HERMANITA MAGDELEINE
Carta al Padre Voillaume, 24 de agosto de 1947
Carta al Padre Voillaume, 24 de agosto de 1947
“No puedo sufrir más que de una cosa: de las faltas de amor, y tengo más que nunca nostalgia del cielo, donde no habrá más sombras en el amor”.
“Es muy consolador pensar que aquí mismo el Señor Jesús pasó largas y dulces horas de amistad que le hacían olvidar tantas horas dolorosas de enemistad y de odio, pensar que, cuando ya no podía más al encontrar tantas incomprensiones y condenas, venía a descansar a una casa amiga donde todos le querían, le comprendían incluso cuando decía cosas extrañas e incomprensibles, porque todos creían en él. Venía a descansar junto al amor ardiente y puro de María Magdalena. Le gustaba que se quedara a sus pies durante largas horas y no la rechazaba, aunque Marta protestara contra su aparente inutilidad.
¿Habéis comprendido bien el verdadero sentido del amor? ¿Habéis medido sus exigencias, os habéis dado cuenta de todos sus matices, todas sus delicadezas? ¿Será que el Señor Jesús hizo una selección? Al contrario, se ofreció a los clavos de la cruz con los brazos abiertos, para que nadie fuera excluido de su amor, ni siquiera el más miserable, el más egoísta y el más ingrato de todos los hombres. Por todos, el Señor Jesús sufrió y murió. En nombre de su Amor todos, sin exclusión, tienen derecho estricto a vuestro amor fraterno”.