Boletín Iesus Caritas 228: El hermano Carlos en el magisterio del papa Francisco

  


Editorial 


DOS HERMANOS UNIVERSALES

Gran acierto del Papa Francisco al presentar el itinerario de la gracia divina en algunos personajes que nos han ayudado tanto a volver a la frescura permanente del Evangelio. El día 18 de octubre de 2023, en la catequesis habitual de los miércoles, Francisco nos ofreció una síntesis de la espiritualidad del Hermano Carlos de Foucauld.
Me permito glosar esta catequesis que es síntesis de las variadas alusiones del Papa a Carlos de Foucauld, que hizo «de Jesús y de los hermanos más pobres la pasión de su vida» de tal suerte que «desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de
transformación hasta sentirse hermano de todos» (1).
No se puede negar a Carlos de Foucauld su incesante búsqueda de la verdad y, una vez descubierta, su opción radical por Jesucristo descrita del siguiente modo: «He perdido mi corazón por Jesús de Nazaret» (2).
Desde este encuentro personal se comprende cuál es la clave de la evangelización. «El hermano Carlos nos recuerda así que el primer paso para evangelizar es tener a Jesús dentro del corazón, es “perder la cabeza” por Él. Si esto no sucede, difícilmente logramos mostrarlo con la vida. Más bien corremos el riesgo de hablar de nosotros mismos, de nuestro grupo de pertenencia, de una moral o, peor todavía, de un conjunto de reglas, pero no de Jesús, de su amor, de su misericordia». Todo un estilo de vida que se torna evangelizador por la coherencia de vida. El Papa prosigue en su reflexión diciendo: «Y conociendo a Jesús, nace en él el deseo de darlo a conocer. Siempre sucede así: cuando cada uno de nosotros conoce más a Jesús, nace el deseo de darlo a conocer, de compartir este tesoro. Al comentar el pasaje de la visita de la Virgen a santa Isabel, le hace decir: «Me he donado al mundo… llevadme al mundo». Sí, pero ¿cómo? Como María en el misterio de la Visitación: «en silencio, con el ejemplo, con la vida» (3). Con la vida, porque «toda nuestra existencia – escribe el hermano Carlos – debe gritar el Evangelio»4. «Carlos deja que sea Jesús quien actúe silenciosamente, convencido de que la “vida eucarística” evangeliza».
Carlos de Foucauld, recuerda el Papa, escribe: «Todo cristiano es apóstol» (5) y recuerda a un amigo que «cerca de los sacerdotes hacen falta laicos que vean lo que el sacerdote no ve, que evangelizan con una cercanía de caridad, con una bondad para todos, con un afecto siempre preparado para donarse»6. El Papa seguirá diciendo que «con esta experiencia anticipa los tiempos del Concilio Vaticano II, intuye la importancia de los laicos y comprende que el anuncio del Evangelio pertenece a todo el pueblo de Dios». «San Carlos de Foucauld, figura que es profecía para nuestro tiempo, ha testimoniado la belleza de comunicar el Evangelio a través del apostolado de la mansedumbre: él, que se sentía “hermano universal” y acogía a todos, nos muestra la fuerza evangelizadora de la mansedumbre, de la ternura».
Una palabra de presentación de este número de nuestro BOLETÍN que contextualiza Mons. Claude Rault hablando de esperanza en estos momentos de clausura del año jubilar junto a la experiencia sinodal de la asamblea de la Asociación espiritual Charles de Foucauld de la que recibimos información a través de la crónica de Brigitte Leport. Los artículos de Manuel Pozo Oller. San Carlos de Foucauld, una misión de fraternidad, y Enrique Bianchi. Francisco: Hermano de todos. Identificándonos con los últimos, conforman el centro de la reflexión del número que se complementa con el regalo del testimonio de Mons. Fernando Ramón Casas, obispo auxiliar de la archidiócesis de Valencia, con el título de El carisma del Hermano Carlos y el ministerio episcopal.

MANUEL POZO OLLER,
Director


(1) Cart. enc. Fratelli tutti, 286

(2) Lettres à un ami de lycée. Correspondance avec Gabriel Tourdes (1874
1915), Paris 2010, 161.

(3) Crier l’Evangile, Montrouge 2004, 49

(4) M/314 in C. de Foucauld, La bonté de Dieu. Méditations sur les Saints
Evangiles (1), Montrouge 2002, 285.

(5) Carta a Joseph Hours, in Correspondances lyonnaises (1904-1916), Paris 2005,
92.

(6) Ibid., 90