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Carlos de Foucauld y la Contemplación

Uno nace del amor en las obras y del amor nace la contemplación.                                                              

Lo primero que llama la atención en los escritos de Carlos de Foucauld es que a la hora de dar consejos sobre la contemplación es muy parco. No le salen grandes consejos, ni formulaciones felices sobre esta profundidad de vida espiritual. En los diferentes “reglamentos” para los hermanitos y hermanitas se ve más la urgencia de llegar a ser contemplativo y sobre todo al amor de Jesús. 
Lo que nos llega mejor en este tema, como en muchos otros, es el testimonio de su vida contemplativa. Lo que él escribe para ayudarse personalmente en su camino contemplativo, son apuntes tomados para ayudarse en sus largas épocas de sequedad espiritual: “Debe amarse mi gloria, más que la alegría de estar conmigo”. Tampoco podemos olvidar que el hermano Carlos vivía en este sentido, como en otros muchos, muy lejos de cualquier ayuda de otro cristiano. Uno nace del amor en las obras y del amor nace la contemplación. 
1/ Del amor nacen las obras, del amor nace la contemplación. Tenemos que optar por la fuente: el amor. El que ama, trabaja y contempla. Suprimir algo, sería como talar una de las dos manos del árbol cristiano: El amor. “Desde el primer momento en que se le llama, se imita y se le contempla. La invitación y la contemplación son necesariamente parte del amor, porque el amor tiende a la unificación del ser que ama con el ser amado y la imitación en la unión, la unificación de un ser con otro por el conocimiento y la visión… Invitación y contemplación son necesariamente parte del amor…Imitemos, pues a Jesús por amor, contemplemos a Jesús por amor, obrando en todo por amor, más que efectos de amor... “ (Oe p.204).
2/ La contemplación se nutre de la oración, de la meditación y de la ayuda fraterna. La contemplación requiere como un “ambiente”, renuncia, esfuerzo, disciplina y fidelidad… La contemplación supone una opción por un camino de amor. Y ser fiel. Y solo de favorecerlo, nutrirlo de oración, de meditación y de la ayuda del hermano. Lo contrario sería creer que la contemplación (p. 4) es un camino para cristianos privilegiados o para algunos momentos en la vida, y que estos momentos se pueden improvisar o que no tienen conexión con toda la vida cristiana. “El alma que ama se pierde en la contemplación del ser amado y quisiera abismarse en el siempre. El alma que ama a Jesús debe, conformándose con las normas de su director espiritual, miradas como órdenes (“quien os escucha”) entrar más y más en una vida de oración y meditación”. (Oe. So. p.478). 
3/ En la misma línea de lo anterior está la pobreza de vida, la pobreza de medios, y la vida entre los pobres. La contemplación cristiana se ayuda de todo y a su vez ilumina todo. Así el contemplativo es misionero. “Nuestro espíritu se armoniza con los objetos que nos rodean, dispuestos de manera que favorecen el orden, el recogimiento, la unión, la vida de familia alrededor de la Santa Hostia, ayudarán a guardar y perfeccionar cada vez más el silencio, el recogimiento, la vida de oración, contemplación, adoración, que deben ser el alma de nuestras pequeñas fraternidades como fueron el alma de la santa Casa de Nazaret, de lo cual todo entre nosotros debe trazar la imagen que todo debe recordarnos: las paredes, los muebles, los trabajos, los vestidos, la comida… gritando: humildad , pobreza, abyección, penitencia, oscuridad, vida oculta de Nazaret… gritando : caridad, caridad, caridad y sobre todo hacia los pequeños, gritando por encima de todo, fe, esperanza y amor; vida perdida y ahogada entre JESÚS, María y José en la invitación, la contemplación, la adoración y el amor de ese Bien amado Esposo JESÚS” (Rgl. de 1902 para las Htas. del S. Corazón). 
4/ La soledad, la oración… no es tiempo perdido, ni infecundo, ni sobre todo, evasión. Es obediencia, amor y diálogo. Es salir de sí, es amar a Jesús y lo suyo, que es todo lo nuestro. “Cualquiera que ama, ama a la soledad en compañía del ser amado...Todos los santos, sin excepción, han amado la soledad, pues todos me han amado, y desde que se me ama se desea necesariamente vivir íntimamente…Debe amarse mi bien, mi consolación, mi gloria (p.5) más que todo, más que la alegría de estar conmigo; así desde que mi voluntad y mi conveniencia no ordenan que se esté mezclado con los hombres es necesario obedecer a la ley del amor y volver a la soledad y cuanto más me ama, más sed tienes de estar solo conmigo, más se es capaz de quedarse largo tiempo en mi compañía, más se hace una vida de oración solitaria” (Esc. Eso. p.89). 
5/ Contemplar como María, como José y sobre todo como “JESUS“ a su padre, es algo más que una escuela de espiritualidad, que una manera de ser determinadas personas: Es vivir el evangelio por dentro, Es vivir centrados en “JESUS“ como María y José. Es estar centrados en el Padre como Jesús. “Continuamos nuestra oración y nuestra contemplación en todo tiempo, en todo lugar tanto como nos lo permita nuestra débil naturaleza. Tenemos por modelo a la Sma. Virgen y a San José que tenía siempre el espíritu y el corazón lleno de Jesús tanto en su presencia como fuera de ella, Y sobre todo a Jesús que contemplaba sin cesar a su Padre. Tratemos de tener siempre el espíritu y el corazón llenos de Jesús, desbordantes de Él. (Rgl. De 1902 para las Htas. del Sgd. Corazón). 
6 / La acción humana, la acción apostólica, tiene algo más que “horario de trabajo, rendimiento y salario“. Es estar donde y como Dios quiere. No se improvisa una búsqueda y un abandono así. El contemplativo no es pasivo, es un buscador de Dios desde lo más profundo. En esta búsqueda y en su fidelidad, con todas las consecuencias” llegar hasta el fondo del Evangelio, en todas las circunstancias donde tendremos que vivirlo. (R. Page). “Yo comprendo que duro es no rendir en estos días tan activos, cuando Vd. quisieran; pero Dios es mejor juez que nosotros; nosotros estamos inclinados a poner en el primer rango las obras en las que los efectos son visibles y tangibles; Dios da el primer rango al amor pues al sacrificio inspirado por el amor y la obediencia derivada del amor. Es necesario amar y obedecer por amor, ofreciéndose como víctima con Jesús como a Él le plazca: Buscar y conocer si Él quiere para nosotros la vida de San Pablo o la de Santa Magdalena; Él quiere, por el aislamiento donde os llama, tiene la vida de Santa Magdalena, el amor, la obediencia y el sacrificio, la adoración, la vida interior, con menos obras exteriores que Él os pusiera en otro medio donde poderlas hacer. Se es verdaderamente útil al prójimo, al cual Dios ama más que nosotros podamos amarlo, obedeciendo fielmente a la voluntad del divino Ordenador, buscando bien el lugar donde Él nos quiere, las obras que Él quiere de nosotros y haciéndolas lo mejor que podamos - no perfectamente sin duda – la perfección no es de criaturas” ( Oe. Sp. p.726 ) 
7/ Hay algo más que poesía, estado de ánimo o sentido estético cuando el punto de partida y el lugar de retorno es el tabernáculo, la belleza de la noche del desierto es un canto a Dios, y el peregrino retrasado o el hambriento es acogido como un hermano. El tabernáculo la Santa Hostia es lo que hace que la oración de Carlos no sea una oración difusa, anímica y abstracta, sino bien concreta, exigente y personal, El bien Amado está presente en soledad y en la acogida. “Entre las diez de la mañana y las tres de la tarde en verano, hay un silencio comparable al de la noche. En estas horas no me viene a la fraternidad, más que de cuando en cuando algún viajero retrasado, algún esclavo que no haya comido todavía. Lo que hay de maravilloso aquí, son las puestas de sol, los atardeceres y las noches. Yo me acuerdo viendo estas bellas puestas de sol que a ustedes les gustan porque ellas invitan a la gran paz que seguirá a nuestros tempestuosos días. Los atardeceres son tranquilos, las noches serenas, este gran cielo y estos vastos horizontes iluminados por los astros son tan apacibles y cantan silenciosamente de una manera penetrante al Eterno, al Infinito, al más allá, qué pasaría la noche las noches enteras en esta contemplación, por tanto yo abrevio esta contemplación y vuelvo después de unos instantes al Tabernáculo. Nada hay comparable al Bien Amado...” (Oe. Sp. p. 707). 
8/ Tres maneras de contemplar: contemplar a Dios en Sí mismo, los misterios y la vida de nuestro Señor, la Eucaristía y contemplar la Escritura. Según cada persona y cada momento, pero las tres son necesarias a la hora de salir de una para encontrarse con el Señor. (p.7) "Las tres maneras de contemplar a nuestro Señor, de contemplar a Dios, son buenas y perfectas, y las tres deben encontrar sitio en nuestra vida: Contemplar a Dios en sí, la vida interior de nuestro Señor en todos sus días y en todos sus instantes...Contemplar al Señor en la Santa Eucaristía es también un deber, porque mediante ella se ofrece a nosotros, con la voluntad de que también nosotros le contemplemos… Contemplarlo en los misterios de su vida está bien un deber, porque si Él ha realizado estos misterios es para que lo conozcamos, por los escritos inspirados por su Espíritu...Es necesario practicar estos tres géneros de contemplación: los tres deben tener sitio en la vida interior de toda alma... ¿Cuál debe practicarse más? Tanto una como la otra, esto depende de las almas, de cada alma y de la época…” (Oe. p.159 - 160). 9/ La vida contemplativa en medio de los hombres es una manera de hacer presente la fuerza del Evangelio. Es una manera de irradiar a Jesús. Iniciar a otros en la oración es una manera de evangelizar. “Para la gloria de Dios y bien de las almas, los hermanos y hermanas se esforzarán en desarrollar el espíritu de oración entre los demás y particularmente en los países infieles “, (Oe. Sp. p.478). Directorio para los laicos. 
Con el mismo contenido de estas notas suyas que he entresacado, hay muchos textos más. Seguramente habrá otros textos con otro contenido diferente, pero no los he tenido a mi alcance. Si leemos confrontándonos a nosotros, será una buena revisión, hecha acompañados por el Hno. Carlos, de lo que es el “alma” del cristiano: la CONTEMPLACIÓN. Allí donde esté el cristiano y en las circunstancias que esté.

(Artículo de Manuel Hodar publicado en el Boletín “Iesus Cáritas” de Enero-febrero 1979).

Oriente-Occidente, un testimonio actual de vida eremítica

Siguiendo la tradición del P. Estanislao M. Llopart, monje ermitaño benedictino de Montserrat, desde el año 1977 la Comunitat de Jesús tiene acondicionados unos espacios un poco separados del núcleo urbano de Tarrés, (pequeño pueblo de la comarca de Las Garrigues, provincia de Lérida) destinados para retiros en soledad y silencio. El conjunto se denomina eremitorio de la Santa Cruz (en recuerdo de la ermita donde vivió el P. Estanislao en Montserrat) y comprende dos espacios, la ermita de este nombre y la de san Antonio del Desierto.

Entre los pocos objetos que tenía el P. Estanislao en su ermita de la Santa Cruz de Montserrat, donde vivió entre finales del los años 60 e inicios de los 70, recuerdo la fotografía del abrazo de Pablo VI y el Patriarca Atenágoras del 4 de enero de 1964 en Jerusalén. El ermitaño nos hablaba de su deseo de la unidad de las Iglesias. Con motivo de este encuentro decía: “Como otras veces desde hace mucho tiempo, ayer y hoy he renovado el ofrecimiento de mi vida anacorética por la Unión de las Iglesias”.
 
El nos transmitió su espíritu ecuménico, nos hizo amar la Iglesia de Oriente y venerar los iconos en nuestras capillas. Desde el año 2007, un buen amigo cristiano ortodoxo hace sus retiros periódicos de silencio en la ermita de la Santa Cruz en Tarrés. El espíritu ecuménico y el deseo la unidad de las Iglesias del P. Estanislao, se manifiesta después de muchos años, con este encuentro de comunión entre miembros de las Iglesias de Oriente y Occidente en la ermita de Tarrés.

A petición del Equipo de Redacción del Boletín, hemos hecho unas preguntas a este cristiano ortodoxo para que comparta su experiencia en Tarrés. Respetamos su deseo de quedar en el anonimato, quiere ser “un ermitaño ocasional de la ermita de la Santa Cruz de Tarrés, un cristiano embelesado por el Evangelio”, tal como se define a sí mismo. A todos los que lean su testimonio les desea: “Paz y bien”.
 
JOAN FIGUEROLA

Enlace a la entrevista publicada en el Boletín Iesus Caritas 179: