Trabajamos en la línea del Reino propuesto por Jesús, y con un estilo en el que nos ayuda las intuiciones y el carisma del hermano Carlos.
Año 2.020
(Enero - Marzo)
PRESBÍTEROS MISIONEROS A LA LUZ DEL TESTIMONIO DE CARLOS DE FOUCAULD
Asamblea mundial de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas (Cebú, 15-30 enero de 2.019)
El BOLETÍN Iesus Caritas que está en nuestras manos es una muestra de la proximidad que hay en el conjunto de las fraternidades de Carlos de Foucauld, la cercanía de unos y otros cuando comunicamos proyectos, realidades, trabajo, desafíos… Trabajamos en la línea del Reino propuesto por Jesús, y con un estilo en el que nos ayuda las intuiciones y el carisma del hermano Carlos.
La fraternidad sacerdotal Iesus Caritas ha celebrado su XI Asamblea General en Cebú, Filipinas, en enero de 2.019. La preparación, objetivos, metodología, contenidos, desarrollo y comunicaciones de la Asamblea están en este BOLETÍN para ayudarnos a ser más familia y acercar la vida de la fraternidad sacerdotal a todos los hermanos y hermanas que viven el Evangelio en la entrega a los últimos, en una Iglesia en salida, con una espiritualidad de amistad con Jesús y con las personas que nos rodean, viviendo en contemplación el trabajo del día a
día, en el espacio que nos brinda el estilo de Nazaret, con tiempos de adoración y de vida en fraternidad, teniendo la revisión de vida como instrumento de crecimiento interior al ser escuchado y escuchar a los demás, poniendo la jornada de desierto como prioridad en la organización personal de cada mes, como una necesidad y no un día de ocio y ocupación del tiempo libre.
La preparación y desarrollo de la Asamblea han estado centrados en el punto de trabajo y reflexión con este título: «Presbíteros diocesanos misioneros a la luz del testimonio de Carlos de Foucauld», siguiendo el carisma foucauldiano de una
misión vivida en las periferias existenciales de nuestro mundo, ayudados, en el tiempo presente, por la riqueza que supone las exhortaciones y encíclicas del papa Francisco. Por todo ello nos hemos sentido motivados a ahondar en la realidad de una fraternidad plural culturalmente, que está presente en sesenta países del mundo, algunos de los cuales con serios problemas de violencia, terrorismo, persecución e inseguridades de todo tipo. Presencia y trabajo en zonas desgarradas por la miseria y otras de bienestar y normalidad ciudadana. La fraternidad sacerdotal es, en mayoría, un conjunto de hombres comprometidos como Iglesia en la consecución de un mundo mejor, en la lucha por los derechos sociales de los seres humanos y el empeño comunitario por la conservación del planeta, la casa común.
Muchas horas de trabajo previas y muchas más a lo largo de la Asamblea han favorecido el diálogo, la exposición de las realidades vividas, los problemas y desafíos de las fraternidades. Todo ello ha dado cauce a las propuestas que surgieron en las conclusiones y que se expresan en la Carta de Cebú.
La misión es el punto más importante a lo largo del trabajo realizado. El carácter misionero de nuestra vocación y nuestra dedicación pastoral marca nuestras relaciones con las personas: la gente de nuestras parroquias, barrios y organizaciones, y el presbiterio diocesano del cual formamos parte. Somos trabajadores del Reino, y el papel de funcionarios o burócratas eclesiásticos debe ser transformado, en no pocos casos, en servicio gratuito como enviados de Jesús a anunciar la Buena Nueva. Todo esto es costoso por cuanto supone una conversión personal, un paso adelante en esta Iglesia que nos propone el papa Francisco. En cada uno de los días de la asamblea ha habido una introducción bíblica en la mañana y otra en la tarde acerca de un pensamiento del hermano Carlos.
Metodológicamente nos ayudó enfocar el trabajo y las intervenciones como hombres creyentes, como misioneros en donde cada uno vive, con la constancia de una vivencia de la fraternidad universal, abiertos al diálogo interreligioso y seriamente preocupados por la vida de tantos hombres y mujeres en exclusión, sea por la pobreza, la guerra o la búsqueda de un país seguro. Especialmente el problema de los refugiados y de los migrantes ocupó nuestra atención y los espacios celebrativos.
La Asamblea se ha vivido en el seno de una sociedad filipina acogedora y sencilla, conviviendo con realidades parroquiales del entorno de Cebú, y la fraternidad de Filipinas nos abrió sus brazos, así como la diócesis local y sus responsables. La vivencia humana y eclesial ha sido enriquecedora y gratificante, pues hemos pisado tierra como acompañantes y no como turistas. Para ello vivimos en un espacio muy sencillo con una comunidad de religiosas agustinas y un equipo de trabajadores que nos facilitaron sentirnos como en nuestra casa.
El desierto nos dio la oportunidad de mirarnos al espejo de nuestra alma a la escucha y llamada de Dios, sabiendo que es Él quien nos busca y nos espera no sólo en esa jornada; también cuando los ruidos, viajes, visitas, trabajo y responsabilidades nos exigen centrarnos en lo que es importante y gozar del encuentro con el Señor, por iniciativa e invitación suya. En el desierto comprendemos nuestra pobreza para ser como los más pobres, aprendiendo a pedir ayuda. La experiencia nos ayuda a encarnarnos con la gente más abandonada, porque nos hemos abandonado en las manos del Señor.
En la Asamblea se ha valorado en gran manera los testimonios de hermanos jóvenes y mayores, tanto en los grupos de trabajo continentales y los grupos lingüísticos, como en los momentos de Asamblea. Las conferencias e intervenciones fueron un gran regalo a modo de comunicación, sin el ánimo de lecciones magistrales, como comunicación de hermanos en el ámbito de una familia plural en edad, cultura y lengua. Por eso la alegría de ver realizada esa intuición del hermano Carlos de una fraternidad universal. Queda el desafío de desarrollar, no a modo privado ni como objetivo personal, sino con nuestras comunidades cristianas a las cuales servimos, ya que somos misioneros, una Iglesia en salida, en búsqueda, confiada en la providencia de Dios, no en las seguridades como institución. La Iglesia de Jesús, que se encuentra y comparte con otras iglesias o confesiones religiosas el camino en la fe; que está cerca de los no creyentes y no intenta convencerles con la palabra; la Iglesia de la presencia silenciosa y al mismo tiempo anunciadora del Reino.
La fraternidad sacerdotal Iesus Caritas nos sentimos llamados a trabajar en la línea planteada por la Asamblea y confiamos en nuestro nuevo responsable internacional, Eric Lozada, filipino, y su nuevo equipo, para seguir trabajando como misioneros y hombres de fe y de oración, desde el Nazaret de cada hermano, fraternidad, diócesis, país, en el camino de Jesús, dando lo mejor de cada uno y sintiendo que recibimos del Espíritu toda la ayuda y de los seres humanos su apoyo y compañía.
Participantes
En la House of Prayer, Agustinian Sisters, Talavera Cebu, Filipinas, se reunieron 54 Presbíteros: África: 9 (Madagascar, Burkina Faso, Chad, RCA, Camerún, RD Congo); América: 14 (Canadá, EUU, México, República Dominicana, Chile, Argentina, Brasil); Asia: 13 (Pakistán, India, Bangladesh, Myanmar, Filipinas, Corea del Sur); Europa: 18 (Irlanda, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Austria, Italia, Francia, España). En el total de participantes se incluye 3 responsables anteriores, responsables continentales y delegados de países, y Manuel Pozo).
Metodología de la asamblea
I. Contemplar la Realidad: Síntesis Continental; cada país da un reporte de 15 minutos, y reporte de la Iglesia en las Filipinas.
II. Discernimiento: Conferencias de: (Presbíteros misioneros; Carlos de Foucauld, Hombre de Misión y Diálogo; Nazaret en las Periferias. Iluminación bíblica diaria (Emmanuel Asi), al inicio del trabajo en la mañana. Pensamientos cotidianos del H. Carlos (Honoré Savadogo), al comienzo del trabajo de la tarde.
III. Propuesta e indicaciones para los próximos años a partir de los desafíos presentados: Mes de Nazaret (Documento a estudiar y aprobar. Coordinan: Fernando Tapia y Manuel Pozo).
La fraternidad sacerdotal Iesus Caritas ha celebrado su XI Asamblea General en Cebú, Filipinas, en enero de 2.019. La preparación, objetivos, metodología, contenidos, desarrollo y comunicaciones de la Asamblea están en este BOLETÍN para ayudarnos a ser más familia y acercar la vida de la fraternidad sacerdotal a todos los hermanos y hermanas que viven el Evangelio en la entrega a los últimos, en una Iglesia en salida, con una espiritualidad de amistad con Jesús y con las personas que nos rodean, viviendo en contemplación el trabajo del día a
día, en el espacio que nos brinda el estilo de Nazaret, con tiempos de adoración y de vida en fraternidad, teniendo la revisión de vida como instrumento de crecimiento interior al ser escuchado y escuchar a los demás, poniendo la jornada de desierto como prioridad en la organización personal de cada mes, como una necesidad y no un día de ocio y ocupación del tiempo libre.
La preparación y desarrollo de la Asamblea han estado centrados en el punto de trabajo y reflexión con este título: «Presbíteros diocesanos misioneros a la luz del testimonio de Carlos de Foucauld», siguiendo el carisma foucauldiano de una
misión vivida en las periferias existenciales de nuestro mundo, ayudados, en el tiempo presente, por la riqueza que supone las exhortaciones y encíclicas del papa Francisco. Por todo ello nos hemos sentido motivados a ahondar en la realidad de una fraternidad plural culturalmente, que está presente en sesenta países del mundo, algunos de los cuales con serios problemas de violencia, terrorismo, persecución e inseguridades de todo tipo. Presencia y trabajo en zonas desgarradas por la miseria y otras de bienestar y normalidad ciudadana. La fraternidad sacerdotal es, en mayoría, un conjunto de hombres comprometidos como Iglesia en la consecución de un mundo mejor, en la lucha por los derechos sociales de los seres humanos y el empeño comunitario por la conservación del planeta, la casa común.
Muchas horas de trabajo previas y muchas más a lo largo de la Asamblea han favorecido el diálogo, la exposición de las realidades vividas, los problemas y desafíos de las fraternidades. Todo ello ha dado cauce a las propuestas que surgieron en las conclusiones y que se expresan en la Carta de Cebú.
La misión es el punto más importante a lo largo del trabajo realizado. El carácter misionero de nuestra vocación y nuestra dedicación pastoral marca nuestras relaciones con las personas: la gente de nuestras parroquias, barrios y organizaciones, y el presbiterio diocesano del cual formamos parte. Somos trabajadores del Reino, y el papel de funcionarios o burócratas eclesiásticos debe ser transformado, en no pocos casos, en servicio gratuito como enviados de Jesús a anunciar la Buena Nueva. Todo esto es costoso por cuanto supone una conversión personal, un paso adelante en esta Iglesia que nos propone el papa Francisco. En cada uno de los días de la asamblea ha habido una introducción bíblica en la mañana y otra en la tarde acerca de un pensamiento del hermano Carlos.
Metodológicamente nos ayudó enfocar el trabajo y las intervenciones como hombres creyentes, como misioneros en donde cada uno vive, con la constancia de una vivencia de la fraternidad universal, abiertos al diálogo interreligioso y seriamente preocupados por la vida de tantos hombres y mujeres en exclusión, sea por la pobreza, la guerra o la búsqueda de un país seguro. Especialmente el problema de los refugiados y de los migrantes ocupó nuestra atención y los espacios celebrativos.
La Asamblea se ha vivido en el seno de una sociedad filipina acogedora y sencilla, conviviendo con realidades parroquiales del entorno de Cebú, y la fraternidad de Filipinas nos abrió sus brazos, así como la diócesis local y sus responsables. La vivencia humana y eclesial ha sido enriquecedora y gratificante, pues hemos pisado tierra como acompañantes y no como turistas. Para ello vivimos en un espacio muy sencillo con una comunidad de religiosas agustinas y un equipo de trabajadores que nos facilitaron sentirnos como en nuestra casa.
El desierto nos dio la oportunidad de mirarnos al espejo de nuestra alma a la escucha y llamada de Dios, sabiendo que es Él quien nos busca y nos espera no sólo en esa jornada; también cuando los ruidos, viajes, visitas, trabajo y responsabilidades nos exigen centrarnos en lo que es importante y gozar del encuentro con el Señor, por iniciativa e invitación suya. En el desierto comprendemos nuestra pobreza para ser como los más pobres, aprendiendo a pedir ayuda. La experiencia nos ayuda a encarnarnos con la gente más abandonada, porque nos hemos abandonado en las manos del Señor.
En la Asamblea se ha valorado en gran manera los testimonios de hermanos jóvenes y mayores, tanto en los grupos de trabajo continentales y los grupos lingüísticos, como en los momentos de Asamblea. Las conferencias e intervenciones fueron un gran regalo a modo de comunicación, sin el ánimo de lecciones magistrales, como comunicación de hermanos en el ámbito de una familia plural en edad, cultura y lengua. Por eso la alegría de ver realizada esa intuición del hermano Carlos de una fraternidad universal. Queda el desafío de desarrollar, no a modo privado ni como objetivo personal, sino con nuestras comunidades cristianas a las cuales servimos, ya que somos misioneros, una Iglesia en salida, en búsqueda, confiada en la providencia de Dios, no en las seguridades como institución. La Iglesia de Jesús, que se encuentra y comparte con otras iglesias o confesiones religiosas el camino en la fe; que está cerca de los no creyentes y no intenta convencerles con la palabra; la Iglesia de la presencia silenciosa y al mismo tiempo anunciadora del Reino.
La fraternidad sacerdotal Iesus Caritas nos sentimos llamados a trabajar en la línea planteada por la Asamblea y confiamos en nuestro nuevo responsable internacional, Eric Lozada, filipino, y su nuevo equipo, para seguir trabajando como misioneros y hombres de fe y de oración, desde el Nazaret de cada hermano, fraternidad, diócesis, país, en el camino de Jesús, dando lo mejor de cada uno y sintiendo que recibimos del Espíritu toda la ayuda y de los seres humanos su apoyo y compañía.
Participantes
En la House of Prayer, Agustinian Sisters, Talavera Cebu, Filipinas, se reunieron 54 Presbíteros: África: 9 (Madagascar, Burkina Faso, Chad, RCA, Camerún, RD Congo); América: 14 (Canadá, EUU, México, República Dominicana, Chile, Argentina, Brasil); Asia: 13 (Pakistán, India, Bangladesh, Myanmar, Filipinas, Corea del Sur); Europa: 18 (Irlanda, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Austria, Italia, Francia, España). En el total de participantes se incluye 3 responsables anteriores, responsables continentales y delegados de países, y Manuel Pozo).
Metodología de la asamblea
I. Contemplar la Realidad: Síntesis Continental; cada país da un reporte de 15 minutos, y reporte de la Iglesia en las Filipinas.
II. Discernimiento: Conferencias de: (Presbíteros misioneros; Carlos de Foucauld, Hombre de Misión y Diálogo; Nazaret en las Periferias. Iluminación bíblica diaria (Emmanuel Asi), al inicio del trabajo en la mañana. Pensamientos cotidianos del H. Carlos (Honoré Savadogo), al comienzo del trabajo de la tarde.
III. Propuesta e indicaciones para los próximos años a partir de los desafíos presentados: Mes de Nazaret (Documento a estudiar y aprobar. Coordinan: Fernando Tapia y Manuel Pozo).
AURELIO SANZ BAEZA


