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Desde la Familia monástica de Belén

Comencé por hacer un pequeño retiro, después se fueron añadiendo días y el barco encontró su ritmo de crucero. 


Testimonio publicado en:



TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS


El presente testimonio esté tomado del libro escrito por la periodista INÉS DE WARREN, Ese Amor que el mundo olvida (pp. 104-107).

Hace quince años, cuando me propusieron entrar en soledad, hacía más de veinte que estaba en Belén y nunca me hubiera atrevido a pedirlo por propia iniciativa, pues cada domingo por la tarde me nacía una cierta aprensión ante la perspectiva de un día de desierto durante el cual iba a estar sola frente a Dios. Lo mismo me ocurría con el retiro anual de diez días, a pesar de que siempre salía de él renovada por el contacto prolongado con Jesús en el Evangelio y la adoración eucarística. Pero entrar en soledad por largo tiempo, incluso para toda la vida, me parecía bien para gigantes de la oración y yo me sabía indigna e indigente.

En realidad la cosa ocurrió de la forma más sencilla: comencé por hacer un pequeño retiro, después se fueron añadiendo días y el barco encontró de manera completamente natural su ritmo de crucero. ¡Y me encontraba como pez en el agua!

Se puede hablar de la vida de soledad bajo diversos aspectos. El primero es, sin duda, que nunca estamos menos solos que cuando estamos solos, porque el Padre, que ve en lo secreto, es omnipresente. Nada nos dispersa de esta Presencia benevolente fuera de nuestros pensamientos y de la imaginación que son los grandes protagonistas del combate espiritual.

Para seguir leyendo:

Luis Palacín Rizo, testigo

Quienes hemos conocido a Luís Palacín sabemos de su ser y hacer como cristiano laico consagrado.                      

Testimonio publicado en:

Boletín Iesus Caritas 187


TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS


Antonio Marco
Fraternidad de Jesús de Murcia



Luís Palacín Rizo fue llamado a la Casa del Padre el pasado 3 de junio. El día 5 del mismo mes se concelebró una Eucaristía de corpore in sepulto en la parroquia de San Ignacio de Loyola de Valencia en la que acompañamos a su esposa Marisol Domínguez y a sus hijos Víctor, Esther y Javi, a su nuera Cristina, a su yerno Jordi y a su nietecillo Diego, una numerosa representación de la Comunitat de Jesús de Cataluña y Valencia, otra de la Fraternidad de Jesús de Murcia y una Comunidad parroquial de San Ignacio de Loyola y amigos de Luís que no cabíamos en el mencionado templo.
Quienes hemos conocido a Luís Palacín sabemos de su ser y hacer como cristiano laico consagrado, como enfermero en el hospital la Fe de Valencia y como hermano de fraternidad en su tensión escatológica por acercar cada día más el Reino de Dios a nuestra sociedad. Los últimos encuentros en los que estuvo presente todos sabíamos de la difícil enfermedad que padecía, aún así estábamos contentos como él de poder compartir esos momentos, momentos de esperanza en el duro tratamiento médico. En uno de los últimos encuentros de Lliria, los días 22-23.01.2011, se lo dedicó a los inspiradores de la Comunitat de Jesús, muy consciente de la importancia en las transmisiones religiosas del testimonio cercano y la amistad, la bondad y la ternura, la humildad y la disponibilidad que deben presidir la vida del cristiano.

Este ramo de virtudes, este ejemplo de fe cristiana un hijo así no se improvisa como destacó uno de los sacerdotes celebrantes en elogio asu madre- ha sido Luís entre nosotros, en su familia, en Valencia entre sus amigos y enfermos, en su parroquia y en Entreculturas, en la Comunitat, también para la Fraternidad de Jesús de Murcia, a la que vio nacer y acompañó desde sus inicios con una del icadeza, esperanza y alegría verdaderamente evangélicas. 

Una alegría que no disimuló en cada uno de nuestros encuentros en Lliria, Aratorés, Tarrés o Villena, siendo consciente de que era un instrumento en las manos del Padre. Desde estas breves líneas aquella despedida que el Padre Estanislao María Llopart dio a la Comunitat cuando marchó a Tierra Santa: Querido Luís ¡Hasta el Cielo!

Como Jesús en Nazaret

Como Jesús en Nazaret, pasar desconocidos por la tierra como un viajero en la noche.                         

Testimonio publicado en:

Boletín Iesus Caritas 187


TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS


Hermanitas del Sagrado Corazón

Marie Charles, nuestra fundadora, se basó en el Reglamento escrito por Carlos de Foucauld en 1902, pero enseguida comprendió que él se había dejado conducir por el Espíritu, liberándose poco a poco de las Reglas, y conservando el Reglamento únicamente como un recuerdo de su deseo de seguir a Jesús de manera más radical. El temperamento fuerte de esta mujer y la concepción abierta de la vida religiosa y de la espiritualidad de Carlos de Foucauld que ella tenía provocan su exclusión de la congregación en 1936, ¡pero será readmitida en 1953, a los 76 años!
Entretanto, queriendo seguir siempre las huellas del Hermano Carlos, se puso en Bélgica al servicio de los resistentes y durante la guerra acogió a niños judíos sabiendo que arriesgaba su vida.

La fundación de las fraternidades insertas en barrios en Túnez y en Argelia, la ev
olución que se notaba en la Iglesia a nivel social y religioso y el cambio que el Concilio Vaticano II introdujo en las instituciones fue para nosotras la confirmación de la intuición primera que tuvo Marie Charles, sin poder realizarlo en aquella época.

La dinámica de nuestra Fraternidad se va desarrollando en el tiempo desde la relectura que hacemos de los signos de los tiempos y la profundización de lo que fue la vida del Hermano Carlos Para nosotras, en la lógica de toda nuestra historia, el acento puesto en su día en la vida monástica nos invita a acoger y cuidar la sed de espiritualidad y el sentido de la vida que la gente sencilla tantas veces expresa.

Nuestra historia se parece a la de Carlos, de la vida monástica a la vida ordinaria de nuestros barrios: “Como Jesús en Nazaret, pasar desconocidos por la tierra como un viajero en la noche” (Carlos de Foucauld).

Desde un Carmelo Teresiano

“Solo Dios basta” es la clave para salir de uno mismo y lanzarse con decisión, empeño y valentía hacia tantas periferias.



TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS


Carmelitas Descalzas
Monasterio de San Luis y San Fernando
Torrelavega (Cantabria)




Solo Dios basta. Esta es la sublime experiencia del corazón encendido en amor de Dios, a Jesucristo, que brota del alma, más que de la pluma, de santa Teresa de Jesús. Ella lo hizo vida y nos comunicó el gran secreto que da sentido a toda la existencia: la riqueza del que tiene a Dios y nada le falta, porque en Él lo tiene y
encuentra todo. ¡Qué gran tesoro es vivir solo para Dios! Y, por Él, con Él y en Él, encontrar todo lo que el alma espera, desea y necesita en la donación yen la entrega. Saberse y sentirse totalmente seducida por Aquel que lo es todo y que llena plenamente nuestra nada.

“Solo Dios basta” es la clave para salir de uno mismo y lanzarse con decisión, empeño y valentía hacia tantas periferias que la vida ofrece, cerca o lejos, en el propio ser o en los que nos rodean. Salir en la donación del ejercicio activo de la caridad; salir en la oración continua y la intercesión permanente; salir en la acogida y en la ofrenda. El verdadero contemplativo no se desentiende de nadie ni es ajeno a nada de cuanto el mundo vive; siempre está abierto a Dios y a cada hijo de Dios, y mediante su vida orante, retirada y oculta recibe el amor divino y lo transforma en ofrenda permanente por nuestro mundo y por cada ser humano.
Una carmelita descalza, consagrada a la Santísima Trinidad, vive la comunión con Dios para comulgar también con los padecimientos de cada hombre. Con su donación fiel y su oración continua habla a Dios de los hombres y habla a los hombres del mucho amor que Dios les tiene. Con esta hondura y esta altura vivieron los santos y santas del Carmelo Descalzo: Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús, Teresa Benedicta de la Cruz...; y tantos otros. En una vida puramente contemplativa lograron alcanzar metas insospechadas desde la presencia de Dios que llenaba sus vidas, siendo así para el mundo, una encarnación del Evangelio. La vida de los santos y santas del Carmelo es la mejor explicación a la expresión teresiana “Solo Dios basta”. 
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Una vida a la escucha del Espíritu

Gracias a los vecinos, el Hno. Carlos se va recuperando poco a poco. Lo vive como un horizonte nuevo en su vida.            




DESDE LA PALABRA


André Berger, Hermano del Evangelio




Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir. Poner los ojos en el futuro, hacia donde el Espíritu los impulsa para seguir haciendo con nosotros grandes cosas”. (FRANCISCO, Reflexión sobre la vida religiosa)
Cuando el Hno. Carlos muere asesinado en Tamanrasset el 1 de diciembre 1916, se encuentra solo a pesar de haber tenido el deseo continuo de tener compañeros y de compartir con otros su camino y su opción de vida siguiendo las huellas de Jesús de Nazaret.
 
De todos sus proyectos de fundación de una comunidad “al estilo de Nazaret”, lo único que ha cogido cuerpo es el proyecto de la Asociación abierto a sacerdotes y laicos que reúne en el momento de su muerte, a unos 49 miembros. A partir de 1909 dedica tiempo y esfuerzos para dar forma a este proyecto aprovechando su correspondencia numerosa y sus tres viajes a Francia. Pero en el momento de su muerte la Asociación está todavía en sus comienzos y no tiene ningún reconocimiento oficial.
 
En Tamanrasset, a principios de 1908, un ataque de escorbuto deja al Hno. Carlos sin fuerzas durante varios meses. En su cuaderno anota: “Me encuentro enfermo, he tenido que interrumpir mi trabajo: Jesús, María, José os confío, mi alma, mi espíritu y mi vida”. 
 
A su alrededor se vive una realidad de hambruna grave. El 21 de enero de 1908 escribe en un carta a su prima Marie de Bondy: “Se vive un año difícil en el país: diecisiete meses sin una gota de agua; es la hambruna total en un país que vive principalmente de leche y más para los pobres que viven exclusivamente de leche. Las cabras están más flacas que nunca y secas como la tierra, y la gente como las cabras”. Para paliar la hambruna, el Hno. Carlos ha compartido sus reservas de comida con los más necesitados y él también se encuentra en una gran escasez. A este hecho se juntan su cansancio a causa de su exceso de trabajo, su falta de sueño, su desánimo... y cae enfermo, el escorbuto termina de agotarlo. Sus vecinos y amigos del lugar reaccionan y colectan en los alrededores la poca leche que se puede encontrar para asistir y sanar al “marabout”. Así, gracias a los vecinos, el Hno. Carlos se va recuperando poco a poco y se restablece. Él lo vive como un horizonte nuevo en su vida. Entiende de repente en su propia carne todo lo que implica encontrarse como él que ha necesitado “ser asistido y ayudado por los pobres” cuando se percibía hasta este momento como el que “ayudaba y asistía a los pobres”.

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Invitación especial al seguimiento de Jesús

El relato del hombre rico enseña que todos estamos llamados al seguimiento de Jesús, pero algunos reciben una llamada especial.

DESDE LA PALABRA

Antonio Rodríguez Carmona


El relato del hombre rico (Mc 10,17-31) enseña que todos estamos llamados al seguimiento de Jesús, pero que algunos reciben una llamada especial, fruto del amor de Jesús, a la que deben responder libremente. El hombre rico se quiere salvar y pregunta a Jesús cómo heredar la vida eterna. Jesús le responde indicando el camino universal para todos, el amor al prójimo: Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre» (10,19). La respuesta es lógica, pues, si Dios es amor, el único camino para llegar a él es el amor. Esto responde a la misma enseñanza de Jesús cuando nos dice que en el juicio final todos seremos examinados de amor (Mt 25,31-45). El rico replica que todo esto lo ha cumplido desde su juventud. Entonces Jesús se lo quedó mirando con amor y le dijo. 
 “Con amor”, aquí está la clave. La mirada amorosa de Jesús explica su invitación especial: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme (Mc 10,21). No se trata de un camino totalmente nuevo sino de una manera concreta de recorrer el camino del amor, necesario a todos, el seguimiento físico de Jesús, “que nos amó y se entregó por nosotros” (Ef 5,2), lo que implica vivir como él, austeros y libres para dedicarse totalmente a las exigencias del reino de Dios. Por otra parte, dar todo a los pobres está en la línea de heredar la vida eterna, que deseaba el rico, pues “tendrá un tesoro en el cielo”. No se pierde nada. En el relato paralelo de Mateo, el evangelista explicita la frase Una cosa te falta de Marcos con otra: si quieres ser perfecto (Mt 19,21).  
Perfecto es ser lo que cada uno debe ser, tener lo que cada uno debe tener. Implica que Dios padre, antes de la creación del mundo ha pensado en cada uno de nosotros con amor y nos ha destinado a conformarnos de una forma concreta con la imagen de su Hijo, siendo hijos con él y en su seguimiento (Rom 8,29-30; Ef 1,3ss). Esto nos obliga a discernir lo que Dios espera en concreto de cada uno, discernimiento, por otra parte, que está al alcance de todos examinando en contexto de amor y oración, y con la ayuda de personas expertas, los signos que Dios ha ido sembrando en nuestra vida.

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http://www.carlosdefoucauld.es/pdf/Boletin-187.pdf#page=9