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La pobreza evangélica

La bienaventuranza que Jesús prometió a los pobres no es únicamente promesa de vida futura..                



Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 190


Michel Lafon

Vamos, a señalar los rasgos principales del semblante de la pobreza, tal y como nos la presenta Jesús en el Evangelio. La pobreza de Jesús es alegre, porque supone una liberación del espíritu. La bienaventuranza que Jesús prometió a los pobres no es únicamente promesa de vida futura. Esta alegría resplandece en todos los Santos que practicaron más particularmente la pobreza. Si tenemos esta alegría en nosotros, quiere decir que nuestro corazón está libre. Tendremos que aprender, por medio de esta alegría, a superar los deseos y las codicias para poder estar libres de todo apego y pertenecer tan sólo a Dios. Es una alegría misteriosa, ya que procede del Espíritu de Dios en nosotros, demostrando igualmente hasta qué punto la verdadera pobreza está en la línea del completo desarrollo del hombre. Quizá no poseeremos inmediatamente esta alegría, ni tampoco en todo momento, puesto que es fruto de una victoria sobre nosotros mismos, lo cual implica lucha. Tenemos que ejercitarnos en la alegría, dentro de la privación, cada vez que carezcamos de alguna cosa. Y llegaremos a preferir tener de menos que tener de más. Pero una privación sin alegría no es sana, no es una privación según el espíritu de Cristo. Esta alegría tiene otra causa más profunda, viene de que la pobreza, según el Evangelio, es una entrega demismo en manos de Dios. En esta situación, deseada por amor, está la realización concreta de un abandono realmente infantil, haciéndose casi sensible la paternal solicitud de Dios. Nadie puede comprender la alegría de esta experiencia personal de la Providencia, si no la experimentó. Esto supone, sin duda alguna, que la pobreza sea una renuncia deliberada y efectiva a todas las seguridades humanas y a toda avaricia. El pobre por Jesús deja en manos de la Providencia el cuidado de su porvenir: “Tampoco andéis vosotros buscando qué comeréis o qué beberéis, ni estéis con el alma colgada de un hilo (...) sino buscad el reino de Dios, y esas cosas se os darán por añadidura” (Lc 12, 29-31). “Poned los ojos en las aves del cielo, que ni siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta” (Mt 6, 26). Debemos tener una fe sencilla, como la que tienen los niños, y una confianza sin límites en esta promesa de Jesús. Nuestra pobreza alegre es un acto de fe y de abandono, y tiene que ser esto ante todo. 

Es preciso decir también que, si es cierto que se puede pecar contra la pobreza cristiana por prodigalidad, sucede con más frecuencia que se peque contra ella por un comienzo de avaricia, comienzo sutil, calificado de espíritu de pobreza. ¡Cuántas mezquindades, cuántas bajezas, cuántas estrecheces, cuántas faltas a la caridad, se cometen bajo la capa de la pobreza cristiana! En esto hay que tener mucho cuidado.


Alegrarnos de la felicidad de Dios

Michel Lafon

“Dios mío, tú nos presentas un ancla a la que podemos atar nuestra alegría, y atarla de tal modo que nada nos la pueda arrebatar: esta ancla es la alegría de tu felicidad. Por malo, miserable, ingrato, frío y sin amor que yo sea [...], tú eres eternamente feliz; eres feliz, y eso es todo lo que me hace falta. Eres feliz, así que soy bienaventurado. Eres feliz, así que no me falta nada. Eres feliz, Dios mío, y me siento contento”.
 
“Pensemos en nuestras faltas para lamentarlas amargamente y humillarnos por ellas... [...] El amor a Dios sufre de ver a la divinidad ofendida, pero luego recuerda que Dios es Dios, que es infinitamente feliz [...] Podrá recordar más tarde esta ofensa para seguir arrepintiéndose, pero recordarla en la oración...sin turbación, con plena posesión de uno mismo… Ya no será un dolor que agita el alma todo el día. Este dolor inquieto y desordenado proviene del amor por uno mismo y del orgullo, que no se resigna a haber faltado. La pesadumbre serena, tranquila, que sufre pero se reafirma en la idea de la perfección y de la felicidad de Dios y que pone en ello toda su alegría... esa pesadumbre procede del amor a Dios”.

“Cuando nos sentimos tristes, defraudados por nosotros mismos, por los demás y por las cosas, pensemos que Jesús es glorioso, que está sentado a la derecha del Padre, bienaventurado por siempre, y que si lo amamos como debemos, la suma felicidad del ser infinito debe arrasar infinitamente en nuestras almas sobre la tristeza que procede de los males de los seres finitos y que, en consecuencia, ante la visión de la felicidad de nuestro Dios, nuestra alma debe entrar en el júbilo y las penas que la angustian deben desaparecer como las nubes ante el sol”.

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Medios invisibles de apostolado

Michel Lafón


Lo que me ha impresionado siempre y ante todo del Padre de Foucauld, es su apasionada voluntad por la salvación de los hombres, con todo lo que dice sobre: “El homónimo JesúsSalvador”.
 
Pero, de hecho, este hombre que tenía tanta pasión por la salvación de los hombres, choca, frente al Islam, con la imposibilidad de un apostolado directo.
 
Por esta circunstancia, para mí, su mensaje fue la respuesta a una situación, digamos de “pre-misión”, aunque la palabra no me satisface, y que actualmente se ha generalizado. En este concepto he encontrado respuesta a preguntas que uno se hace a partir de la situación en donde vivo: ¿Qué son estos hombres en relación con Cristo y qué podemos hacer por su salvación si no podemos predicar? 

1. Esto trae consigo primero una mirada respetuosa a losotros, con todo lo que conlleva de dulzura, de humildad, sin espíritu militante, etc.
 
2.- Una visión más mística que social de la gente que nos rodea, con su lazo invisible con Cristo y con la Iglesia.
 
“Ver a todo hombre revestido como de un manto por la sangre de Cristo".
 
“Ver en todo ser humano a Jesús”. Las expresiones del Padre de Foucauld tienen una profunda resonancia doctrinal. El Padre Peyriguére decía que el Padre de Foucauld era doctrina mezclada con ternura.
 
He descubierto que detrás del lenguaje del Padre de Foucauld y de lo que podría tomarse como algo sentimental había doctrina. 

3. Poner el acento sobre los medios invisibles del apostolado (sobre todo cuando no se puede poner en los medios visibles), es decir, poner toda la misión bajo el signo de Nazaret.
 
Con el testimonio silencioso que es también consecuencia del respeto.

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