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Recibir el Concilio 50 años después

AUTOR: Universidad Pontificia de Salamanca. Instituto Superior de Pastoral

TÍTULO: Recibir el Concilio 50 años después  

EDITORIAL: Verbo Divino

FECHA DE EDICIÓN: 2012.

LUGAR: Estella (Navarra)

FORMATO: 382 pp.

El Instituto Superior de Pastoral dependiente de la Universidad Pontificia de Salamanca celebró en enero de 2012 la XXIII Semana de Estudios de Teología
Pastoral dedicando sus ponencias, mesa redonda y trabajos de grupo, al estudio de la recepción del II Concilio del Vaticano coincidiendo con la celebración de los cincuentas años de la apertura de tan magna asamblea por el papa Juan XXIII.

Las siete ponencias de la Semana llevan por título: "Los contextos: del Vaticano II a nuestros días"; "Juan XXIII: el Papa Bueno, párroco del mundo; La Iglesia, misterio y pueblo de Dios. La Iglesia que quiso el Vaticano II"; "Memoria y sinceración de la generación que hizo el Concilio"; "Otra forma de hacer teología", "Perspectivas de futuro del Vaticano II"; "La evangelización: del Concilio a nuestros días".

La mesa redonda contó con la experiencia de tres matrimonios, cada uno de una generación, que hablaron de su experiencia en la recepción del Concilio señalando lo que a su juicio se ha conseguido y también haciendo notar aquellas cosas que todavía quedan por poner en práctica.

En el trabajo de grupos se reflexionó sobre la reforma conciliar en la vida de las Iglesia. También se constató las necesarias reformas pendientes.

Como reza el título de las actas de la Semana, presentamos un buen libro para evaluar lo realizado y poner manos a la obra para completar el magisterio del Concilio 50 años después. 

MARÍA DEL CARMEN PICÓN

Publicado en el Boletín Iesus Caritas 180 

Día de desierto




Ocre de la arena de las dunas,
reflejo del infinito.

Susurro del viento
y silencio abisal.

Escritura efímera de una brizna de hierba
juguete del viento.

Ondulación de las dunas
viaje sin regreso..

Moscas sin sentido, que insisten
y te chupan.

Quemadura ardiente
de un sol devorador.

Labios secados
a sabor de sal.

Sed insaciable
de una fuente de agua viva.

Huellas fugitivas de pasos
en la arena caliente.

Dios nos ha visitado.
Dios es presencia. 

André Berger, 28 de agosto 2013

Publicado en el Boletín Iesus Caritas 180

El pacto de las catacumbas. Por una iglesia servidora y pobre

Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue: 
Leer el texto completo:

Mi testimonio con tres símbolos: palabra, casa, pan

Mons. Ángel Garachana
La cena tiene tres símbolos fundamentales: La Palabra de los comensales, la Casa donde se cena, y el Pan (el alimento) que se come. Con estos tres símbolos quiero testimoniarles cómo entiendo, cómo vivo y cómo deseo vivir el ministerio epis copal que se me ha confiado.
Leer el artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 180:

Comunidades de oración en tierras del Islam

Mons. Claude Rault
Sentido de esta presencia
Empezaré por una anécdota reciente: En Roma la


a
gencia FIDES me preguntó en qué consistía nuestra convivencia con los musulmanes en la diócesis del Sahara y yo resumí mi respuesta entorno a dos polos:
  • Una presencia , digamos "activa", más "apostólica", en medio de ese pueblo, a través de diferentes compromisos tanto en el ámbito cultural, o en las acciones llamadas "caritativas". 
  • Y una presencia más gratuita y de adoración bajo la forma de comunidades y de fraternidades de oración que viven en estrecha relación con la población musulmana que las rodea.
Cuando en 1970 llegué a Argelia por primera vez, comprobé que la  prioridad de la mayoría de las comunidades religiosas o parroquiales estaba  marcada por la urgencia del desarrollo, lo cual era muy comprensible en un país que acababa de acceder a la independencia. También sentía paralelamente que las comunidades musulmanas expresaban una fe sencilla, popular, enraizada en los actos concretos de la vida. En ellos era natural la dimensión religiosa y orante en lo cotidiano.

Por parte de la Iglesia, en aquel momento, el movimiento de secularización que agitaba las comunidades cristianas de Europa había atravesado el Mediterráneo e incluso yo mismo estaba muy marcado por él. 
Como muchos otros, estaba más preocupado de contribuir al desarrollo socio-económico del país que de estar atento a una fe que juzgaba un poco medieval, y que la ciencia, el progreso económico y el tiempo lograrían hacer evolucionar hacia una especie de secularización, como en Europa. Es cierto que la marcha forzada de los responsables políticos hacia un socialismo a lo soviético podía influir también en ese sentido. La historia con el tiempo ha
corregido sobradamente esta situación...
Lo que llamamos Misión debía pues incluirse en la promoción del desarrollo hasta llegar a veces a confundirse con él. Decido que es mejor dedicarme a una formación profesional, tras haber pasado por el aprendizaje de la lengua árabe, tanto del árabe clásico como del dialectal, para alcanzar este cometido estudié en el PISAI en Roma y en el Centro de las Glycines de Argel. 
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Parroquias para Evangelizar. Nacimiento y desarrollo de nuevas Comunidades

José Antonio Felices Álvarez
Soy un sacerdote de Almería España- que ha tenido el honor y el reto de poner en marcha dos comunidades parroquiales de nueva creación. La primera allá por los años setenta en una comarca de agricultura en invernaderos, pionera en aquellos años en Vícar, y otra en zona de expansión de la capital en el barrio de san Luis.

Me piden que relate mi experiencia de esta segunda por estar más cercana en el tiempo. Quiero resumir la larga experiencia, para no perderme en batallas, en tres momentos, como la vida de las personas: (1) El dolor del nacimiento; (2) Las crisis de la juventud y crecimiento; (3) La serenidad de la adultez.
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Curas del post-Concilio. Mirada de una seglar

Carmen Alcaraz
Si nos preguntaran a un grupo de personas, de forma aleatoria, nuestra opinión sobre los sacerdotes, probablemente las respuestas fueran muy distintas dependiendo de la experiencia personal que cada uno tenga, o haya tenido, fruto de su relación con algún sacerdote, en particular, o bien, con los sacerdotes en general, o tal vez, e incluso la no relación con ninguno de ellos, por lo tanto, las respuestas podrían ir desde la más fiel defensa, hasta el rechazo más absoluto, por desconocimiento. Por otra parte, no resulta raro escuchar eso de "yo creo que debe de haber Algo, pero no creo ni en los curas, ni en la Iglesia".

En estos casos, en los que se presenta la realidad de forma distorsionada, como una realidad dividida e incompleta, de la que la resultante es la separación entre "curas", "Iglesia"," y Dios", podría deducirse que forman parte de realidades diferentes, en las que cada una de esas realidades, estaría metida en compartimentos estancos, se aceptaría una, pero no las demás, claro está, que la falta de formación teológica, o la simple ignorancia, conduce a ello, sin ánimo de ofender a nadie.
¿Qué es para mí un cura, de los de ahora
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Mons. Ancel, obispo obrero. Breve historia de una gran aventura

Sabíamos, de una manera general, lo que queríamos hacer y por qué queríamos hacerlo. Habíamos obtenido las autorizaciones necesarias. Había que comenzar. Era preciso, primeramente, elegir el lugar de implantación de la comunidad. En una reunión con la comisión dio cesan a de la A.C.O. de Lyon (Acción Católica Obrera), se decidió que nos estableciésemos en el barrio de Gerland, -ubicado en el extremo sur de la villa de Lyon en la orilla izquierda del Ródano; se encuentra flanqueado por el río y la vía férrea que va a Marsella-, y en una reunión con el equipo local de la A.C.O. se concretó el lugar donde estaríamos mejor situados. A principios de septiembre habíamos ya podido encontrar lo que buscábamos, y después de ciertos trabajos de acondicionamiento, nos instalamos el 2 de octubre de 1954. 

Nuestra residencia era la antigua casona de la fábrica de vidrio de Gerland. En la planta baja había una habitación bastante amplia: esta pieza fue acondicionada para que sirviera de cocina, de taller y de sala de reuniones. En el piso superior había un granero en el que pudimos instalar una capilla, un dormitorio y una habitación que servía a la vez de alcoba y de despacho.

Nos encontrábamos en un barrio muy populoso, situado en una zona industrial. Nuestros vecinos inmediatos en la explanada y en la calle habitaban en casas pobres. Generalmente eran obreros especializados. Pocos peones y pocos profesionales. Entre ellos había franceses y también un número considerable de italianos y de españoles. En la calle había también algunos norteafricanos con un café M.N.A. (Movimiento Nacional Argelino). Casi no había cristianos practicantes; solamente dos mujeres. 
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Mártires Contemporáneos

Emérito de Baria
Oí en la radio la presentación de un nuevo libro del periodista y escritor Fernando de Haro que lleva por título "Cristianos y leones".
Una afirmación recorre todo el libro: la constatación de que actualmente los cristianos son el grupo religioso que sufre la mayor persecución en el mundo. Las documentadas páginas hacen un estremecedor repaso a la persecución de los cristianos en el mundo cifrando en un mínimo de cien mil cristianos asesinados al año. Naciones como Pakistán, Siria, Iraq, Egipto, Turquía, China, India, Venezuela, Nigeria, y otras tantas, son lamentables ejemplos en la actualidad de falta de libertades y de descarada persecución a los cristianos de tal suerte que los inicios de este siglo sean los más sangrientos en cuanto a persecuciones y muertes de los dos milenios de cristianismo. La persecución religiosa en la actualidad es una de las mayores tragedias de este comienzo del siglo XXI.

Las páginas del libro, recomendamos su lectura, están plagadas de relatos de hombres y mujeres que sufren atentados, que tienen que dejar sus casas, que saben que van a morir. Son fieles, son pacíficos. Son, en muchos casos, pobres de solemnidad, pero son grandes.

Vuelvo mi recuerdo a Egipto y a los cristianos coptos perseguidos para revivir con gratitud cuanto aprendí durante el mes que compartí con ellos la fe y la vida en noviembre del año 2000 con motivo de mi participación en la asamblea mundial de la fraternidad sacerdotal "Iesus Cáritas". Cuántas historias y calamidades pude oír y tocar de la mano de mi buen amigo el obispo copto católico Paul Antaki y los sacerdotes que me acogieron. Recuerdo también con especial cariño el encuentro y las atenciones del papa de los coptos ortodoxos Shenuda III, fallecido recientemente, para con todos los asambleístas. Iglesias perseguidas pero mantenidas ante las adversidades por una gran fe. En verdad, como escribía Benedicto XVI en la carta apostólica "Porta fidei" de convocatoria del pasado Año de la Fe, "por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor, con el perdón de sus perseguidores" (n.13). 
Artículo publicado en el Boletín Iesus Caritas 180 

El II Concilio del Vaticano y las Fraternidades Carlos de Foucauld

Mons. Provenchères
La mayor de las gracias es hoy día la gracia del Concilio. Juan XXIII decía que el Concilio era el objeto de todas sus preocupaciones y quería que también fuera objeto de las preocupaciones de todos los cristianos. En cuanto fue elegido Pablo VI dijo que el Concilio sería la gran obra de su pontificado.
Aquí existe una gracia que el Espíritu Santo otorga a la Iglesia y a cada uno de sus miembros. Debemos estar atentos para  recoger, en cada instante de nuestra vida, la gracia ofrecida por Dios.  Esto está enteramente dentro de una vocación de pobreza. El pobre  vive de migajas y en algunos casos obtiene migajas muy grandes,  como hoy. El pobre no tiene nada propio: todo lo recibe de Dios.  Siempre tendrá lo suficiente y hasta superabundancia en la medida  en que recogerá la gracia que se le ofrece a cada instante.
Es fácil observar la notable concordancia que existe entre las orientaciones de fondo del Concilio y los principales aspectos de la espiritualidad del hermano Carlos de Jesús y de sus Fraternidades. Esto se explica fácilmente, porque es el mismo Espíritu el que actúa en todo. Un siglo para Él es menos que un segundo para nosotros. Está preparando desde hace mucho tiempo su Concilio. Todos sus impulsos han sido orientados desde hace un siglo hacia la
profundización de la teología de la Iglesia: papel del Soberano Pontífice, lugar de la Iglesia diocesana, desarrollo de la doctrina misional, acción católica, movimiento litúrgico, etc... Lo que preparaba por medio de grandes movimientos: lo preparaba también suscitando santos, guías espirituales. Me parece cada vez más evidente que el hermano Carlos de Jesús ha sido, tal como dijo Pío XI de Santa Teresita del Niño Jesús, una «palabra viva de Dios», dirigida por Dios a la Iglesia y al mundo de hoy. 
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Ay de mí si no anuncio el Evangelio (1Cor 9,16)

 André Dupleix

"Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado" (Mt 28, 19). [...] La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación delmisterio de Cristo» (AG 5).

"El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!" (1 Co9,16). Esta exclamación del apóstol Pablo expresa bien, con realismo, lo que caracteriza a la evangelización desde los orígenes del cristianismo: transmitir las palabras y la enseñanza de Jesucristo y ser testigos de su presencia. Nadie puede llamarse discípulo de Jesús si no habla de Él, si no proclama su fe.

Lo mismo sucede con la Iglesia cuya vocación no consiste en anunciarse a sí misma o en dar testimonio de sí misma, sino en revelar a Dios al mundo, en llevar hasta Cristo y en transmitir el soplo del Espíritu, que la recorre, y el mensaje fundamental del Evangelio, que la estructura. La Iglesia tiene como fin no precisamente ni en primer lugar su equilibrio institucional interno, por mucho que tenga su importancia, sino su misión, que recibe permanentemente de Cristo: anunciar la Buena Nueva al mundo, con sus consecuencias espirituales, culturales y morales.
 

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Boletín Iesus Caritas 180: Esperanza de un nuevo Pentecostés

A los 50 años de la convocatoria del II Concilio del Vaticano (2ª parte)

Editorial: Maestros de vida




Manuel Pozo Oller


El Boletín ha dedicado con éste dos números al II Concilio del Vaticano. El Consejo de Redacción del Boletín ha querido que ésta fuera nuestra aportación en la celebración de los 50 años de su apertura. Muchas colaboraciones interesantes han quedado fuera por obvios problemas de espacio pero valoramos más que la letra el recuerdo agradecido a aquella magna asamblea. Somos conscientes de que queda mucho por hacer como lo expresaba en su momento el gran teólogo Karl Rahner: “Un Concilio es, con sus decisiones y enseñanzas, solo un comienzo y un servicio. El Concilio solo puede dar indicaciones y expresar verdades doctrinalmente. Y por eso es solo un comienzo. Y después, todo depende de cómo se lleven a cabo esas indicaciones y cómo caigan esas verdades en el corazón creyente y produzcan allí espíritu y vida. Esto no depende, pues, del Concilio mismo, sino de la gracia de Dios y de todos los hombres de la Iglesia y de su buena voluntad. La renovación de la Iglesia no ocurre en el Concilio y a través de sus decretos, sino después". 

El número dedicado al Concilio Vaticano II (Octubre-Diciembre 2013) llevaba por título “Revelar el genuino rostro de Dios. A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2,22)" y en él quisimos presentar el Cambio de orientación pastoral de la Iglesia y su preocupación por evangelizar y ser signo del amor de Dios en el mundo.



En este número, segundo dedicado al Concilio Vaticano II, se ha intentado recoger las experiencias de los maestros de vida, aquellos que prepararon el Concilio y se empeñaron en su aplicación. En el apartado Desde la Palabra extraemos una meditación de André Dupleix del libro reseñado en el apartado Un libro, un amigo del número anterior que lleva por título El Concilio Vaticano II. La décima meditación la dedica a la Evangelización como preocupación primera de la actividad misionera de la Iglesia.

Recuperamos de los antiguos Boletines un artículo de Mons. Provenchères para el apartado En las huellas del Hermano Carlos. En el texto se recoge la Conferencia que pronunció en Marsella con la Fraternidad Secular en agosto de 1964« en pleno debate conciliar.

El apartado Testimonios y experiencias cuenta con el testimonio de Mons. Ancel, obispo obrero. El artículo muestra la preocupación de la Iglesia del momento por salir de los templos a evangelizar con un estilo nuevo basado en la presencia y acompañamiento de las gentes.

Se ha querido complementar esta sección con dos testimonios diferentes. Una seglar, teóloga, con sencillez y usando un lenguaje familiar, habla de los curas del post—Concilio y muestra el aire nuevo que trajo su recepción. Un sacerdote, párroco con mucha experiencia, nos habla del nacimiento y crecimiento de su parroquia como lugar de encuentro y medio excelente de evangelización. Resume su quehacer pastoral citando la conocida afirmación sobre la parroquia del beato Juan XXIII que la define diciendo que “es como la fuente de agua fresca de la plaza del pueblo, donde todos van a saciar su sed". Todo un reto.

La Sección Ideas y Orientaciones dedica extensión a dos obispos en latitudes de la tierra distintas. Mons. Claude Rault reflexiona sobre la actividad evangelizadora en medio del mundo musulmán y comparte su experiencia de oración comunitaria. Mons.Ángel Garachana, obispo de San Pedro Sula (Honduras), a partir de unas palabras que se ve obligado a dirigir en una cena para recaudar fondos para los pobres, nos presenta su experiencia de servicio episcopal en referencia a los tres símbolos de la palabra, la casa y el pan.

La sección se cierra con el documento “El pacto de las Catacumbas” El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de 410 padres conciliares celebraron una eucaristía en las Catacumbas de santa Domitila. Pidieron “Ser fieles al espíritu de .Jesús”, y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron “el pacto de las catacumbas". El “pacto" es un desafío a los "hermanos en el episcopado" a llevar una “vida de pobreza” y a ser una Iglesia “servidora y pobre". Los firmantes se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral. 

Publicación en papel del Boletín Iesus Caritas 180


Maestros de vida
Esperanza de un nuevo Pentecostés


A los 50 años de la convocatoria del II Concilio del Vaticano (2ª parte)



El Boletín ha dedicado con éste dos números al II Concilio del Vaticano. El Consejo de Redacción del Boletín ha querido que ésta fuera nuestra aportación en la celebración de los 50 años de su apertura. Muchas colaboraciones interesantes han quedado fuera por obvios problemas de espacio pero valoramos más que la letra el recuerdo agradecido a aquella magna asamblea. Somos conscientes de que queda mucho por hacer como lo expresaba en su momento el gran teólogo Karl Rahner: “Un Concilio es, con sus decisiones y enseñanzas, solo un comienzo y un servicio. El Concilio solo puede dar indicaciones y expresar verdades doctrinalmente. Y por eso es solo un comienzo. Y después, todo depende de cómo se lleven a cabo esas indicaciones y cómo caigan esas verdades en el corazón creyente y produzcan allí espíritu y vida. Esto no depende, pues, del Concilio mismo, sino de la gracia de Dios y de todos los hombres de la Iglesia y de su buena voluntad. La renovación de la Iglesia no ocurre en el Concilio y a través de sus decretos, sino después". 

El número dedicado al Concilio Vaticano II (Octubre-Diciembre 2013) llevaba por título “Revelar el genuino rostro de Dios. A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2,22)" y en él quisimos presentar el Cambio de orientación pastoral de la Iglesia y su preocupación por evangelizar y ser signo del amor de Dios en el mundo.


En este número, segundo dedicado al Concilio Vaticano II, se ha intentado recoger las experiencias de los maestros de vida, aquellos que prepararon el Concilio y se empeñaron en su aplicación. En el apartado Desde la Palabra extraemos una meditación de André Dupleix del libro reseñado en el apartado Un libro, un amigo del número anterior que lleva por título El Concilio Vaticano II. La décima meditación la dedica a la Evangelización como preocupación primera de la actividad misionera de la Iglesia.

Recuperamos de los antiguos Boletines un artículo de Mons. Provenchères para el apartado En las huellas del Hermano Carlos. En el texto se recoge la Conferencia que pronunció en Marsella con la Fraternidad Secular en agosto de 1964« en pleno debate conciliar.

El apartado Testimonios y experiencias cuenta con el testimonio de Mons. Ancel, obispo obrero. El artículo muestra la preocupación de la Iglesia del momento por salir de los templos a evangelizar con un estilo nuevo basado en la presencia y acompañamiento de las gentes.

Se ha querido complementar esta sección con dos testimonios diferentes. Una seglar, teóloga, con sencillez y usando un lenguaje familiar, habla de los curas del post—Concilio y muestra el aire nuevo que trajo su recepción. Un sacerdote, párroco con mucha experiencia, nos habla del nacimiento y crecimiento de su parroquia como lugar de encuentro y medio excelente de evangelización. Resume su quehacer pastoral citando la conocida afirmación sobre la parroquia del beato Juan XXIII que la define diciendo que “es como la fuente de agua fresca de la plaza del pueblo, donde todos van a saciar su sed". Todo un reto.

La Sección Ideas y Orientaciones dedica extensión a dos obispos en latitudes de la tierra distintas. Mons. Claude Rault reflexiona sobre la actividad evangelizadora en medio del mundo musulmán y comparte su experiencia de oración comunitaria. Mons.Ángel Garachana, obispo de San Pedro Sula (Honduras), a partir de unas palabras que se ve obligado a dirigir en una cena para recaudar fondos para los pobres, nos presenta su experiencia de servicio episcopal en referencia a los tres símbolos de la palabra, la casa y el pan.

La sección se cierra con el documento “El pacto de las Catacumbas” El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de 410 padres conciliares celebraron una eucaristía en las Catacumbas de santa Domitila. Pidieron “Ser fieles al espíritu de .Jesús”, y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron “el pacto de las catacumbas". El “pacto" es un desafío a los "hermanos en el episcopado" a llevar una “vida de pobreza” y a ser una Iglesia “servidora y pobre". Los firmantes se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral.