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Una teología de la educación



Sabemos que mañana no será jamás como ayer, pero no sabemos de qué será hecho este mañana.                                                      

Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 194
 
 
 
Hoy me encuentro en un giro de mi vida, que no me esperaba... no lo tomo como una fatalidad que debo soportar pero sino como un interrogante y una oportunidad nueva para seguir en adelante, en este camino en donde Dios me acompaña.
 
Percibo que esta crisis personal es un poco como este mundo que se mueve alrededor de nosotros, este mundo en crisis donde nuestra civilización está cambiando. Sabemos que el modelo que conocíamos se derrumba y sabemos que mañana no será jamás como ayer, pero no sabemos de qué será hecho este mañana, entonces dos caminos se abren para nosotros.
 
El primer camino es el de la resignación, del lamento, a lo mejor de la apatía o a lo peor de la depresión, repitiendo: “Antes era mejor” o “¿Qué va a pasar?”. Es evidente, como sucede a menudo, que los dos caminos se entrelazan y se ve claramente que ese primer camino está bien presente en nuestro entorno. Lo vemos en la pérdida de confianza que los jóvenes pueden tener en las instituciones y en los adultos; en la ansiedad frente al futuro, en la perdida de la socialización o en el temor de no conseguir a integrarse profesionalmente.
 
El segundo camino es el de la esperanza, el de la confianza y el de todos los posibles. Es en este, estoy seguro, donde Dios nos quiere; me atrevería a decir en donde Dios nos espera para edificar algo distinto; en donde nos llama: “Ven te necesito para edificar mi Reino”. Este camino puede ser bien oscuro, una tierra desconocida que tendremos que desbrozar con todos los falsos pasos y las dudas que se presentan, pero es el único camino en el cual, yo lo creo, podremos encontrar la felicidad.
 
En el momento de prepararme a mi compromiso me he preguntado lo que he querido transmitir a mis hijos, como valores que me motivaron para ser padre. Pienso que se podría resumir en el deseo de practicar “una teología de la educación”. 
 
En primer lugar me gustaría enseñar a mis hijos a transformarse en adultos libres, capaces de optar por elecciones que asumirán después de madurarlas.  
 
Me gustaría que en este camino para transformarse en adultos, pudieran encontrar a Dios, saber que Él les acompaña tanto en los momentos de tempestad como en los de alegría. Que lo encuentren en la interioridad de la oración, en el canto, en la contemplación de un paisaje como en el encuentro con el otro. 
 
Me gustaría también que aprendan a vivir juntos, reconociendo que somos todos diferentes unos de otros, sin falso angelismo pero intentando transformar estas diferencias en una fuerza para edificar un futuro del que se sentirán actores.   
 
Me gustaría que hagan la experiencia que la naturaleza es un medio ambiente rico, lleno de recursos y frágil a la vez. Que aprendan a maravillarse delante de esta riqueza, sabiendo vivir más cerca de ella con respeto y que así hagan la experiencia de lo esencial para ellos como para las generaciones futuras.
 
Me gustaría finalmente que hagan el aprendizaje de la autonomía. No hacer cualquier cosa sin reglas, sino hacer el descubrimiento de sus calidades y de sus debilidades cuando se encuentran lejos de un entorno tranquilizador y de sus padres. Que descubran que, en equipo, la puesta en común de sus calidades
al servicio de todos permite hacer mucho más que sumar individualismos.
 
Para volver a esta teología de la educación yo querría citar a un autor Jean-Marie Petitclerc: “La teología de la educación contiene en su raíz una espiritualidad y en su fin último un sueño: una sociedad de hombres libres, iguales y hermanos. No es posible una movilización humana para una renovación fundamental de una sociedad sin un sueño por delante y encima. Ahora bien los cristianos creen que el sueño pertenece a la realidad total porque lo han visto realizado por anticipación en Jesús Cristo quien ha creado en él mismo la humanidad nueva”.
 
En este contexto quiero comprometerme y confirmar de nuevo mi fe... con la certeza de que ayudaré a nuestros hijos a transformarse en adultos libres, llenos de Esperanza e hirviendo de ideas para construir este mundo que se abre para ellos.
 
Padre de familia, cuarenta años y cinco hijos.
Le Rheu, 7 de junio de 2016.

Peregrino del Eterno


Breve recorrido de las distintas etapas significativas de la vida del hermano Carlos.                                 
                                                                          





PRIMERA ETAPA. Viaje de reconocimiento geográfico en Marruecos, 1883 – 1884. ¿Cuál es la buena noticia que nos interpela hoy en nuestra vida?
 
SEGUNDA ETAPA. El tiempo de la conversión. 1885 – 1888. A lo largo de nuestra vida y de nuestras experiencias, Dios nos ha acompañado y nos ha permitido vivir también procesos de conversión en momentos decisivos. En nuestra acción de gracias, hacemos memoria de estos períodos y momentos, recordando especialmente las personas que nos han orientado y acompañado, a
veces de manera radical, en el cambio. Como la savia de nuestra vida, ¿cómo Dios sigue actualmente invitándonos a vivir esta actitud de apertura de corazón y de conversión?
 
TERCERA ETAPA. El trapense. 15 de enero 1890 – 1896. ¿Cómo nuestro tiempo, con sus convulsiones y contradicciones, nos invita a descubrir el espíritu de la vida de Nazaret y a intentar vivir este misterio?
 
CUARTA ETAPA. Nazaret. Un camino creativo de fracasos… 1897 – 1900. ¿Cómo la oración y nuestro compromiso cristiano nos interpela en nuestra historia? ¿Estamos disponibles a esta escucha y llamada del Espíritu?
 
QUINTA ETAPA: Béni Abbès. Sacerdote y monje. - Ser hermano de todos. 1901 – 1903. Haciendo proyectos, reflexionándolos y exponiéndolos al P. Huvelin y al P. Guérin; haciendo camino, el hermano Carlos a través de los acontecimientos (propuesta de Laperrine) descubre y ve perfilarse la voluntad de Dios por orientaciones nuevas que modifican radicalmente su forma de vida y la manera de concebirla. ¿La fraternidad nos ofrece espacios para interpelarnos, reflexionar y buscar juntos, y tomar decisiones que nos permiten entender, vivir y compartir la voluntad de Dios?
 
SEXTA ETAPA: Entregar su vida. Tamanrasset – 11 de agosto de 1905 – 1916. ¿Qué aporta la Fraternidad al anuncio del Reinado y a la evangelización? ¿Cuál sería nuestra propuesta de Fraternidad renovada a la luz del Evangelio y el carisma nuestro?

Enlace a la biografía en el Boletín Iesus Caritas 194:
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-194.pdf#page=5

Boletín Iesus Caritas 194: Carlos de Foucauld, peregrino del Eterno

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/194/Iesus-Caritas-194.htm

El contexto histórico de su vida, tan distinto del nuestro, coinciden en muchos aspectos con la realidad que vivimos en la actualidad.                                              
Introducción

“Quién busca halla; a quien llama, se le abre”
(Mt 7,8  -  Lc 11,10)
                                                                       
(Julio – Septiembre)  

La época histórica en la que vivió el hermano Carlos (vivió 58 años), fue el inicio de un cambio radical tanto en el pensamiento filosófico, nacimiento de las ideas laicistas, desarrollo tecnológico y económico, colonialismo, como por las consecuencias de la primera guerra mundial. El contexto histórico de su vida, tan distinto del nuestro, coinciden en muchos aspectos con la realidad que vivimos en la actualidad en sus aspectos de mundo globalizado y casa común de la humanidad.
 
Hoy estamos viviendo una situación de crisis y cambios tan rápidos y profundos que van más allá de la sola política y economía. Muere una cultura y nace otra distinta. Ahora más que nunca necesitamos en nuestras comunidades cristianas, hombres y mujeres, creativos, libres, audaces; creyentes sin miedo siguiendo las pautas del Reino que nos marca el Evangelio.
A pesar del paso del tiempo, han pasado ya cien años desde la muerte del eremita del desierto, las intuiciones y las experiencias vividas por el hermano Carlos son muy actuales.
 
A lo largo de mis exposiciones, a modo de perspectiva hacia el futuro e interrogante en el momento actual, voy a tener muy presente el lema propuesto para el año del Centenario que reza así: «El Hermano Carlos al encuentro con el otro diferente».
 
Asimismo, por la cercanía al año de la Misericordia, nuestra reflexión se orienta en la perspectiva del hermano Carlos como «icono de la misericordia». Toda su vida está marcada por este momento de su conversión, una conversión paulina que lo cambia radicalmente: conocer a Dios como un Padre que, en su ternura y en su misericordia, acoge al pecador, ofreciéndole una esperanza y una vida nueva. Este sentido profundo de la encarnación, el hermano Carlos lo percibe a la vez en su cuerpo y en lo más íntimo de su corazón, en este momento de gracia que lo ilumina y le abre un camino innovador.
 
A partir de su conversión, su vida estará entregada a vivir y ser testigo de esta experiencia para ir al encuentro del otro como lo hizo Dios con él. A través de las etapas tan distintas que marcan su vida, queremos percibir cómo el hermano Carlos ha tenido siempre la capacidad de dejarse interpelar en el momento presente por las personas y las circunstancias que encontraba.
 
Con esta mirada, haremos un breve recorrido de las distintas etapas significativas de su vida. Este recorrido es una invitación a dejarnos, como él, interpelar en nuestras situaciones y opciones actuales de vida, por «el encuentro con el otro diferente». Las oportunidades de ser interpelados son múltiples y son fuente de novedad para abrir caminos distintos y nuevos como lo hizo el hermano Carlos.
 
PRIMERA ETAPA. Viaje de reconocimiento geográfico en Marruecos, 1883 – 1884. ¿Cuál es la buena noticia que nos interpela hoy en nuestra vida?
 
SEGUNDA ETAPA. El tiempo de la conversión. 1885 – 1888. A lo largo de nuestra vida y de nuestras experiencias, Dios nos ha acompañado y nos ha permitido vivir también procesos de conversión en momentos decisivos. En nuestra acción de gracias, hacemos memoria de estos períodos y momentos, recordando especialmente las personas que nos han orientado y acompañado, a
veces de manera radical, en el cambio. Como la savia de nuestra vida, ¿cómo Dios sigue actualmente invitándonos a vivir esta actitud de apertura de corazón y de conversión?
 
TERCERA ETAPA. El trapense. 15 de enero 1890 – 1896. ¿Cómo nuestro tiempo, con sus convulsiones y contradicciones, nos invita a descubrir el espíritu de la vida de Nazaret y a intentar vivir este misterio?
 
CUARTA ETAPA. Nazaret. Un camino creativo de fracasos… 1897 – 1900. ¿Cómo la oración y nuestro compromiso cristiano nos interpela en nuestra historia? ¿Estamos disponibles a esta escucha y llamada del Espíritu?
 
QUINTA ETAPA: Béni Abbès. Sacerdote y monje. - Ser hermano de todos. 1901 – 1903. Haciendo proyectos, reflexionándolos y exponiéndolos al P. Huvelin y al P. Guérin; haciendo camino, el hermano Carlos a través de los acontecimientos (propuesta de Laperrine) descubre y ve perfilarse la voluntad de Dios por orientaciones nuevas que modifican radicalmente su forma de vida y la manera de concebirla. ¿La fraternidad nos ofrece espacios para interpelarnos, reflexionar y buscar juntos, y tomar decisiones que nos permiten entender, vivir y compartir la voluntad de Dios?
 
SEXTA ETAPA: Entregar su vida. Tamanrasset – 11 de agosto de 1905 – 1916. ¿Qué aporta la Fraternidad al anuncio del Reinado y a la evangelización? ¿Cuál sería nuestra propuesta de Fraternidad renovada a la luz del Evangelio y el carisma nuestro?

Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 194

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/194/Iesus-Caritas-194.htm
Haremos un breve recorrido de las distintas etapas significativas de la vida del Hermano Carlos. Este recorrido es una invitación a dejarnos, como él, interpelar en nuestras situaciones actuales de vida, por «el encuentro con el otro diferente».                      
                                                                                               





Año 2.017
(Julio – Septiembre)


CARLOS DE FOUCAULD: PEREGRINO DEL ETERNO
“Quien busca halla; a quien llama, se le abre
” (Mt 7,8 -- Lc 11,10)



La época histórica en la que vivió el hermano Carlos (vivió 58 años), fue el inicio de un cambio radical tanto en el pensamiento filosófico, nacimiento de las ideas laicistas, desarrollo tecnológico y económico, colonialismo, como por las consecuencias de la primeraguerra mundial. El contexto histórico de su vida, tan distinto delnuestro, coinciden en muchos aspectos con la realidad que vivimos en la actualidad en sus aspectos de mundo globalizado y casa común de la humanidad. 
Hoy estamos viviendo una situación de crisis y cambios tan rápidos y profundos que van más allá de la sola política y economía.Muere una cultura y nace otra distinta. Ahora más que nunca necesitamos en nuestras comunidades cristianas, hombres y mujeres, creativos, libres, audaces; creyentes sin miedo siguiendo las pautas del Reino que nos marca el Evangelio. 
A pesar del paso del tiempo, han pasado ya cien años desde la muerte del eremita del desierto, las intuiciones y las experiencias vividas por el hermano Carlos son muy actuales. 
A lo largo de mis exposiciones, a modo de perspectiva hacia el futuro e interrogante en el momento actual, voy a tener muy presente el lema propuesto para el año del Centenario que reza así:«El Hermano Carlos al encuentro con el otro diferente». 
Asimismo, por la cercanía al año de la Misericordia, nuestra reflexión se orienta en la perspectiva del hermano Carlos como «icono de la misericordia». Toda su vida está marcada por este momento de su conversión, una conversión paulina que lo cambia radicalmente: conocer a Dios como un Padre que, en su ternura y en su misericordia, acoge al pecador, ofreciéndole una esperanza y una vida nueva. Este sentido profundo de la encarnación, el hermano Carlos lo percibe a la vez en su cuerpo y en lo más íntimo de su corazón, en este momento de gracia que lo ilumina y le abre un camino innovador. 
A partir de su conversión, su vida estará entregada a vivir y ser testigo de esta experiencia para ir al encuentro del otro como lo hizo Dios con él. A través de las etapas tan distintas que marcan su vida, queremos percibir cómo el hermano Carlos ha tenido siempre la capacidad de dejarse interpelar en el momento presente por las personas y las circunstancias que encontraba. 
Con esta mirada, haremos un breve recorrido de las distintas etapas significativas de su vida. Este recorrido es una invitación a dejarnos, como él, interpelar en nuestras situaciones y opciones actuales de vida, por «el encuentro con el otro diferente». Las oportunidades de ser interpelados son múltiples y son fuente de novedad para abrir caminos distintos y nuevos como lo hizo el hermano Carlos.