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Solo una presencia de amor

MONS. ALFRED ANCEL en Boletín Jesus Caritas, Edic. Latino americana, n. 12, abril 1967, pp. 37

Es un acto de amor estar presente en medio de los hombres. En el Antiguo Testamento ya se sentía el amor de Dios por los hombres, lo que obligaba en cierto sentido a hacerse presente entre ellos. Es el significado de la presencia de Dios en el templo. Pero a pesar de esa presencia existía una gran distancia. Por eso Dios quiso que su Hijo habitara con nosotros. (Jn 1,14), para que participara de la carne y de la sangre de sus hermanos (Heb 2,4) para que compartiera todas nuestras flaquezas menos el pecado (Heb 4,15).
 
En Nazaret, Jesús no quiso otra cosa que estar presente por amor. Se puede aplicar en un sentido estricto el versículo de los Proverbios: “Mi delicia es estar con los hijos de los hombres" (8,31). Nos equivocaríamos si pensáramos que los 30 años de Jesús en Nazaret fueron años obligados, que Él soportaba por necesidad. Es bueno estar con los que uno ama, y Jesús amaba a los nazarenos como el Padre los amaba (Jn 15,9). Los conocía a cada uno de ellos como era Él conocido por el Padre (Jn 10,1415).
 
Sus alegrías eran sus alegrías, sus tristezas eran sus tristezas (Rom 12,15); estaba contento de hacerles un servicio (Jn 13,17) y de pedirles un servicio (Jn 4,7). Existía luego una gran alegría en la vida de Jesús en Nazaret porque había mucho amor (Gal 5,22).

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