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Jesucristo, el pobre de Yahvé

Todas las Bienaventuranzas se sintetizan en la primera: en la pobreza evangélica vivida al estilo de Jesús de Nazaret.


Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 190 


Emérito de Baria


Todas las Bienaventuranzas se sintetizan en la primera: en la pobreza evangélica vivida al estilo de Jesús de Nazaret, el “pobre de Yahveh” por antonomasia, que “siendo Dios, se anonadó tomando la forma de siervo y haciéndose hombre” (Flp 2,7), o más exactamente: que “siendo rico, se hizo pobre por nosotros a fin de enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9).

«Las Bienaventuranzas son ocho; pero, hasta cierto punto, no hay más que una: la pobreza espiritual. Las otras seis dicen en qué consiste la pobreza; y la octava, lo que inevitablemente engendra». (F. VARILLÓN, Elementos de Doctrina Cristiana, (Barcelona 1962), t. I, 206.)

Si Cristo se hizo pobre “para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9), el ideal del cristiano no es ser pobre materialmente ni espiritualmente (cortedad de horizontes = preparación para mejor servir...), sino vivir lo más lleno posible del modo de ser y actuar de Cristo en cuanto pobre: abrazar la pobreza evangélica será imitar en nosotros las actitudes de Cristo en relación con todos los bienes creados.
 
Y lo mismo que Él mantuvo en relación con los bienes temporales un desprendimiento [= no tener el corazón apegado] absoluto y una posesión y uso relativos, en la medida en que lo exigía el cumplimiento de su misión, así también ha de ser la disposición que adoptemos con nuestra pobreza evangélica: carencia afectiva total en cuanto a toda clase de bienes humanos y materiales, de tal manera que nunca aten el corazón, sino que lo tengamos siempre liberado; pero con una posesión efectiva solamente relativa, y siempre en función de la propia misión religiosa. 

Enlace al artículo completo:

El estilo misionero y evangelizador del beato Carlos de Foucauld

Podemos hablar con toda razón de una nueva forma misionera en Carlos de Foucauld.                                                                 

Nueva en el sentido de que la organización de la misión y la aplicación de sus recursos no son en absoluto esenciales. Él hablará de medios pobres y hará incluso una renuncia efectiva a todo resultado visible y calculable.

Carlos de Foucauld actuando así se vincula a la experiencia de los apóstoles. “Para convertir el mundo como los apóstoles, siendo la piedra angular y el Jefe de la Iglesia, como san Pedro, no hay que prepararse en adelante, ni durante años ni meses, ni días, ni un solo minuto; es preciso obedecer en cualquier momento a las órdenes de Dios”. (Comentario de la lectura en el Santo Evangelio, Mateo 4, 18-20, Nazaret 1897).

Con otras palabras, el abandono radical a Dios inspira una forma de vida y de acción misionera, que está directamente en sintonía con el proceder y las huellas de los apóstoles. Las primeras generaciones de cristianos nunca han programado sus empresas misioneras en el imperio romano. Evangelizaron simplemente e invitaron a vivir la novedad cristiana en medio de la sociedad pagana. En el último período de su vida, el Hermano Carlos de Jesús, de forma espontánea, hace referencia al ejemplo de Priscila y Aquila para encontrar nuevos caminos de evangelización aptos para todo el mundo a través del amor mutuo. “Hagamos como Priscila y Aquila. Dirijámonos a los que nos rodean, los que conocemos, los que están cerca de nosotros, y empleemos nuestros mejores recursos. Con unos, el discurso, con otros, el silencio, con todos el ejemplo, la bondad, el cariño fraternal, haciéndonos cercanos a todos para ganarlos todos para Jesús. (Carta a José Horas, 28 de abril 1916). 

Ciertamente, esta evangelización llena de sencillez, sin cálculo, sin una planificación previa, no es una evangelización fácil. Es una evangelización abierta a la novedad que aporta las personas y los acontecimientos. Es radical porque nos orienta y dirige a la fuente de la vida cristiana y a la vivencia del Evangelio sin glosa. Si Carlos de Foucauld es un modelo y una referencia para la misión cristiana es, precisamente, por su unión a la fuente de donde brota la vida cristiana que no es otra que el mismo Dios.

EMÉRITO DE BARIA

Mártires Contemporáneos

Emérito de Baria
Oí en la radio la presentación de un nuevo libro del periodista y escritor Fernando de Haro que lleva por título "Cristianos y leones".
Una afirmación recorre todo el libro: la constatación de que actualmente los cristianos son el grupo religioso que sufre la mayor persecución en el mundo. Las documentadas páginas hacen un estremecedor repaso a la persecución de los cristianos en el mundo cifrando en un mínimo de cien mil cristianos asesinados al año. Naciones como Pakistán, Siria, Iraq, Egipto, Turquía, China, India, Venezuela, Nigeria, y otras tantas, son lamentables ejemplos en la actualidad de falta de libertades y de descarada persecución a los cristianos de tal suerte que los inicios de este siglo sean los más sangrientos en cuanto a persecuciones y muertes de los dos milenios de cristianismo. La persecución religiosa en la actualidad es una de las mayores tragedias de este comienzo del siglo XXI.

Las páginas del libro, recomendamos su lectura, están plagadas de relatos de hombres y mujeres que sufren atentados, que tienen que dejar sus casas, que saben que van a morir. Son fieles, son pacíficos. Son, en muchos casos, pobres de solemnidad, pero son grandes.

Vuelvo mi recuerdo a Egipto y a los cristianos coptos perseguidos para revivir con gratitud cuanto aprendí durante el mes que compartí con ellos la fe y la vida en noviembre del año 2000 con motivo de mi participación en la asamblea mundial de la fraternidad sacerdotal "Iesus Cáritas". Cuántas historias y calamidades pude oír y tocar de la mano de mi buen amigo el obispo copto católico Paul Antaki y los sacerdotes que me acogieron. Recuerdo también con especial cariño el encuentro y las atenciones del papa de los coptos ortodoxos Shenuda III, fallecido recientemente, para con todos los asambleístas. Iglesias perseguidas pero mantenidas ante las adversidades por una gran fe. En verdad, como escribía Benedicto XVI en la carta apostólica "Porta fidei" de convocatoria del pasado Año de la Fe, "por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor, con el perdón de sus perseguidores" (n.13). 
Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 180 

Testimonios evangélicos de la fe

Emérito de Baria


El Papa Benedicto XVI escribía que el Año de la Fe debe prolongarse toda la vida para “descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la Vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos” (cfr. Jn 6,51) (Porta fidei, n.2, 11-X-2011)
 
Si recorremos ahora las páginas del Evangelio, encontramos tantos personajes de los cuales el Señor alaba su fe y por ella hará milagros, que nos deben servir de ejemplo para pedir con la fe con la que ellos pedían y actuaban.

Leer el artículo completo:

Marie Moitessier en la vida del hermano Carlos

Emérito de Baria

Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 176 (pag. 19)

Carlos de Foucauld nació en el seno de una familia creyente y practicante. Marcaría su existencia la muerte de sus padres, primero su madre y poco tiempo después su padre, cuando contaba con seis años. Su abuelo, el coronel Morlet, supliría en la educación y en el afecto la pérdida de sus padres. Su prima María Moitessier, siete años mayor que él, de alguna manera, suplió a su madre considerándola siempre como su confidente y como una segunda madre como lo atestigua su continua y abundante correspondencia. 

Resulta curioso que Carlos de Foucauld perdiera la fe a la edad de quince años, justo cuando su prima Maria la persona a la que siempre consideró como la más cercana y querida contrajo matrimonio con Olivier de Bondy y, en cierto modo, se separaba de él. Comenta Antonine de Chatelard que “él nunca hará alusión a lo que con frecuencia se ha considerado que rompió su corazón”.

Para soportar la separación y la soledad Carlos de Foucauld organiza fiestas y se da a la buena vida. “Una mujer, de la que no se sabe nada, jugó algún papel durante algunos meses de su vida. Se le conoce solamente con el nombre de Mimí. El frecuentarla le acarrea sanciones”. 

No obstante María Moitessier, junto al P. Huvelin, serán las mediaciones que Dios pone para la conversión de Carlos de Foucauld...