Oración "Adsumus"

 Oración publicada en el Boletín Iesus Caritas 178

Aquí estamos, Señor Espíritu Santo. 
Aquí estamos, frenados por la inercia del pecado,
pero reunidos especialmente en tu Nombre. 
Ven a nosotros y permanece con nosotros.
 
Dígnate penetrar en nuestro interior.
Enséñanos lo que hemos de hacer, 
por dónde debemos caminar,
y muéstranos lo que debemos practicar 
para que, con Tu ayuda, sepamos agradarte en todo.
 
Sé Tú el único inspirador y realizador de nuestras decisiones, 
Tú, el único que, con Dios Padre y su Hijo,
posees un nombre glorioso, 
no permitas que quebrantemos la justicia,
Tú, que amas la suprema equidad: 
que la ignorancia no nos arrastre al desacierto;
que el favoritismo no nos doblegue; 
que no nos corrompa la acepción de personas o de cargos.
Por el contrario, únenos eficazmente a Ti, 
sólo con el don de tu Gracia,
para que seamos UNO en Ti, 
y en nada nos desviemos de la verdad.
 
Y, lo mismo que estamos reunidos en Tu Nombre,
así también, 
mantengamos en todo la justicia,
moderados por la piedad,
para que, hoy, nuestras opiniones en nada se aparten de Ti, 
y, en el futuro, obrando rectamente,
consigamos los premios eternos.
 
Amén
  
San Isidoro de Sevilla

Caminar en dirección al otro. Una visita a Marruecos

FRANCISCO CLEMENTE RODRÍGUEZ

Vivimos en una época que pretende llamarse universal, planetaria, y son muchas las voces que definen al mundo de hoy como una “aldea global” sin distancias ni fronteras. Pero la realidad nos dice que los hombres y los pueblos andamos divididos, enfrentados, recelosos, incomunicados, y luchando unos contra otros por defender intereses propios y egoístas frente al mensaje divino de fraternidad universal y olvidando que todos los hombres somos hermanos y juntos formamos una gran familia, que precisa de un proceso de reconocimiento mutuo, de interacción e integración entre las personas mediante una comunicación verdadera, que no es otra cosa que una aproximación y un hermanamiento creciente entre las personas, que me atrevería a llamar “proceso de amorización” en el que todos los involucrados se ganan unos a otros, aprenden mutuamente, conviven y se aman.

De aquí que sean muchas las personas que ante esta realidad intenten vivir de otra manera, conscientes de que Dios quiere al hombre libre, que la liberación es para todos, y que hay otras personas y otros pueblos que se esfuerzan y se arriesgan a salir de su entorno con el deseo de construir entre todos un nuevo tipo de relaciones humanas, una nueva sociedad, por entender que no hay comunicación auténtica con Dios cuando nos distanciamos de los hombres, de la pobreza, de la desigualdad y de las muchas separaciones que marcan la vida de las personas en los albores del siglo XXI. Y aunque vemos que muchos seres humanos están siendo utilizados por otros en beneficio de sus propios intereses, y que el sentimiento que brota no es fraternal ni amoroso, también es verdad que son muchas las personas que entienden que salir, cambiar el ritmo de vida, comunicar, ayuda a conocer y contemplar la vida desde otra orilla distinta de la nuestra.
 
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Yo estoy entre vosotros como quien sirve


VICENTE AMARGÓS, "Cuaderno de vida"

Hoy pasé gran parte de la mañana en el Módulo al que voy todas las semanas a celebrar la Eucaristía. Llovía y esto hizo que los internos estuviesen en el hall y comedor contiguo y no en el patio como de costumbre. Algunos jugaban a las cartas aprovechando las mesas del comedor. Unos pocos, cabizbajos y silenciosos, como hundidos en profundo abatimiento, permanecían sentados en los primeros peldaños de la escalera que da a las dos plantas donde tienen los chabolos. Los más, de pie, parados o moviéndose de un lado para otro, hablaban entre ellos. El vocerío era grande. Demasiado estrecho este espacio para ciento veinte hombres y demasiadas horas de aburrimiento con demasiados problemas en la cabeza de todos 

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Mi experiencia de comunión y diversidad

MARÍA PILAR GUEDEA

Cuando ví el título del artículo estuve buscando por unos días inspiración en los libros. Pero no la encontré. Sí, India; quizás no haya otro país tan diverso en el mundo: muchas religiones distintas, muchas culturas, muchas lenguas, muchos colores… ¿Cómo crear comunión? Para mí misma no estaba muy claro y empecé a escarbar en mi experiencia.

Me acordé de mis años en Lonjo (Dt. Singhbhum, Jharkhand). Había estado una temporada un poco larga en España, era el año 73 y me empapé de la Teología de la Liberación. Volví con muchos deseos de identificarme con los oprimidos. Antes, fui a un curso de 3 meses en el ISI (Indian Social Institute, Bangalore) donde me puse al corriente de por qué había tanta pobreza en la India y aprendí que era el efecto de los 200 años de colonización por los ingleses que hicieron una magnífica red de ferrocarriles para tener más facilidad para sacar los recursos naturales del país, que son muchos: hierro, carbón, madera, piedra, oro, bauxita... Y después del curso volví a la zona de tribus del Jharkhand, y dejando mi comunidad religiosa, fui a vivir entre la gente de la tribu HO. 

Estaba interesada en contactar con las mujeres; las llamaba para tener reuniones y no venían, y cuando les preguntaba la causa me decían que “tenían mucho trabajo”. Era verdad, no era una excusa. Nada más levantarse, se iban a la selva a traer madera como combustible. Al volver, después de tomarse un plato de arroz, se iban a trabajar al campo y volvían al anochecer. A mí me maravillaba cómo con un plato de arroz podían resistir todo el día. Por la tarde. Dos días a la semana, se iban al mercado y luego quedaba la cena, la casa, los niños… Eran incansables. 

Pensé que si quería acercarme a ellas sería bueno unirme a sus actividades y algunos días las acompañaba por la mañana a la selva (no podía traer la cantidad de madera que ellas traían sobre la cabeza). En la época de las lluvias, iba a trasplantar arroz o los domingos al mercado con ellas. Todo lo tuve que aprender. Y no podía hacer todas las actividades todos los días como ellas porque no lo resistía 

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La ciudad como nuevo lugar de evangelización

ALESSANDRO CAPOFERRI (Traducido del italiano por Josefa Cordovilla)

Existen lugares que tienen aspecto de modernidad pero representan en su pequeñez un mosaico de los contrastes de la vida actual tan llena de tensiones y desgastes que minan el tejido de la sociedad. Son las ciudades que cada día se transforman en las llamadas “junglas” modernas, en las que los árboles son sustituidos por casas y los senderos por calles. Son lugares de
contradicción y tensión, de crecimiento y degradación, de desarrollo y de exclusión.
 
África no está libre de esta tensión. Al contrario, se puede afirmar que precisamente en África algunas de estas tensiones globales son más evidentes y descaradas. Bastaría visitar alguna de las grandes ciudades y su periferia, como Nairobi. Johannesburgo, Lagos u otras. 

La ciudad en África es hoy para la Iglesia un nuevo lugar de evangelización, sobre todo en algunas áreas donde la población está creciendo de manera exponencial. Se trata de las periferias formadas por los asentamientos ilegales (Slurns, baracopoli, squatter camps…). Ya hoy se calcula que el 72% de los habitantes urbanos en África vive en estos asentamientos, conforme la relación Suite of the World's Cities 2008-2009, publicado recientemente por UN Habitat, agencia de la ONU con sede en Nairobi, que estudia los fenómenos relacionados con los asentamientos urbanos y rurales mundiales. 

En este campo la Iglesia puede recuperar y orientar a la situación actual la rica tradición pastoral que desde siempre ha tenido una mirada atenta a la ciudad. Pensemos solamente en el camino de construcción de la Iglesia en los tiempos apostólicos, pensemos en los viajes de san Pablo y en cómo él mismo identificó la ciudad como centro de su ministerio, por lo que viajó hasta Roma, que era la ciudad símbolo y metáfora del poder, y que ha llegado a ser la ciudad centro y símbolo de la Iglesia.

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Solo una presencia de amor

MONS. ALFRED ANCEL en Boletín Jesus Caritas, Edic. Latino americana, n. 12, abril 1967, pp. 37

Es un acto de amor estar presente en medio de los hombres. En el Antiguo Testamento ya se sentía el amor de Dios por los hombres, lo que obligaba en cierto sentido a hacerse presente entre ellos. Es el significado de la presencia de Dios en el templo. Pero a pesar de esa presencia existía una gran distancia. Por eso Dios quiso que su Hijo habitara con nosotros. (Jn 1,14), para que participara de la carne y de la sangre de sus hermanos (Heb 2,4) para que compartiera todas nuestras flaquezas menos el pecado (Heb 4,15).
 
En Nazaret, Jesús no quiso otra cosa que estar presente por amor. Se puede aplicar en un sentido estricto el versículo de los Proverbios: “Mi delicia es estar con los hijos de los hombres" (8,31). Nos equivocaríamos si pensáramos que los 30 años de Jesús en Nazaret fueron años obligados, que Él soportaba por necesidad. Es bueno estar con los que uno ama, y Jesús amaba a los nazarenos como el Padre los amaba (Jn 15,9). Los conocía a cada uno de ellos como era Él conocido por el Padre (Jn 10,1415).
 
Sus alegrías eran sus alegrías, sus tristezas eran sus tristezas (Rom 12,15); estaba contento de hacerles un servicio (Jn 13,17) y de pedirles un servicio (Jn 4,7). Existía luego una gran alegría en la vida de Jesús en Nazaret porque había mucho amor (Gal 5,22).

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180: MAESTROS DE VIDA, PRIMAVERA DE LA IGLESIA

A los 50 años de la convocatoria del II Concilio del Vaticano (II parte)
Enero - Marzo de 2014

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/180/Iesus-Caritas-180.htm 
  








Sed sal y luz

Antonio Rodríguez Carmona

En las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12) Jesús nos enseña cuáles son las diversas características del que ha recibido de Dios Padre un corazón nuevo, filial y fraternal. Y a continuación nos dice que el que vive estas características es misionero por naturaleza, igual que la sal sala y la luz ilumina por naturaleza (Mt 5,13-16). “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres” (5,13). La sal sirve para dar sabor a los alimentos y para preservarlos de la corrupción. El cristiano, que ha recibido un corazón nuevo, vive una vida con sentido, con sabor, que libra de la corrupción, un tipo de vida atrayente que atrae a los demás. Y para ello no hay que hacer ningún cursillo, basta con ser sal, vivir la vida filial y fraternal con sus implicaciones. Pero si el corazón nuevo se desvirtúa, es tirado fuera y pisoteado por los hombres. Por lo mal que lo hacéis, el Nombre de Dios es despreciado entre las
naciones (Is 52,5; Ez 36,20), reprocha Dios a los judíos de la diáspora y a todos los que pisotean el corazón nuevo. “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa”. Lo propio de la luz es iluminar y calentar, y por su estrecha relación con la vida en el mundo semita también se la considera símbolo de vida. Realmente es Jesús la luz del mundo, que ilumina y da vida (Jn 8,12; 9,5.39). El cristiano, por el bautismo, ha quedado configurado con Cristo luz; por ello en el rito bautismal se le da una vela para significar la nueva situación. Pues si está configurado con Cristo luz, debe iluminar y dar vida, si no, es que no está configurado.

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http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-178.pdf#page=13

178: TESTIGOS DEL AMOR DE DIOS

"Mi Poder se manifiesta en la debilidad"
(2Cor 12,1-10)

Julio - Septiembre de 2013

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/178/Iesus-Caritas-178.htm






Mi poder se manifiesta en la debilidad


ESTANISLAO LYONNET, S.J., en Boletín Jesus Caritas, Edic. Latinoamericana, n. 12, (abril 1967), pp. 9-12.

Para hacer esta meditación tomaremos un texto de san Pablo donde aparecen en términos claros la ley de todo apostolado (2 Cor 12,1-10).
 
San Pablo recuerda a los Corintios las gracias extraordinarias que recibió hace “14 años” o sea a los 43 ó 44 años, cuando se prepara para empezar su apostolado: “¿Hay que seguir presumiendo? Aunque es del todo inútil, me referiré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un cristiano que hace catorce años –si fue con cuerpo o sin cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y me consta que ese hombre –si fue con cuerpo o sin cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede expresar. De ese hombre presumiré, porque, en cuanto a mí, sólo presumiré de mis flaquezas”. 

A esta primera revelación añade otra de diferente índole: “Precisamente para que no me sobreestime, tengo un aguijón clavado en mi carne, un agente de Satanás encargado de abofetearme para que no me enorgullezca. He rogado tres veces al Señor para que apartase esto de mí, y otras tantas me ha dicho: «Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad». 

Gustosamente, pues, seguiré presumiendo de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo” (vv. 7-9). Este término bastante misterioso de “aguijón en la carne” ¿es acaso una enfermedad crónica que se manifestaba periódicamente? Muchos piensan así, y es posible. Pero lo importante es recordar que él veía en eso un obstáculo para cumplir la misión que él tenía de predicar el Reino de Dios. Es un mensajero de Satán “ese enemigo del género humano” que “arrebata del corazón la palabra para que no crean y se salven” (Lc 8,12).

Enlace al artículo completo:
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-178.pdf#page=9

Boletín Iesus Caritas 178: Testigos del amor de Dios


Año 2013 (Julio-Septiembre)


“Mi poder se manifiesta en la debilidad" (2Cor 12, 1-10)



Testigos del amor de Dios



Editorial de Manuel Pozo Oller

Este BOLETÍN, teniendo en cuenta nuestra espiritualidad, nos invita con su lectura a ser testigos desde abajo y desde los márgenes de la vida dejando a Dios ser el protagonista de nuestras vidas al tiempo que siendo conscientes de nuestras debilidades. ¡Qué hermoso y consolador resulta el subtítulo de este número que tomamos de la experiencia paulina: “Mi poder se manifiesta en la debilidad” (2 Cor 12,1-10).



En efecto, nos puede ayudar a asumir nuestras debilidades el recuperado artículo de Estanislao Lyonnet que acaba magistralmente con una cita de Marcel Legaut: “Es cuando te sientes aplastado por tu debilidad cuando podré actuar en ti y en las almas. Tu alma se abrirá a una nueva vida. Será una luz nueva que te alumbrará. En una misma mirada comprenderás que no puedes nada, y que todo lo puedes. Algo te dirá en el fondo de ti mismo que puedo actuar por tu intermedio. No resistas. Consiente a hacer no solamente lo que puedes hacer, sino lo que Yo puedo hacer por tu intermedio. Entonces conocerás un grado de despojo que no vislumbras todavía” (Marcel Legaut).



Clarividente y magnífica la conclusión del artículo de Antonio Rodríguez Carmona cuando escribe: Creyente y misionero se identifican y están presentes en la persona con la misma intensidad. A una fe grande responde un espíritu misionero grande y viceversa, y a una fe pequeña responde un espíritu misionero pequeño. La razón es que el factor principal de la misión es el testimonio. Jesús envió a la Iglesia como pueblo de testigos, que han visto, oído y experimentado en su vida lo que creen: “Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24,48), “seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”(Hch 1,8)”.


El apartado Testimonios y Experiencias se nutre de cuatro testimonios diversos. Así varios amigos escriben sobre la evangelización y el testimonio cristiano en la ciudad, “en el corazón de las masas” que a veces se torna “desierto en la ciudad”; y sobre el testimonio apostólico y de plena inserción ante aquellos que no profesan nuestra fe; también de nuevo tratamos sobre la presencia en el mundo carcelario. El BOLETÍN recupera del legado de nuestro amigo difunto Francisco Clemente un testimonio de acercamiento al mundo musulmán. Terminamos la sección con la bellísima y siempre oportuna oración “Adsumus” atribuida a san Isidoro de Sevilla.

En la sección Ideas y Orientaciones presentamos a los lectores a Pierre Duboís, una figura importante de la iglesia en Chile en estas últimas décadas, compañero y amigo entrañable de Mariano Puga. El artículo de Emérito de Baria invita a contemplar los testimonios de fe recogidos por los Evangelios.


En Páginas para la Oración Michel Lafon nos habla de oración y testimonio: “El testimonio del amor a los demás, del amor de Cristo que pasa por nosotros para ir a los otros, implica necesariamente compartir la vida: debemos estar cerca de los hombres; querer compartir su vida, al menos una cierta comunidad de destino. y esto puede llevar hasta ciertos servicios materiales y ciertas actividades. De la misma manera la intercesión: orar en nombre de los que me rodean implica también compartir su vida. Para poder hablar en nombre de un pueblo es necesario pertenecer a él. Para lograr esta inserción nos ayudan grandemente los textos del Padre de Foucauld”. Por fin, algunos trozos escogidos de las obras de Carlos Carretto, nos pueden ayudar a orar para pedir al dueño de la míes ser testigos de su amor. 

Enlace al Boletín 178:

Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 180


Maestros de vida
Esperanza de un nuevo Pentecostés


A los 50 años de la convocatoria del II Concilio del Vaticano (2ª parte)



El Boletín ha dedicado con éste dos números al II Concilio del Vaticano. El Consejo de Redacción del Boletín ha querido que ésta fuera nuestra aportación en la celebración de los 50 años de su apertura. Muchas colaboraciones interesantes han quedado fuera por obvios problemas de espacio pero valoramos más que la letra el recuerdo agradecido a aquella magna asamblea. Somos conscientes de que queda mucho por hacer como lo expresaba en su momento el gran teólogo Karl Rahner: “Un Concilio es, con sus decisiones y enseñanzas, solo un comienzo y un servicio. El Concilio solo puede dar indicaciones y expresar verdades doctrinalmente. Y por eso es solo un comienzo. Y después, todo depende de cómo se lleven a cabo esas indicaciones y cómo caigan esas verdades en el corazón creyente y produzcan allí espíritu y vida. Esto no depende, pues, del Concilio mismo, sino de la gracia de Dios y de todos los hombres de la Iglesia y de su buena voluntad. La renovación de la Iglesia no ocurre en el Concilio y a través de sus decretos, sino después". 

El número dedicado al Concilio Vaticano II (Octubre-Diciembre 2013) llevaba por título “Revelar el genuino rostro de Dios. A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2,22)" y en él quisimos presentar el Cambio de orientación pastoral de la Iglesia y su preocupación por evangelizar y ser signo del amor de Dios en el mundo.


En este número, segundo dedicado al Concilio Vaticano II, se ha intentado recoger las experiencias de los maestros de vida, aquellos que prepararon el Concilio y se empeñaron en su aplicación. En el apartado Desde la Palabra extraemos una meditación de André Dupleix del libro reseñado en el apartado Un libro, un amigo del número anterior que lleva por título El Concilio Vaticano II. La décima meditación la dedica a la Evangelización como preocupación primera de la actividad misionera de la Iglesia.

Recuperamos de los antiguos Boletines un artículo de Mons. Provenchères para el apartado En las huellas del Hermano Carlos. En el texto se recoge la Conferencia que pronunció en Marsella con la Fraternidad Secular en agosto de 1964« en pleno debate conciliar.

El apartado Testimonios y experiencias cuenta con el testimonio de Mons. Ancel, obispo obrero. El artículo muestra la preocupación de la Iglesia del momento por salir de los templos a evangelizar con un estilo nuevo basado en la presencia y acompañamiento de las gentes.

Se ha querido complementar esta sección con dos testimonios diferentes. Una seglar, teóloga, con sencillez y usando un lenguaje familiar, habla de los curas del post—Concilio y muestra el aire nuevo que trajo su recepción. Un sacerdote, párroco con mucha experiencia, nos habla del nacimiento y crecimiento de su parroquia como lugar de encuentro y medio excelente de evangelización. Resume su quehacer pastoral citando la conocida afirmación sobre la parroquia del beato Juan XXIII que la define diciendo que “es como la fuente de agua fresca de la plaza del pueblo, donde todos van a saciar su sed". Todo un reto.

La Sección Ideas y Orientaciones dedica extensión a dos obispos en latitudes de la tierra distintas. Mons. Claude Rault reflexiona sobre la actividad evangelizadora en medio del mundo musulmán y comparte su experiencia de oración comunitaria. Mons.Ángel Garachana, obispo de San Pedro Sula (Honduras), a partir de unas palabras que se ve obligado a dirigir en una cena para recaudar fondos para los pobres, nos presenta su experiencia de servicio episcopal en referencia a los tres símbolos de la palabra, la casa y el pan.

La sección se cierra con el documento “El pacto de las Catacumbas” El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de 410 padres conciliares celebraron una eucaristía en las Catacumbas de santa Domitila. Pidieron “Ser fieles al espíritu de .Jesús”, y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron “el pacto de las catacumbas". El “pacto" es un desafío a los "hermanos en el episcopado" a llevar una “vida de pobreza” y a ser una Iglesia “servidora y pobre". Los firmantes se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral.