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Boletín Iesus Caritas 198: Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional



http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/198/Iesus-Caritas-198.htm


Si hacemos caso a lo que dice la sociología descriptiva, podríamos destacar tres valores fundamentales en la juventud actual de nuestro entorno.



 Editorial



Jóvenes, os he escrito porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros" (1Jn 2,14)
Julio - Septiembre de 2.018


TRES VALORES DE LA JUVENTUD ACTUAL
 
Si hacemos caso a lo que dice la sociología descriptiva, podríamos destacar tres valores fundamentales en la juventud actual de nuestro entorno. En cada uno de ellos intentaré, por un lado, describir lo que significa; por otro, detectar su ambigüedad; y, finalmente, reconocer su valía y lo que tiene de interpelación. 
 
En primer lugar, está el deseo de ser libres («Be free»). Desde siempre, la juventud ha simbolizado el ímpetu de la libertad, pero también es cierto que los jóvenes de hoy ofrecen unas características peculiares: han nacido y crecido en la democracia, en libertad (los que nacieron en 1.975 tienen ya más de 40 años). No conocen otro horizonte político ni otro entorno cultural. y como, además, viven sin las penurias económicas de décadas pasadas, su libertad implica también la posibilidad de ejercer el consumo con bastante eficiencia.
 
Valoran profundamente la libertad, hasta el punto de no poder imaginar una vida en la que ella esté ausente; pero en realidad no está claro que la ejerzan, en parte quizá porque la dan por supuesta, no han tenido que luchar por ella. Se ha hablado de que nuestro mundo nos ofrece una cierta «sensación de libertad» que, a la vez, atrofia nuestra capacidad de ejercer esa misma libertad.
 
La ambigüedad en el modo juvenil de situarse ante la libertad es clara: una libertad ala carta, centrífuga, sin compromisos estables, desvinculada del bien común... Una libertad -de, pero no una libertad- para. Una libertad sin proyecto propio, víctima fácil de todo tipo de manipulación. De acuerdo. Pero el reto está ahí: nunca la sociedad podrá acercarse a los jóvenes si no mira de frente sus ansias de libertad, aunque necesariamente sea para purificarlas y hacerlas más auténticas, encarnadas y radicales. A este propósito recuerdo un conocido, al tiempo demoledor, chiste de Forges, en el que un joven reflexiona en solitario: «Soy libre... puedo elegir el banco que me exprima; la cadena de televisión que me embrutezca; la petrolera que me esquilme; la comida que me envenene; la red de telefonía que me time; el informador que me desinforme y la opción política que me desilusione. Insisto: soy libre».
 
Tener experiencias («puenting»): otro de los valores esenciales de nuestra juventud. Romper el aburrimiento, hacer algo, vivir lo instintivo, hacer caso a los impulsos inmediatos, disfrutar, no tener que dar razones para hacer lo que me apetece... eso es un valor para los jóvenes (por mucho que a los adultos pueda desconcertarles o molestarles). Ahí están los deportes de riesgo o de aventura, la pluralidad de experiencias, el interés por experiencias religiosas diferentes, los nuevos juegos animados por ordenador...
 
Alguien ha dicho que la juventud actual no se orienta por brújula, sino por radar. Es decir, que no tiene un norte fijo al que seguir, sino que más bien experimenta distintas cosas, prueba, recibe estímulos diversos... y, a partir de ahí, intenta sacar sus propias conclusiones provisionales para seguir avanzando. Podrá gustar más o menos, pero es un dato incontestable que está ahí y que no debemos olvidar. Y es, además, un reto permanente para la sociedad, que deberá ofrecer a los jóvenes algo que experimentar (¡algo que ella misma ha experimentado!), y no meramente ideas, historias pasadas o buenos deseos.
 
Obviamente, este hecho tiene también unas consecuencias dramáticas para los propios jóvenes, pues al verse sometidos a un nivel tal de excitación (sobreexcitación), encuentran cada vez más difícil acceder a alguna experiencia gratificante. La dinámica de buscar experiencias siempre nuevas y cada vez más llamativas corre veloz, de la mano acechante del desencanto. Ahí tenemos otro desafío para hacer personas libres y responsables.
 
Quizá el símbolo juvenil por excelencia de este momento sea el teléfono móvil («Connecting people»). Desde siempre los adolescentes y jóvenes se han mandado mensajes en el colegio a espaldas de los profesores; pero, con la ayuda de la técnica, la cosa ahora es mucho más eficaz: se ofrece al joven la oportunidad de estar conectado con sus amigos, de mandarles un mensaje, de «darles un toque» (aunque el contenido sea en sí insustancial; lo importante es la sensación de saberse conectados).
 
En medio del anonimato (y de la soledad), el teléfono móvil, las macrofiestas, Internet, el correo electrónico, los conciertos de música pop y, especialmente, los macrofestivales veraniegos, el «chateo», el botellón o los programas interactivos de televisión ofrecen otras tantas oportunidades de encontrarse con otros, de sentirse acompañado, de experimentar vínculos (aunque sean virtuales).
 
Conclusión
Si necesaria y útil es la reflexión sobre los jóvenes desde todos los campos del saber, sin duda alguna, se hace necesario dejar de hablar de los jóvenes para que éstos sean en responsabilidad los verdaderos constructores de su historia
personal. 
MANUEL POZO OLLER.

198: Lo jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/198/Iesus-Caritas-198.htm#page=5
"Los jóvenes, la Fe y el Discernimiento vocacional"
“Jóvenes, os he escrito porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros” (1Jn 2,14)
Julio - Septiembre de 2018

Sumario
                                                                                             


 


Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 198

http://www.carlosdefoucauld.es/Boletin/198/Iesus-Caritas-198.htm



El Consejo de Redacción del BOLETÍN ha querido unirse a la reflexión propuesta por la Iglesia para el Sínodo                                                                                                                                                                                                                               






Año 2.018
(Junio - Septiembre)



JÓVENES Y VOCACIÓN CRISTIANA

"Jóvenes, os he escrito porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros" (1 Jn 2,14)


La eclesiología del Papa Francisco bebe en las fuentes del II Concilio del Vaticano y en esa luminosa definición de la Iglesia Pueblo de Dios que complementa su identidad como misterio y su vocación como comunión y misión. Subrayando el aspecto de pueblo de Dios peregrino se ha recuperado en parte el estilo fraterno de sinodalidad, de hacer el camino juntos, que es, al fin y al cabo, el reconocimiento de que todo bautizado es miembro activo en la construcción de la Iglesia y en el anuncio del reinado de Dios. Recordamos con gratitud la Constitución conciliar Lumen gentium que, a nuestro parecer es punto de partida insoslayable para presentar ante el mundo una Iglesia creíble, que aunque sea Madre y maestra, su vocación es el servicio. Hacemos memoria del aquel sugerente título de un libro de nuestro hermano obispo Jacques Gaillot: «Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada».

Este necesario estilo sinodal ha presidido la convocatoria de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos cuando ha querido que la consulta se haga abierta, rompiendo con el esquema de consultar solo obispos o entendidos en las materias previstas a tratar en el aula sinodal y, al tiempo, celebrando un encuentro pre-sinodal el pasado mes de marzo de 2018 para preparar esta asamblea mundial con jóvenes del mundo entero. El Papa en el encuentro con los jóvenes les instó a sacar todo lo que llevaban en su corazón. Les dijo: «Hablar con valentía […] la vergüenza se deja fuera de la puerta. Se habla con valentía. Lo que siento lo digo. Y si alguien se siente ofendido, pido perdón y sigo adelante. ¡Pero, ustedes saben hablar así!». ¡No es poco el cambio! El Papa, en la medida que las estructuras del pasado le dejan, quiere que hablen los jóvenes y que el encuentro sinodal no sea solo para hablar de los jóvenes: «Frecuentemente se habla de los jóvenes, sin dejarse interpelar por ellos. Cuando alguien quiere hacer una campaña elogia a los jóvenes, pero no permite a los jóvenes que le interpelen. Elogiar es una manera de contentar a la gente. Pero, la gente no es tonta, la gente entiende…».

Es hermosa también la expresión del Papa: «La juventud no existe. Existen los jóvenes, rostros, historias, ilusiones» para terminar diciendo «que el corazón de la Iglesia es joven porque sigue la renovación constante del Evangelio ... Una institución que no asume riesgos se queda infantil». Sin duda que estamos gustando un nuevo estilo de vivir el misterio de la Iglesia y, con la gracia de Dios y nuestro esfuerzo, intentaremos entre todos hermosear su rostro.

En este contexto editorial el Consejo de Redacción del BOLETÍN ha querido unirse a la reflexión propuesta por la Iglesia para el próximo Sínodo ofreciendo modestamente nuestra mirada al mundo nuevo representado en la vitalidad y esperanza de la juventud. En el apartado Desde la Palabra el biblista Rodríguez Carmona y el escritor Mario Aldighieri, ambos de la Fraternidad Sacerdotal, nos sitúan bellamente en la infancia y juventud de Jesucristo. La presentación de algunos textos de la correspondencia epistolar del Hno. Carlos con sus sobrinos ocupa la sección dedicada al carisma foucauldiano. En el espacio dedicado a la reflexión se presentan tres artículos, el de Kevin Ahern y el Hermano Máxime gracias a la generosidad de la revista de teología Concilium que en el año 2014 dedicó un número especial a la juventud, junto a una colaboración de un servidor.

Modestamente el número que presentamos puede ayudar a ir concretando, cada cual en el ámbito en que se halle, cómo ha de ser una Iglesia acogedora, de escucha, “en salida”, “hospital de campaña”,... Los instrumentos de trabajo del Sínodo y otras muchas colaboraciones nos pueden ayudar a comprender pero, en verdad, en este tema como en tantos otros se hace necesario una evidente y efectiva “conversión pastoral”.