el único camino en el cual, yo lo creo, podremos encontrar la felicidad.
 
En el momento de prepararme a mi compromiso me he preguntado lo que he querido transmitir a mis hijos, como valores que me motivaron para ser padre. Pienso que se podría resumir en el deseo de practicar “una teología de la educación”. 
 
En primer lugar me gustaría enseñar a mis hijos a transformarse en adultos libres, capaces de optar por elecciones que asumirán después de madurarlas.  
 
Me gustaría que en este camino para transformarse en adultos, pudieran encontrar a Dios, saber que Él les acompaña tanto en los momentos de tempestad como en los de alegría. Que lo encuentren en la interioridad de la oración, en el canto, en la contemplación de un paisaje como en el encuentro con el otro. 
 
Me gustaría también que aprendan a vivir juntos, reconociendo que somos todos diferentes unos de otros, sin falso angelismo pero intentando transformar estas diferencias en una fuerza para edificar un futuro del que se sentirán actores.   
 
Me gustaría que hagan la experiencia que la naturaleza es un medio ambiente rico, lleno de recursos y frágil a la vez. Que aprendan a maravillarse delante de esta riqueza, sabiendo vivir más cerca de ella con respeto y que así hagan la experiencia de lo esencial para ellos como para las generaciones futuras.
 
Me gustaría finalmente que hagan el aprendizaje de la autonomía. No hacer cualquier cosa sin reglas, sino hacer el descubrimiento de sus calidades y de sus debilidades cuando se encuentran lejos de un entorno tranquilizador y de sus padres. Que descubran que, en equipo, la puesta en común de sus calidades
al servicio de todos permite hacer mucho más que sumar individualismos.
 
Para volver a esta teología de la educación yo querría citar a un autor Jean-Marie Petitclerc: “La teología de la educación contiene en su raíz una espiritualidad y en su fin último un sueño: una sociedad de hombres libres, iguales y hermanos. No es posible una movilización humana para una renovación fundamental de una sociedad sin un sueño por delante y encima. Ahora bien los cristianos creen que el sueño pertenece a la realidad total porque lo han visto realizado por anticipación en Jesús Cristo quien ha creado en él mismo la humanidad nueva”.
 
En este contexto quiero comprometerme y confirmar de nuevo mi fe... con la certeza de que ayudaré a nuestros hijos a transformarse en adultos libres, llenos de Esperanza e hirviendo de ideas para construir este mundo que se abre para ellos.
 
Padre de familia, cuarenta años y cinco hijos.
Le Rheu, 7 de junio de 2016.