Mostrando entradas con la etiqueta Autor=Josefa-Falgueras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autor=Josefa-Falgueras. Mostrar todas las entradas

Los relevos

¿Quién hubiera pensado que aparecerían, contra toda esperanza, relevos que recogerían el testigo del hermano Carlos?  


IDEAS Y ORIENTACIONES


Hermanita Josefa





Carlos de Foucauld, al poco tiempo de su conversión, descubrió que su camino para seguir a Cristo debía ser la imitación de la vida de Jesús en Nazaret, y como no encontró ninguna orden religiosa que tuviera este objetivo, pensó que su deber sería fundar una. Para ello, a lo largo de su vida, redactó varios proyectos de regla, llenos de fervor y de radicalidad pero imposibles de vivir en la práctica, y buscó seguidores, pero no tuvo éxito en su empresa, y a su muerte estaba solo. Y no sólo no había visto la existencia de personas que siguieran en una orden religiosa la “vida oculta” de Jesús, sino que tampoco aparecieron los cristianos, sacerdotes o laicos, que él había soñado, para estar junto a los musulmanes en una relación de amistad y de bondad, a fin de que descubrieran el cristianismo como una religión buena, contrariamente a lo que habían podido observar entre la mayoría de los europeos, militares y comerciantes, que iban a África en aquel tiempo colonial.

El Hermano Carlos murió en 1916, sólo y prácticamente desconocido... no dejó más que un puñado de personas que, desde Francia, se unían por la oración y la seriedad de su vida, a la labor misionera del Sahara: la Unión de los Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón. Y sobre todo, un amigo y discípulo que, aunque optó por otro estilo de vida, estaba dispuesto a trabajar para que la semilla lanzada por Carlos no se perdiera: Louis Massignon. 

Este, no solo hizo todo lo que estaba en su mano para que la Unión continuara, sino que tuvo la feliz idea de pedirle a René Bazin, un escritor cristiano muy apreciado en su época, que escribiera una biografía de Carlos de Foucauld, y le facilitó todos los contactos necesarios para su realización. El libro “Charles de Foucauld, explorateur du Maroc, ermite au Sahara” fue editado en 1921 y tuvo inmediatamente un gran éxito en la Iglesia de Francia. El propósito de este libro era la expansión y consolidación de la Unión. ¿Quién hubiera pensado entonces que los otros proyectos de fundación, prácticamente abandonados por el propio Hermano Carlos, pudieran llegar a ser realizados por discípulos póstumos del solitario del Assekrem? ¿Quién hubiera pensado que aparecerían, contra toda esperanza, relevos que recogerían el testigo para pasarlo a las generaciones futuras?
Seguir leyendo:

Ha hecho de la religión un amor


HERMANITA JOSEFA FALGUERAS

“Este hombre ha hecho de la religión un amor”: esta es la frase que el P. Huvelin escribía al Abad de un monasterio adonde el recién convertido Carlos de Foucauld se dirigía en busca del lugar adecuado para concretar su deseo de darse enteramente a Dios: “Cuando creí en Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir sólo para Él: ¡Dios es tan grande!”, dirá él mismo, comentando su encuentro con el Padre de bondad.

Diez años más tarde evoca este momento: “¡Qué bueno es el padre del hijo pródigo! ¿Pero tú eres mil veces más tierno que él! ¿Tú hiciste mil veces más por mí de lo que él hiciera por su hijo! ¡Qué bueno eres, mi Señor y mi Dios! Hijo pródigo no solamente recibido con tal inefable bondad sin castigo, sin reproche, sin ningún recuerdo del pasado, sino con besos, la túnica y el anillo del hijo de la casa, no solamente recibido así, sino buscado por el Padre, bendecido y traído por él desde esos países lejanos.”

Y en otra ocasión: “Que nuestro único tesoro sea Dios, que nuestro corazón sea todo de Dios, todo para Dios…Sólo Él. Estemos vacíos de todo, todo lo creado, desprendidos incluso de los bienes espirituales, vacíos de todo… para poder estar completamente llenos de Dios. Él tiene derecho a todo, a todo nuestro corazón: se lo reservamos a Él completamente, todo entero para Él solo”.

Enlace al artículo completo:
http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-182.pdf#page=15