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No podemos vivir sin alegría




René Voillaume

Las alegrías humanas más puras nos vendrán de la amistad, y nosotros no podemos vivir sin alegría. De igual manera que la amistad sobrenatural no podría concebirse sin la forma de una amistad humana muy sencilla, de igual modo creo que debemos aprender de nuevo a percibir las alegrías más sencillas. Hay placeres y hay alegría. Se puede renunciar a los placeres, pero no se tiene derecho a renunciar a la salud moral que da la alegría. Renunciar a
ciertas satisfacciones humanas no debe entrañar la renunciación a la alegría.
Jesús es para nosotros la fuente única de las alegrías supremas: alegría de poseer la verdad, alegría de ser «admitido» a entrar en los secretos de Dios, alegría de la fecundidad inmediata de la cruz, alegría de la eficacia de la oración, alegría de la esperanza y de la expectación, alegría de saber con certeza que Aquel al que nosotros amamos por encima de todo es definitivamente dichoso. Todas las alegrías están enraizadas en la fe y en la esperanza, pero ellas se encuentran también, como nuestra fe, esperando su plena realización.

Pero hay otras alegrías, más inmediatas, alegrías sencillas, humanas, que son como el brillo de la salud del corazón y del alma. Estas alegrías humanas vuelven a encontrar, en efecto, como un brillo nuevo muy puro, cuando nuestro corazón, por el desasimiento, se encuentra sólidamente anclado por la esperanza en la única gran alegría de poseer a Dios. Nosotros no podemos vivir nuestra vida de hombres sin alegrías humanas. La tristeza aceptada, acogida, es siempre, al menos, una imperfección, es un relajamiento de las fuerzas de la generosidad y del amor y mata la esperanza.

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