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Meditación sobre el salmo 81




Meditación de Carlos de Foucauld publicado en el Boletín Iesus Caritas 193                                                     




En todas las páginas de sus libros, Dios nos recomienda a sus hijos pobres, a sus hijos desheredados, que escuchemos su voz, seamos los padres, los hermanos, los hijos de esos desgraciados; seamos su consuelo, su refugio, su asilo, su hogar, su casa paterna. De esa manera seremos los padres, los hermanos, los hijos de Jesús: su consuelo, su refugio, su ayuda, su hogar, su casa. No nos preocupemos de aquellos a quienes no les falta de nada, ocupémonos de aquellos a los que les falta todo, en quienes nadie piensa.
Seamos los amigos de los que no tienen amigos. Pensemos en las llagas de Lázaro, en lugar de hacer regalos al rico, por bueno que sea. Seamos los padres, los hermanos, los hijos de los abandonados, de los desheredados, de los
miserables, y seremos los padres los hermanos, los hijos de Jesús.

Amemos a los ricos porque también son hijos de Dios; pero no nos ocupemos de ellos porque no lo necesitan; ocupémonos de los pobres porque ellos necesitan de todo, y porque Jesús nos los ha legado no como hermanos, sino como Él mismo, a quien hay que cuidar, alimentar, vestir, consolar, santificar, salvar, en definitiva, amar. Ellos son “sus hermanos” nos dice, la familia que Él ha adoptado; la que nos ha legado. 

Es cosa nuestra ver si queremos aceptarla de su mano o rechazarla. Somos todos hijos del Altísimo! Todos... El más pobre, el más repulsivo, un recién nacido, un viejo decrépito, el ser humano menos inteligente, el más abyecto, un idiota, un loco, un pecador, el mayor pecador, el más ignorante, el último de los últimos, el que más repugna tanto física como moralmente es un hijo de Dios, un hijo del Altísimo, acompañado de un ángel de la guarda resplandeciente de belleza y poder. ¡Cómo debemos valorar a todo ser humano, cómo debernos amarle! Es hijo de Dios. Dios quiere que sus hijos se amen entre ellos como un tierno padre quiere que sus hijos se amen entre sí. Amemos a todo hombre, porque es nuestro hermano y porque Dios quiere que le miremos y le amemos muy tiernamente como tal, ¡pues es hijo del Dios bienamado y adorado! Porque es el precio de la sangre de Nuestro Señor, cubierto con su sangre como de un manto, amado por Dios y por Jesús hasta consumar por él el sacrificio del Calvario, amado de Dios hasta entregar a su Hijo, amado por Jesús, en asociación, en imitación, en unión, en conformidad perfecta con Dios, hasta inmolarse por él. 
Amemos a este hombre a quien Dios ama todos los instantes de su vida, a quien Él da, hasta el último minuto de su existencia, con paciencia y bondad infinitas, los medios para vivir eternamente en el cielo participando maravillosamente de la herencia divina. Estimemos, amemos desde el fondo del
corazón a todo hombre por Dios, nuestro Padre común.
Meditaciones sobre los salmos - Roma 1896”,
en Id y Evangelizar 100 (2016) 13

Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas


La Conversión ecológica en san Francisco de Asís.
                                                                     

Francisco, hijo de Pietro Bernardone, comerciante rico, y Madonna Pica, dejó la buena vida familiar para seguir a Cristo. Eran los años de 1200, en Asís (Italia). De él nos dice el Papa: es el “ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. 

Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior (...) 
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Carta de un hijo a los padres del mundo

Trata de comprenderme y ayudarme. Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir....                                                   




PÁGINAS PARA LA ORACIÓN
 

No me des todo lo que te pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también. Y yo no quiero hacerlo.

No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo;
pero también si es una corrección.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces creer que soy mejor que los demás, alguien va a sufrir. Y si me haces sentir peor que los demás, seré yo quien sufra.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide, y mantén esa decisión, porque me desorientas y, al final, no voy a saber lo que de verdad es importante.

Déjame valerme por mí mismo. Algo sabré hacer. Si tú haces todo por mí, nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que lo haga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perdería fe en lo que dices.

Cuando yo haga algo mal no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé y otras me da mucha vergüenza.

Cuando te equivoques en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti, y así me enseñarás a admitir mis propias equivocaciones.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos y amigas. El que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también. Debemos serlo.

No me digas que haga una cosa cuando tú no lo haces. Yo aprenderé lo que tú hagas, aunque no lo digas, pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío, no me digas “No tengo tiempo para bobadaso “Eso no tiene importancia”. Sé que a veces tienes cansancio y muchas ocupaciones, pero te necesito. 

Trata de comprenderme y ayudarme. Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque no lo creas necesario. Yo lo necesito.

Carta de una madre anciana a su hijo

El día que esta vieja ya no sea la misma, ten paciencia y compréndeme.....                                                               




PÁGINAS PARA LA ORACIÓN
 

Debes entenderlo, hijo mío, el día que esta vieja ya no sea la misma, ten paciencia y compréndeme:

Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme los zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.

Si cuando converses conmigo, repito y repito la misma historia que sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame.

No me reproches porque no quiero bañarme, no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguía y los mil pretextos que inventaba para hacerte agradable tu aseo. Acéptame y perdóname ya que ahora soy una niña.

Acuérdate que fui yo la que te enseñó tantas cosas, comer, vestirte y tu educación para enfrentarte a la vida. Todo lo que haces es producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

Cuando en algún momento mientras conversamos me olvide de qué estamos hablando, dame el tiempo necesario para que yo recuerde; y si no puedo hacerlo no te burles de mí, tal vez no será importante lo que hablaba y me conformé con que sólo me escuches en ese momento.
Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuanto puedo y cuanto debo. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para saborear.
Cuando me fallen mis piernas, dame una mano tierna para apoyarme, como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernas regordetas.

Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y sólo quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que eso no tiene nada que ver con tu cariño o cuanto te amé. Trata de comprender que ya no vivo, sino sobrevivo, y eso no es vivir.
Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.

No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir. De la misma manera como te he acompañado en tu sendero te ruego me acompañes a terminar el mío. Dame amor y paciencia que yo te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tiene por ti, tu mamá.

María, familiar y vecina

Las grandes cosas se realizan casi siempre en la pequeñez, en lo sencillo..                                                                                


PÁGINAS PARA LA ORACIÓN

1. Después de un canto y del saludo inicial se leen los textos bíblicos: Lc 1, 39-45: Fue a visitar a su prima Isabel. Jn 2, 1-12: Boda en Caná de Galilea.

2. Textos complementarios
Siembren también la fe de Cristo entre sus compañeros de trabajo, obligación que tanto más urge cuanto que muchos hombres no pueden oír hablar del evangelio ni conocer a Cristo más que por sus vecinos seglares” (AG 21).
Reflexión
Las grandes cosas se realizan casi siempre en la pequeñez, en lo sencillo.  
Nazaret: Dios mismo escondido en la pequeñez de una familia, en la oscuridad de un caserío olvidado y miserable, en la cotidianeidad de unos quehaceres domésticos.
María: velando anónimamente el crecimiento de Jesús, haciendo posible calladamente el advenimiento del reino, haciendo presente el misterio, llevando ocultamente a Dios a su prima, haciendo el bien a sus amigos de Caná. Dios hecho familia y vecindad en la familia de María.
Examen
- ¿Valoramos la vida sencilla? ¿Sabemos ver en ella, con fe, la hondura de nuestras responsabilidades divinas?

- ¿Somos portadores de Dios hacia los amigos, conocidos, familiares, sin espectáculos, calladamente, con paciencia y constancia?
- ¿A qué amigos, familiares, vecinos, puedo llevarles a Jesús? ¿Cómo? ¿Qué pasos voy a dar?
- Revisar nuestra vida, sencilla, doméstica, intima.
Conversión
Tomar decisiones para tratar de convertir la vida familiar, de relaciones de vecindario, de amistad, en un primer ámbito de compromis o por realizar el reino de Dios.

Oración
Dios, Padre nuestro, que en María de Nazaret nos has dado un ejemplo de vida familiar, sencilla, oculta, solidaria. Haz que nuestra vida cotidiana, sencilla y humildemente, introduzca también la presencia de Jesús en medio del pueblo.

Encarnación y nacimiento del Hijo de Dios

En la Navidad celebramos el misterio central de nuestra fe: la revelación es que Dios se ha hecho hombre.                               
Boletín Iesus Caritas 183

Páginas para la oración

Gabriel Leal Salazar

Como objetivo de nuestro retiro ponemos el deseo de acercarnos más a Dios, de que la luz de la Palabra ilumine nuestro interior y se avive en nosotros el deseo de un encuentro profundo y gozoso con Dios que ha venido a nosotros. 
Con los peregrinos que subían al templo de Jerusalén pedimos a Dios: “Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada” (Sal 42). 

Con un teólogo antiguo invocamos al Espíritu Santo: 

Invocación al Espíritu Santo

Ven, luz verdadera. Ven, vida eterna. Ven, misterio oculto. Ven, tesoro escondido. Ven, realidad inenarrable. Ven, persona inconcebible. Ven, regocijo inconmensurable. Ven, luz sin ocaso. Ven, esperanza verdadera de los que serán salvados. Ven, despertar de quienes duermen. Ven, resurrección de los muertos. Ven, omnipotente, con voluntad hacedora, renueva y transforma todas las cosas. Ven, invisible, intangible e impalpable. Ven, tú que ni cambias ni te mudas y en cada momento nos visitas y vienes a quienes yacemos en el infierno, tú que estás en las alturas. Ven, sumamente deseado y continuamente repetido, inefable e indecible. Ven, alegría eterna. Ven, corona inmarcesible. Ven, púrpura divina y rey nuestro. Ven, cinturón límpido, repujado de piedras preciosas. Ven, diestro consejero, purpúreo y soberano. Ven, tú que has deseado y deseas mi alma infeliz. Ven junto al que esté solo, y yo lo estoy, ven. Ven, me separaste de los demás y solitario estoy en esta tierra. Ven, tú que te has convertido en deseo dentro de mí y te has hecho desear por mí, incluso siendo totalmente inaccesible. Ven, mi oxígeno y mi vida. Ven, consuelo de mi pobre vida humana. Ven, mi alegría y mi delicia ilimitada (Simeón el Nuevo Teólogo).
Como punto de partida tomamos la narración que nos hace san Lucas del Nacimiento de Jesús. En la Navidad celebramos el misterio central de nuestra fe. El corazón de la revelación es que Dios se ha hecho hombre. Este acontecimiento no sólo es el punto culminante de todo lo que Dios nos ha querido manifestar sino también el puente construido por Dios para que el hombre le pueda conocer y amar. Es el salto infinito de Dios por el que viene a
habitar entre nosotros. La muerte de Jesús en la cruz nos conmueve pero su nacimiento nos llena de un asombro indescriptible. Nos cuesta trabajo pensar que Dios se ha hecho hombre y ha nacido en un portal.

La Navidad es la explosión del amor de Dios . “Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su propio Hijo, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Dios, que es amor, nos ha dado todo lo que tenía: su propio Hijo. “Y el Verbo se ha hecho carne y habita entre nosotros”
Para leer el artículo completo:

Algunas maneras de amar



J. L. MARTÍN DESCALZO

1. Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.

2. Pensar, por principio, bien de todo el mundo.

3. Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.

4. Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.

5. Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.

6. Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.

7. Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.

8. Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.

9. Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.

10. Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.

11. Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.

12. Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.

13. Dar buenas noticias.

14. Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.

15. Mandar con tono suave. No gritar nunca.

16. Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.

Yo sí que te conozco


UN MONJE DE LA IGLESIA DE ORIENTE


“Hijo mío, tú todavía no sabes lo que eres. No te conoces aún. Quiero decir que tú no te has reconocido del todo como objeto de mi amor. Por eso no sabes lo que eres en mí e ignoras las posibilidades que hay escondidos en ti.

Despiértate y deja los malos sueños. No ves en ti mismo, en las horas de sinceridad, más que los fracasos y los fallos, las caídas, las manchas y quizás los crímenes. Pero todo esto no eres realmente tú. Todo eso no es tu verdadero ‘yo’, tu ‘yo’ profundo.

Bajo todo ello, detrás de todo bajo tu pecado, más allá de todas las transgresiones y de todos las faltos, yo, sí, yo te miro y te veo.

Te veo y te amo. Te amo a ti mismo, a tu ‘ti mismo’, Es a ‘ti’ mismo al que amo. No es el mal que tú haces; ese mal no se debe ignorar, ni negar, ni atenuar... (¿es qué lo negro puede ser blanco?) 

Pero en lo más profundo veo otra cosa. Algo que todavía vive.

Las máscaras que tú llevas, los disfraces que te pones, te pueden ocultar, disimular a los ojos de los demás, quizás a tus propios ojos. Pero no pueden ocultarte a los míos. Porque yo te persigo hasta donde nadie te ha perseguido.

Esa mirada, tu mirada que no es límpida y tu deseo febril, anhelante, deseo de lo que te parece intenso así como tus convulsiones precarias, la dureza y avaricia del corazón... todo esto... lo separo, lo aparto de tu ‘ti mismo’, lo rechazo.

Escucha: Nadie te comprende verdaderamente. Pero yo te comprendo. ¡Podría decir de ti tantas cosas grandes y bellas! Sí, podría decírtelas: no de ese ‘tú’ que el poder de las tinieblas ha desviado tan frecuentemente, sino del ‘tu’ tal cómo deseaba que fuese, del ‘tu’ que permanece en mi pensamiento y en mi intención de amor, del ‘tú’ que puede hacerse aún visible y manifestarse.

Haz visible lo que eres en mi pensamiento. Sé la última realidad de ti mismo. Haz activas las posibilidades que he puesto en ti.

En ningún hombre ni en ninguna mujer hay posibilidad alguna de belleza interior y de bondad que no estén también en ti. No hay ningún don divino al que no puedas aspirar. Tú los recibirás todos juntos si amas conmigo y en mí.

Sea lo que sea que hayas podida hacer en tu pasado... yo corto la atadura. Y si corto la atadura, ¿qué te impide levantarte y andar?

Tu camino no lo puede hacer nadie por ti


MARCO LEVISOHN


BREVES APUNTES SOBRE EL CAMINO

Que se haga Tu voluntad, Señor mío y de mis padres. Guíanos en paz, líbranos de las garras de cualquier atacante en el camino y de cualquier mal percance o mal encuentro. Haznos llegar en paz a nuestro destino y concédenos gracia, bondad y misericordia en tus ojos y en la mirada de todos los que nos vean. Escucha nuestra humilde oración, porque Tú eres El Santo, que escuchas la oración.

La oración del camino, la tefilá ha derek, da una significativa impronta de la comprensión religiosa de la vida como camino. El camino como metáfora de la vida es una imagen ya presente en las antiguas culturas mesopotámica y egipcia. Abraham (s. XX a. C.) es el prototipo de caminante para las religiones judía, cristiana y musulmana. Odiseo lo es igualmente para la culturas griega y romana. Homero es, como creador de mitos, el primer autor de un poema de viajes en la cultura clásica, la Odisea.

Kavafis en su poema Ítaca (1911) ha referido también no sólo el camino sino la voluntad del caminante. Antoine de Saint-Exupéry ha escrito con El Principito (1947) una de las más entrañables historias de la literatura por sus peripecias, vicisitudes y psicología de sus personajes. La historia de la literatura universal está llena de ejemplos en los que uno de los motivos principales es el camino y la
vida entendida como tal, como proceso del devenir humano y social.

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Cruz gloriosa


ANTONIO RODRÍGUEZ CARMONA

Meditación para el Viernes Santo
 

Primera lectura: Isaías 52,13-53.12
Salmo responsorial: Salmo 30
Segunda lectura: Hebreos 4,14-16; 5,7-9
Evangelio: Jn 18,-1-19,42
 


Las lecturas de esta celebración están centradas en la pasión de Jesús: la primera es el cuarto poema del Siervo de Yahvé, el más desarrollado, donde se le presenta como cordero inocente, representante de la humanidad, en cuyo favor sufre y muere. La carta a los Hebreos ofrece un comentario profundo de la muerte de Jesús y de sus consecuencias: muere anhelando la plenitud de la vida y la consigue para él y para nosotros. Ahora el Señor resucitado nos comprende, pues, aunque no puede sufrir, tiene la experiencia de lo que es una existencia humana amando y sirviendo a los demás.
 

Finalmente la pasión según san Juan es el relato más sublimado de la pasión de Jesús, en el que la presenta como el camino regio de un rey hacia su trono. Jesús aparece consciente, libre y dueño de su destino y de los acontecimientos: cuando lo van a detener se revela como Yo soy (nombre divino), da permiso para que lo detengan y ordena que dejen en libertad a sus discípulos. En la escena ante Anás se comporta con plena dignidad y libertad.
 

En el diálogo con Pilatos no se sabe quién es el juez y quién el reo, pues Jesús está en el centro de la escena junto a Pilato. Estos diálogos culminan en dos grandes revelaciones: he aquí el hombre, es decir, hasta donde es capaz de llegar el Hijo de Dios encarnado por amor a los hombres, y he aquí vuestro rey, es decir, Jesús es verdaderamente rey pero en su total entrega y humillación. En la cruz Jesús aparece con su título de rey de los judíos en todas las lenguas conocidas, presentándose así a todo el mundo; hasta el último momento vive cuidadoso de cumplir la voluntad del Padre hasta en los últimos detalles. Y finalmente, a la hora de morir, lo hace libremente: San Juan lo subraya escribiendo e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

La Eucaristía, memorial de Jesús


ANTONIO RODRÍGUEZ CARMONA

Meditación para el Jueves Santo
Primera lectura: Éxodo 12,1-8.11-14
Salmo responsorial: Salmo 115
Segunda lectura: 1 Corintios 11,23-26
Evangelio: Juan 13,1-5

La celebración vespertina del Jueves Santo recuerda la institución de la Eucaristía e invita a valorar y a vivir las implicaciones de su celebración, que ordenó Jesús como su memorial.
 
El memorial es una creación del AT que sólo es posible por el poder de Dios: se trata de recordar un acontecimiento del pasado y, a la vez, hacerlo presente para aprovecharse de sus virtualidades. De esta forma todas las generaciones pueden participar de las grandes intervenciones de Dios en la historia en favor de su pueblo. En concreto, en la celebración de la Pascua, se actualiza a favor de cada generación la acción liberadora de Dios, que liberó al pueblo de la esclavitud y le concedió la libertad. Es una de las fiestas principales del pueblo judío, que celebra cada año en contexto de liberación y solidaridad. La recuerda la primera lectura, que en este contexto tiene carácter de anuncio de otra liberación mayor que concederá Dios a su pueblo.

La segunda lectura presenta la Eucaristía como cumplimiento de lo que aquella Pascua recordaba y como auténtico memorial, es el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, verdadera Pascua, en que la humanidad, unida a Jesús, pasa de este mundo al Padre, de la esclavitud a la libertad, consiguiendo en plenitud la solidaridad y liberación que significaba.

El evangelio completa esta presentación. La Eucaristía es signo sacramental eficaz de todo el ministerio de Jesús, especialmente de su muerte y resurrección: Víspera de la Pascua. 

Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta la plenitud. Todo el ministerio de Jesús es expresión de su amor, pero su muerte es expresión de que amó todo lo que pudo amar. Es importante notar que, a continuación, Juan no narra la institución de la Eucaristía, como cabría esperar, solo el lavatorio de los pies, seguido del mandato de que lo hagamos también nosotros. Es que para Juan lavatorio es símbolo de la Eucaristía y el mandato de lavarnos equivale a haced esto como mi memorial.

Esto ofrece la clave para comprender lo que es celebrar el memorial: no sólo celebrar un rito como el que realizó Jesús, sino además hacerlo con las mismas disposiciones de Jesús: amor, solidaridad, compromiso por la libertad del hombre. Esto es una invitación a valorar lo que significa la Eucaristía y a examinar cómo la celebramos y compartimos: Si Jesús se consagró a hacer la voluntad del Padre por amor, celebrar el memorial es consagrarse a hacer la voluntad del Padre por amor; si Jesús ama a sus hermanos, se siente solidario con ellos y da su vida por su liberación, celebrar el memorial es un serio compromiso de trabajar por la liberación de las esclavitudes que padece la humanidad; si Jesús da su vida para reunir todos los hombres en un solo cuerpo, celebrar el memorial es trabajar por la unidad de la Iglesia y la humanidad... La Eucaristía emplea como materia pan y vino, dos alimentos sustanciales del hombre, significando así que está llamada ser alimento. Pero sólo alimenta si se digiere personalmente lo que significa el memorial de Jesús. Se puede comer mucho sin que alimente.

En esta misma línea está la adoración a la Eucaristía, que es prolongación de la celebración del memorial. En ella se nos invita a unirnos con calma a Jesús y compartir sus sentimientos de adoración y acción de gracias al Padre y su intercesión y compromiso a favor de la humanidad. La Iglesia invita de manera especial a adorar la Eucaristía hoy como una ocasión para agradecer el memorial y profundizar en lo que significa.

Hoy también recuerda la Iglesia el sacerdocio ministerial, instituido por Jesús al servicio de la Eucaristía, que es su tarea fundamental, pues toda su actividad se reduce a anunciar la palabra de Dios al pueblo para que se una al sacrificio existencial de Cristo, celebrar el memorial del sacrificio, uniéndose a él junto con el pueblo, y ayudar a éste en la vivencia diaria de este sacrificio.