Diez cosas que el Papa Francisco quiere que sepas sobre la ecología


Entre los muchos libros publicados con motivo de la encíclica Laudato hemos escogido este por su sencillez y profundidad.                                                              
 
 
UN LIBRO... UN AMIGO
 
AUTOR: Patxi Álvarez de los Mozos.
TÍTULO: Diez cosas que el Papa Francisco quiere que sepas sobre la ecología.
LUGAR Y FECHA DE EDICIÓN: Madrid 2016
EDITORIAL: Publicaciones Claretianas.
FORMATO Y PÁGINAS: 200 x 110; 70 páginas
 
Entre los muchos libros publicados con motivo de la encíclica Laudato sí, sobre el cuidado de la casa común, del papa Francisco, hemos escogido el que encabeza estas líneas por su sencillez y profundidad. Su autor, el sacerdote jesuita Patxi Álvarez, es actualmente director del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, además de ser licenciado en Teología, doctor en Sociología e Ingeniero de Telecomunicaciones. Con ese curriculum, se explica que su pequeño libro no sea un mero comentario de la encíclica, sino una profundización en sus ejes fundamentales.
 
Así, el carácter “sistémico” de la realidad (todo está conectado y relacionado entre sí) en lo que tanto insiste el Papa, significa que no hay nada superfluo, que la degradación de cualquier parte de la realidad empobrece el universo, y que el antropocentrismo interpretado como dominio sobre los bienes naturales y no como responsabilidad, conduce a un estilo de vida equivocado. Y si se analizan los graves perjuicios que provocamos en nuestro planeta descubrimos que en el fondo está una “cultura del descarte”, una cultura consumista que aprecia las cosas en tanto nos sirven, y no por su valor intrínseco. Esta cultura, claramente dominante, tiene sin duda efectos medioambientales, pero victimiza directamente a los más pobres. El deterioro de la naturaleza (contaminación, sobreexplotación recursos, calentamiento climático, etc.) lleva consigo la exclusión de miles de seres humanos de los bienes naturales más necesarios (el caso del agua es sólo un ejemplo).El actual modelo de desarrollo amenaza al mismo tiempo a la naturaleza y a los seres humanos vulnerables. 
 
Si esta es la dramática realidad que precisa denuncia constante, una nueva comprensión del mundo como “casa común” supone también, según el autor del libro, una renovación y puesta al día de nuestra fe. La creación es verdadero sacramento de la generosidad del Padre y, en este sentido, su contemplación ha de volverse celebrativa y festiva para los creyentes.
 
Los comentarios y reflexiones de Patxi Álvarez no deben ahorrarnos la lectura reposada de la encíclica, cuyo texto es ciertamente lúcido y claro. En todo caso, pueden ser un excelente complemento que, si se me permite, trabajado en grupo, ayudarán a captar mejor los aspectos más relevantes de la encíclica.
 
VICENT COMES IGLESIA

Miramos al mundo con los ojos de Dios

Para animar a la lectura de la Carta-Encíclica "Laudato si'" del Papa Francisco.                                                       




Después de algunas filtraciones que rompieron con el tradicional embargo vaticano, se presentó en la Sala Stampa la carta-encíclica del papa Francisco que lleva por título «Laudato si’». El documento toma su nombre de la invocación de san Francisco, «Laudato si’, mi’ Signore», que en el Cántico de lascreaturas recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. El papa encargó la presentación del texto al Pontificio Consejo Justicia y Paz, organismode la Curia Romana al servicio de la promoción de la justicia y la paz internacionales, que preside el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson. 
 
En una primera aproximación al documento pareciera que el centro de la Encíclica girará en torno a dar respuesta a la pregunta que aparece muy avanzada en la lectura de la Encíclica: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? La pregunta “no afecta sólo al ambiente de manera aislada”, sino que nos lleva a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra?” Estas cuestiones insoslayables y la búsqueda de respuestas son una invitación a una “conversión ecológica” y al “cuidado de la casa común”. El papa reconoce que “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta” al tiempo que anima a seguir trabajando ya que todavía «la humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”; “el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente”; “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse”.

La Encíclica se estructura en seis capítulos. En una primera parte, a partir de la escucha de la realidad (cap.1) busca inspiración en la tradición bíblica (cap. 2), para detectar las raíces del problema (cap. 3). En un segundo bloque la Encíclica es propositiva y ofrece a la humanidad el proyecto de una «ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales» (cap. 4), constatando la necesidad de búsquedas de soluciones desde el diálogo integrador (cap. 5) para terminar sugiriendo algunos principios para crecer en esta dirección ecológica a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico (cap. 6). El texto concluye con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en «un Dios creador omnipotente», y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo «Laudato si’», que abre y cierra la Encíclica.

Sugerencias para su lectura:

Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas


La Conversión ecológica en san Francisco de Asís.
                                                                     

Francisco, hijo de Pietro Bernardone, comerciante rico, y Madonna Pica, dejó la buena vida familiar para seguir a Cristo. Eran los años de 1200, en Asís (Italia). De él nos dice el Papa: es el “ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. 

Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior (...) 
Seguir leyendo: